sábado, 1 de noviembre de 2025

Bienaventurados

"En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos".
En el día de todos los santos la liturgia nos lleva a meditar sobre las Bienaventuranzas, el tan famoso discurso de Jesús que, no siempre, queremos recordar o meditar en profundidad. No queremos hacerlo no sólo por lo que dice, porque a todos nos parece extraordinario el mensaje de las Bienaventuranzas, y, hasta para algunos algo muy como romántico o místico. Aunque cuando pensamos que esas Bienaventuranzas son para que las comencemos a vivir, es ahí cuando no nos parecen tan lindas.
Pero ¿por qué tiene que ser todo (perdonándome la expresión) todo lo que aparenta ser malo para la persona nos lleva ser bienaventurados?
En aquella época, supongo, que muchos que lo escuchaban habrán pensado lo mismo: si venimos aquí para que nos quite la pobreza, nos dé de comer, nos cure, etc., y nos dice que nada de eso, que por eso somos bienaventurados... ¿Qué podría haber dicho? ¡Conmigo se os van a quitar todas las pobrezas, los dolores, el hambre y vais a ser personas que no sufran nunca y no les falte de nada jamás! Esas son promesas vacías que hacen los políticos del mundo para conquistar adeptos. Jesús no quería conquistar adeptos, sino que quería traer un estilo de vida nuevo al mundo, el estilo de vida de los hijos de Dios.
Lo que Jesús pretendía hacer es darle un sentido a la fragilidad del hombre, darle un sentido a la debilidad humana, por eso lo primero que nos pide es la pobreza del espíritu, porque sólo con un espíritu pobre se puede entender el Camino de las Bienaventuranzas. Porque eso significa el Sermón de la montaña: un camino de santidad, que no quiere decir que si no lloramos tenemos que llorar, que si no nos persiguen tenemos que buscar perseguidores, sino que tenemos que afrontar las contradicciones de la vida con un sentido más profundo, porque es en esos momentos donde se descubrirá nuestra verdadera confianza en la Providencia del Padre, y en esos momentos es cuando nuestro espíritu se fortalecerá y podremos aceptar lo que el Padre nos pida o permita vivir.
Así, en tiempo de bonanza no podremos olvidarnos de volver la mirada y el corazón hacia el Padre, porque sabemos que sólo de Él viene todo lo que tenemos y lo que recibimos, para ser agradecidos y Fieles a la Vida que Él nos está regalando con su Gracia, con Su Espíritu. Ese es el camino de la santidad: aceptar con un espíritu pobre y generoso, y, sobre todo, bien dispuesto la Voluntad de Dios en todos los momentos de nuestra vida.

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