"Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano?
De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios, pues está escrito:
«Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios».
Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios".
A veces nos creemos con derecho de acusar, de difamar, de hablar en contra de mi hermano porque se me ocurre, porque me dijeron, porque me hizo esto, porque aquello... y no me doy cuenta el daño que estoy haciendo. Hay gente que me parece que no tiene conciencia del daño que está haciendo no sólo a una persona sino a muchas más. Nuestras lenguas son dagas afiladas que hieren más que cualquier otra arma mortal, sin embargo, para algunos, les parece que está bien hablar mal de la gente o sembrar cizaña sobre otras personas. Pareciera que esas personas no tienen conciencia de lo que hacen, o, mejor dicho no sé cómo pueden mirar a Jesús sabiendo el mal que están haciendo con sus lenguas, creyendo que tienen derecho de hacer lo que hacen sintiéndose atacadas por otros, y, lo peor mostrándose como víctimas de algo que no ha sucedido o si ha sucedido no le ha quitado ni la vida ni la fama.
Como dice san Pablo "todos compareceremos ante el tribunal de Dios" y ¿qué voy a decir? ¿Cómo voy a justificar todo lo que he dicho, lo que he insultado, lo que he difamado, el dolor que he causado con mis palabras o acciones?
Por otro lado Jesús nos dice: "todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas", o, en otro sentido no hagas a los demás lo que no te gustaría que hicieran contigo. O ¿cómo te sentirías si lo que tú dices de los demás lo dijeran de ti?
Por eso debemos recordar quienes somos: discípulos de Jesús que quieren vivir en el amor, buscando siempre el don de la paz y la alegría, y si alguien te hizo daño buscar el don de la reconciliación y si eres tú quien ha hecho daño buscar, también, el don del perdón. Pero, sobre todo, pedir el don de la humildad para reconocer los errores, para poder aceptar que nos hemos equivocado y así la Gracia del Señor volverá a nuestra vida y todo aquello que nos hizo pecar, por medio de la reconciliación y el pedido de perdón, volverá a encontrar el cauce de la paz y del amor porque la Gracia sana las heridas y nos devuelve la fortaleza para vivir según Cristo, porque "Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor".
jueves, 6 de noviembre de 2025
Tendremos que comparecer ante Dios
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