domingo, 2 de noviembre de 2025

La vida en el Cielo

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Varias veces he dicho que me parece raro, feo o no sé cómo decir que los cristianos cuando hablamos de nuestros seres queridos fallecidos digamos: "en el lugar dónde estés...", sin nombrar el Cielo, pues Cristo nos lo ha confirmado: Él ha ido a preparar un lugar. Ahora ¿no crees en el Cielo? ¿No crees que tu ser querido haya llegado al Cielo? ¿Crees que puede estar en el infierno o en el Purgatorio? Los cristianos no nos reencarnamos, no nos convertimos en ángeles, pájaros o vaya a saber qué cosa.
Por eso, a veces, no podemos llegar a vivir con esperanza, no digo con alegría porque al despedirnos de nuestros seres queridos no hay alegría sino tristeza, pero con esperanza de saber que vuelven a la Casa del Padre: "en la casa de mi padre hay muchas moradas", nos lo dice Jesús.
Esa esperanza no es sólo una mentira piadosa para dejarnos tranquilos, sino que es la Verdad que Dios, Jesús, nos ha comunicado para que "no se turbe" nuestro corazón. Una Esperanza cierta de que seguimos o volvemos a vivir en Dios, pues salimos de Dios y volvemos a Dios, por la Gracia del Hijo que entregó su Vida por nosotros y nos dio Su Espíritu para que siendo también hijos podamos participar de Su Vida aquí en la tierra y en el Cielo.
Por eso, no dejemos nunca de rezar por ellos, no porque lo necesiten, quizás sí para poder alcanzar la gloria los que todavía tenían alguna mancha de pecado, sino porque rezando por ellos, ellos rezan por nosotros y así estamos unidos, seguimos no sólo unidos por el amor que nos tuvimos en la tierra, sino que la oración nos une al Amor de Dios y a ellos en Dios.
Y, también, sabemos que cuando comenzamos a vivir en Dios porque hemos regresado a la Casa del Padre, ¡esa es la vida eterna! No vivimos porque alguien nos recuerde, sino vivimos porque el Padre nos ha dado la vida eterna por el Hijo, porque el Hijo resucitó para nuestra salvación, por eso, en la medida que nos mantenemos fieles a la Vida que nos dio el Hijo en el Espíritu, por esa razón volvemos a la Vida en la eternidad, y viviremos toda la eternidad en Dios.
Por eso damos gracias a Dios que por el Espíritu Santo nos hace parte de su Familia y nos regala el Don de la Vida aquí en la tierra y en el Cielo.

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