martes, 25 de noviembre de 2025

Prepardos para el final

Cada año cuando vamos finalizando el Tiempo Ordinario (litúrgico) las lecturas nos hablan de las profecías del final de los tiempos, de lo terrible que será o de lo que pasará cuando llegue ese final. Un final que no sabemos cuándo ni cómo ocurrirá pues lo que Jesús fue profetizando ha ido sucediendo a lo largo de la historia, y, aunque muchos quieran saber cuándo es el tiempo nadie lo puede predecir, ni siquiera el Hijo lo sabe, sólo el Padre.
Y, entonces, ¿qué sacamos de todo lo que Jesús nos ha dicho y de lo que las profecías hablan si no podemos predecir el día y la hora? Eso mismo, no sacamos ninguna fecha pero sí alguna conclusión.
El Padre no quiere que sepamos el día o la hora para que no estemos preocupados de lo que va a ocurrir, porque quiere que aprendamos a vivir en el presente y en el sentido que le demos a nuestra vida. O, mejor dicho, que busquemos un sentido para vivir el presente que se nos regala, para que así no estemos tan preocupados sino ocupados. Esa ocupación es la que nos ayudará a estar siempre preparados y prevenidos para cuando llegue la hora, y no sólo la hora del fin de los tiempos o del fin de nuestra vida terrenal, sino la hora en que el Padre nos quiera pedir algo extraordinario o que nos permita vivir algo que no teníamos pensado para nuestra vida.
El vivir en la confianza en la Providencia de Dios nos ayudará a estar siempre alertas para saber qué es lo que el Padre nos pida vivir, porque sabremos que lo que Él nos pide siempre será lo mejor para nuestras vidas y estará en ello la felicidad y la bienaventuranza anunciadas, que es lo que siempre esperamos y deseamos.
Por otro lado, cuando Jesús habla del Templo material, también se está refiriendo a nuestro cuerpo mortal como templo del Espíritu que habita en nosotros, por eso hoy nos invita a no buscar engalanar tanto nuestro cuerpo, es decir a no preocuparnos de si estamos jóvenes, si somos lindos, gordos, feos, delgados, si tenemos títulos, se tenemos bienes materiales, si nos engalanamos o... porque de todo eso no quedará nada, sólo seguirá viviendo el espíritu que el Padre nos regaló cuando nos llamó a la vida. Porque, no nos tenemos que olvidar, que somos espíritu y que nuestro cuerpo, con el tiempo, va perdiendo calidad, y, como dice san Pablo "cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día", y ese hombre interior es al que tenemos que cuidar, proteger, ayudar a madurar y vivir en la Gracia de Dios, para que siempre esté preparado y prevenido para lo que Dios quiera pedirle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.