«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
¡Cuánta razón! como siempre tiene Jesús: debemos temer de nosotros mismos, porque somos nosotros mismos quienes atentamos contra nuestra vida espiritual cuando nos dejamos llevar por tantas y tantas cosas. El ritmo de vida que llevamos desde hace mucho tiempo nos impide pensar adecuadamente, no nos deja tener tiempo para la reflexión, para la meditación, no sólo de la Palabra de Dios sino, sobre todo, de cómo estamos viviendo. Cada día nos exigimos más y más para poder tener más y más, sin darnos cuenta que cuanto más nos exigimos para tener menos somos, menos tenemos en nuestro interior, y, aunque "cumplamos con ritos" menos cerca estamos del Señor.
Cuando nuestra vida está embotada por todo lo que tenemos planeado hacer, por todo lo que aún nos falta por vivir, por todo lo que aún tenemos que conseguir... entonces no estamos ocupados de lo que tenemos que vivir, no estamos ocupados de lo que Dios quiere que vivamos, no estamos confiados en la Gracias y en la Providencia, no estamos disponibles para escuchar Su Voluntad.
Vamos viviendo, no a los tumbos, pero sí sin rumbo cierto y la vida, en realidad, es la que nos lleva por delante sin poder vivirla, aunque creamos, sinceramente, que somos nosotros quienes tenemos las riendas de nuestra vida. Sin embargo no es así. Vivimos embotados con el ruido del mundo, con las inquietudes de la vida y no dejamos que la Gracia entre en nuestra vida, sino que vivimos esforzándonos por conseguir lo que nunca tendremos porque lo que vamos consiguiendo es efímero y no llena la vida de plenitud porque todo lo que vamos adquiriendo pasa, como las modas, las ideologías, el espíritu del mundo.
No son pocos los que llegado el momento se dan cuenta del vacío existencial y no encuentran el camino o la forma de llenar de sentido sus vidas. Eso no ha de pasarnos a nosotros, por eso debemos detenernos frente al Señor de la Vida para que sea Él quien nos ayuda a encontrar el sentido de nuestras vidas, a descubrir el para qué y el por qué de tantas cosas para que, aceptando Su Voluntad, tengamos la Luz para alcanzar la Verdadera Vida que es Él mismo.
sábado, 29 de noviembre de 2025
Vivir embotados
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.