martes, 1 de octubre de 2019

Ser santos es nuestra misión

¡Cuántas cosas se unen en este día!
Santa Teresita de Lisieux o del Niño Jesús, es una santa que ha revolucionado la historia de la iglesia, y, por eso mismo, se la ha declarado Doctora de la Iglesia, y no porque haya estudiado mucho, sino porque comprendió el evangelio desde lo más profundo de la cruz y de la infancia espiritual. Teresita nos ha demostrado que no se necesitan demasiados estudios y conocimientos para alcanzar la santidad, para comprender y aceptar el Camino que Dios ha pensado para cada uno, sino que basta con tener el corazón dispuesto a renunciar a sí mismo y comenzar a gustar del Amor Verdadero, porque con el corazón disponible para Dios todo se alcanza.
Hoy, también, iniciamos un mes extraordinario para la Iglesia: el Mes Misionero Extraordinario, con el lema: Bautizados y enviados la iglesia de cristo en misión en el mundo. ¿Por qué esto? Porque nos habíamos olvidado, al parecer, de que Cristo nos envió al mundo para salvar al mundo. En el bautismo fuimos configurados con Cristo y revestidos del Espíritu Santo para poder llevar, como verdaderos apóstoles, la Buena Noticia de la Salvación a todos los hombres hasta los confines de la tierra. Pero eso no es sólo una misión para algunos, sino para toda la Iglesia, desde el Papa hasta el último bautizado.
Si unimos este deseo de Dios, que nos transmite por medio del Papa Francisco, y lo unimos a lo que Dios nos ha querido mostrar con la vida de Tereista, vamos a descubrir que es cierto: todos estamos llamados a la santidad, porque la santidad es el único camino y medio para mostrar al mundo el verdadero rostro de Dios, en la vida de sus hijos. No importa quién eres, no importa dónde has nacido, no importa si has estudiado o no lo has podido hacer, no importa si eres varón o mujer, no importa si eres cura o monja o consagrado o soltero o casado o viudo, lo que importa es que has recibido el Espíritu Santo y se te ha concedido una misión.
Esa misión es la que tenemos que descubrir, cada uno, en la relación personal y profunda con el Padre Dios, como hizo Teresita, desde la profundidad del diálogo silencioso con el Padre saber esperar el momento para discernir, desde la Palabra y la oración, cuál es la misión para mí. En el corazón, seguramente, habrán muchos deseos de hacer muchas cosas y, también, de no hacer nada. Por eso mismo tengo que dejarme conducir por Su Mano para poder encontrar la Luz del Espíritu que me ayude a discernir cuál es mi vocación.
Santa Teresita después de mucho estar en Dios, pudo encontrar su lugar: en el corazón de la Iglesia, mi madre, seré el Amor. Y lo fue porque su amor llegó hasta el corazón de la Madre y por la Madre fue llegando a los hijos. Un Amor que es Verdadero impulso para la misión, pues sin amor nada soy, dice san Pablo.
Hoy, al comenzar este Mes Misionero Extraordinario pidámosle a Santa Teresita que nos ayude, con el ejemplo de su vida, a buscar nuestro propio camino de santidad, y a llevar a todo el mundo la alegría de ser hijos de Dios.

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