"En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos".
Cuando en el Credo decimos: creo en la comunión de los santos, estamos hablando de esto: que todo lo que hagamos bueno o malo repercute en los demás, estamos todos unidos por un mismo espíritu y por eso, sobre todo desde el bautismo, nuestra vida y nuestros actos están unidos a todos nuestros hermanos en la fe. Somos una gran cadena del Espíritu que nos ayuda a vivir en la Gracia, y a buscar, desde la oración y el sacrificio, la santificación de todo el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
Por eso mismo la vida comunitaria es el mejor vínculo para llevar a cabo la "comunión de los santos", porque no sólo se refiere a que estamos en comunión con los que ya no están, sino que tenemos que estar en comunión con los que compartimos la misma fe, los que hemos sido santificados por el Espíritu Santo que se nos ha dado el día de nuestro bautismo.
Así la vida comunitaria es un Don que el Señor nos ha regalado y un Don que tenemos que cultivarlo contínuamente para que nos ayude a crecer en santidad. También es cierto que es un Don que conlleva una gran responsabilidad pues debe manifestar aquello que nos dijo el mismo Jesús: "en esto conoceréis que sois mis discípulos: en la medida que se amen unos a otros". Y es el Amor (y sí, otra vez) el único referente de nuestra Vida en Cristo, pero un Amor que se manifiesta en comunidad, con todos los que formamos el Cuerpo de Cristo: nuestra comunidad: familia, parroquia, ciudad..., desde la más pequeña a la más grande.
Por eso, también es cierto, que es lo que más nos va a costaar cultivar, porque Satanás siempre estará atento para que no podamos llegar a amarnos como Jesús nos amó, pues siempre estará incitando a algunos a hablar mal de los otros, a buscar siempre la paja en el ojo ajeno, a sembrar cizaña en los corazones, y a no permitir que realicemos lo que tanto queremos: la comunidad.
Por eso mismo el Señor siempre nos quiere mantener atentos y vigilantes:
"Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame".
No sólo estar atentos por que llegará el día en que Él nos venga a buscar, sino también, porque todos los días recibimos las tentaciones para destruir lo que Él sembró y quiere cosechar.
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