domingo, 27 de octubre de 2019

Bullyng espiritual

"En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás..."
Hoy en día es algo muy común despreciar a los demás, se ha hecho algo muy normal y, muchas veces hasta lógico. Sí, aunque haya grandes actividades para desterrar de nuestra sociedad el bullyng, pero que, en realidad, es lo que los más pequeños han aprendido de los mayores: el desprecio por los que no son como ellos, lo que les da derecho a la burla, el chiste, el juzgar y el condenar.
El ejmplo que Jesús nos pone en la parábola, del fariseo y del publicano, es lo que vemos todos los días, más en los tiempos que vivimos, de las elecciones, donde cada uno intenta desautorizar al otro a base de, quizás, verdades, o mentiras. Pero, de un modo o de otro, se intenta dejar "por el suelo" a quien considero mi adversario. Y eso es una "ley" ya aprobada por casi toda la sociedad.
El fariseo había aprendido que tenía que ser bueno, que tenía que cumplir con lo que la ley le decía, y lo hacía, y eso está bien. Pero no por creer que soy bueno y cumplir con lo que debo, puedo ponerme al lado del otro y decir que el otro es malo porque no vive como yo.
Además, en esta realidad tenemos que mirar que, a la vanidad, se le une el apetito de poder, porque, en definitiva, quiero poder ser más que los demás y eso es para agrandar mi orgullo, y creerme mejor porque sé juzgar bien a los demás. Lo cual se une a un desprecio por, vuelvo a repetir, los que no son como yo, que soy tan bueno y sé hacer tan bien las cosas.
Por eso, Dios, por medio de san Pablo, nos llama a considerar que todos tenemos un combate que realizar, un combate frente a nuestra humanidad que "no nos deja hacer el bien que debemos, sino que nos lleva a hacer el mal que queremos". Claro que, como decimos muchas veces, "lo hago inconscientemente". Y, por eso mismo, tenemos que traer a nuestra consciencia nuestro mal actuar, para poder actuar mejor.
La espina que el pecado ha dejado en nosotros es la que tenemos que reconocer para saber cómo actuar, cómo defendernos ante el pecado que acecha en nuestro interior. Decía anoche, cuando la analítica me dice que soy diabético, entonces tengo que cuidarme del azúcar si no quiero perjudicar mi salud. Si lo llevamos al orden espiritual, tengo que saber cuáles son mis pecaados más recurrentes para saber cómo actuar cuando esté por cometerlos, porque si los cometo daño mi salud espiritual. Y ahí tengo bastante para luchar conmigo mismo, y no me dará tiempo para ir buscando la paja en el ojo ajeno.

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