domingo, 20 de octubre de 2019

Encontrará fe?

"Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante el día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Creo que en otras palabras se podría deccir: si le das a tu hijo todo lo que quiere en todo momento ¿educarás bien a tu hijo? ¿Harás de tu hijo un hombre obediente? O ¿sólo harás un niño malcriado que cree que lo puede tener todo sólo con pedirlo? Y ¿qué pasará el día que no puedas darle lo que pide? ¿Qué pasará el día que le tengas que pedir algo que él no quiera hacer, lo hará?
Hemos visto, muchas veces, y, quizás nos haya pasado a nosotros mismos, que hemos escuchado que tal santo o que tal oración lograban milagros. Y en momentos de cruz u oscuridad, nos hemos puesto manos a la obra con tal novena o hemos ido a ver a tal santo. Pero no ocurrió el milagro como queríamos. Y ahí fue el momento en donde nuestra fe decayó. Y, para mucha gente, ese momento fue el detonante para dejar de creer o para declarar que Dios no existe.
¿Dios tiene que hacer todos los milagros que yo le pida? ¿Dios tiene que estar a mi disposición para que a mí no me pase nada? La fe no es la tarjeta de crédito para ir a comprar lo que quiero a un supermercado. La fe es la fuerza que el Señor me ha regalado para poder caminar en la oscuridad, para mantenerme en pie ante el peso de la Cruz, para mirar hacia adelante y siempre ver con esperanza el futuro que me espera vivir. La fe no es para que en la vida no me ocurra nada malo, y todo me vaya bien.
Lamentablemente nuestra vida es finita, tiene un comienzo y un final, pero sólo para la vida terrena. La Fe nos ayuda a saber que nuestra vida no termina en el sepulcro sino que se transforma y pasamos a gozar de la eternidad en Dios. Por eso nada de lo que aquí nos ocurra nos debería quitar la Luz de la eternidad que brilla en nuestra corazón. Pero es algo que, día a día, tenemos que ir madurando a través de una relación filial con nuestro Padre Dios.
¿Dios hay días que me escucha y días que no me escucha? Incluso, dice algunos: Dios no me escucha nunca. Y no es verdad, Dios es un Padre amoroso que siempre está atento a nuestra voz, pero también es un Padre Justo y Pedagogo, que no malcría, sino que nos ayuda a encontrar un sentido y una salida a lo que vamos viviendo. Por eso nos ha dado las Escrituras y le don de la oración, para encontrar esa Luz y ese Camino que nos lleven a discernir y a vivir con confianza en cada momento de la vida.

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