"Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve?
Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia".
Aguardar con perseverancia ¡qué difícil! En los tiempos que vivimos, tener que esperar algo nos produce ansiedad, porque la mayoría de las cosas las obtenemos cuando queremos y en el momento que deseamos, más ahora con Amazon y cualquier otra aplicación, podemos pedir las cosas y llegan al otro día o a los dos días, cuanto mucho. Y lo mismo sucede con los supermercados que atienden "on line", podemos hacer el pedido por internet sin tener que movernos de casa. Pero, también es cierto que con internet se nos van perdiendo los contactos con las personas, el gusto de ir por las góndolas o estanterías revisando y mirando todo lo que hay, y comprar lo que no necesitamos, hablar con la vecina o saludos a alguien que no sabs quién es pero que crees conocer...
Pero, volvamos a la perseverancia de la que nos habla Pablo. No siempre, en la vida espiritual obtenemos lo que queremos en el momento que quermos. No tenemos una línea directa con el creador para que nos mande lo que queremos en el momento que lo necesitamos. O mejor dicho, sí tenemos una línea directa con el Padre, pero no simepre nos manda lo que queremos cuando queremos, sino que nos lo envía cuando lo necesitamos verdaderamente, y cuando sabe que realmente lo vamos a utilizar como corresponder.
No le gusta a nuestro Padre darnos cosas que vamos a guardar y no vamos a utilizar. Por eso, nos dice Jesús, que la fe es como un granito de mostaza, algo tan pequeñito que ni siquiera se ve, o que se puede perder en cualquier momento, como aquellas cosas que nos han regalado y no sabemos dónde la hemos puesto, y cuando la necesitamos tenemos tenemos que revolver toda la casa para encontrarla.
Y, también, la fe es algo que no vemos, como la esperanza. Creemos en lo que no vemos y esperamos en lo que no vemos, pero nos bata la Fe, repetimos muchas veces, aunque, en realidad no creamos que nos basta la fe, porque cuando realmente tenemos que aceptar lo que el Padre nos pide o lo que el Padre no nos da, nos sumimos en la tristeza de no saber si creer o no en Dios.
La ansiedad en la que estamos sumidos sin saberlo, es la ansiedad que no nos deja esperar con perseverancia, o que no nos deja creer con confianza. Si superásemos la ansiedad del mundo veremos cómo la fe y la esperanza dan un brillo nuevo a nuestra vida, y con confianza y perseverancia podemos alcanzar lo que el Padre espera de nosotros, y lo que la creación toda espera de cada uno de los hijos de Dios.
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