jueves, 10 de octubre de 2019

Aprender a pedir

Dios, hablando por el profeta Malaquías, nos dice:
"Levantáis la voz contra mí, dice el Señor.
Decís: «En qué levantamos la voz contra ti?».
En que decís:
«Pura nada, el temor debido al Señor. ¿Qué sacamos con guardar sus mandatos, haciendo duelo ante el Señor del universo?; Al contrario, los orgullosos son los afortunados; prosperan los malhechores, tientan a Dios, y salen airosos».
¿Somos quejosos o quejicas? Sí, nos quejamos más de lo que hacemos, y, muchas veces, nuestras quejas van en ese sentido que dice el profeta: los malos tienen mejor suerte que los buenos. O por lo menos es lo que pensamos siempre. ¿Por qué los buenos tienen que sufrir más que los malos? ¿Por qué siempre tienen que pagar los buenos por las cosas que hacen los malos? ¿Por qué (terminamos pensando o diciendo) Dios es tan injusto?
Nos sumamos o nos dejamos influir, por el pensar del mundo, cuando no sabemos poner un límite a nuestros razonamientos, o a las influencias que nos hacen los pensamientos negativos acerca del proceder de Dios, que, en definitiva, es el actuar del hombre. Sí, el actuar del hombre, porque es el hombre quien ha recibido el don de la libertad para actuar, pero no siempre la utiliza del modo más adecuado, y, al final de su actuar, hay muchos inocentes que terminan pagando el actuar de los que abusan de su libertad.
Pero, en ese actuar, también, en un ataque de dolor o en una noche de oscuridad, nos dejamos llevar por esos mismos pensamientos, y no nos damos cuenta que vamos poniendo obstáculos en nuestra relación con Dios, con nuestro Padre. Por que, otra cosa que se nos cuela entre esos comentarios es que "Dios nunca nos escucha", "siempre pedimos y no nos hace caso". Y ahí es cuando Dios nos contesta, y nos dice: ¿sabeís pedir bien? Y nosotros le decimos: pero si nos has dicho que "todo el que pide recibe y al que llama se le abre..." Y el Señor nos contestará: ¿llegaste al final de la parábola?
Sí, porque en el final de la parábola está la fórmula mágica para saber pedir y recibir: "Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se le piden?".
Hoy en día estamos acostumbrados a que todo el que pide obtiene lo que pide, incluso los hijos pequeños están llenos de cosas innecesarias, pero como las han pedido las tienen. Y nosotros creemos que porque le damos todos los gustos y caprichos somos buenos, y no es así. Como adultos y padres debemos saber qué cosas darles a los hijos. Y, por eso, el Padre Celestial sabe qué es lo mejor que nos puede dar, si se lo pedimos, cosa que no siempre hacemos: El Espíritu Santo.
Dice san Pablo: "no recbís porque no sabeis pedir" " el Espíritu Santo que habita en nosotros es quien sabe lo que debemos pedir".
Aprendamos a pedir. Aprendamos a escuchar. Aprendamos a recibir.

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