Los "ayes" de Jesús hacia los fariseos y los maestros de la ley, no son sólo acusaciones hacia ellos (que sí lo son) sino también lamentaciones de un Dios que, habiendo elegido a un Pueblo para sí, para que propagase un Camino de Vida, se dejó llevar por el pecado y fue "prostituyendo" una Ley de Vida, porque fue cambiando su esencia con las prescripciones que se fueron dando después, de modo que al cumplir sus prescipciones anulaban la Ley y los Profetas.
Y así se quiere hacer hoy con el Evangelio: se quiere ir modificando, de acuerdo al correr de los tiempos del mundo, para (como dicen algunos) que haya más gente en las iglesias, pero dejando de lado lo esencial de nuestra fe.
¿Será acaso que tenemos que dejar de creer que la Palabra del Evangelio es Palabra de Dios? ¿Si realmente es Palabra de Dios, quién puede modificarla: un hombre?
"Por eso dijo la Sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirá”; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario".
Hoy, en algunos países se quiere silenciar el evangelio matando cristianos, y esa es una realidad que no podemos dejar de pensar y, sobre todo, de rezar por aquellos hermanos que entregan su vida por defender el Evangelio. Y es una realidad que nos llama a nosotros a examinar nuestro modo de fidelidad al Evangelio. Porque, en realidad no matamos a los profetas, pero los silenciamos con nuestras faltas, con nuestra falta de compromiso con la Verdad, con el Evangelio. Los silenciamos con nuestra incoherencia diaria en decir que somos cristianos pero no vivimos como Cristo, pues nos dejamos llevar por el qué dirán, por la moda, por las ideas del mundo, sin tener en cuenta cuál es la Voluntad de Dios para mi vida, ni siquiera me examino de acuerdo a los mandamientos, ni tan sólo al mandamiento del Amor.
El otro día me pareció exagerado, pero después caí en la cuenta y me lo pregunto ¿cuántas familias cristianas estarán preparando sus casas para celebrar el Hallowen, la fiesta de las brujas? Y eso es sólo un detalle de nuestra falta de confianza en el cristianismo, en nuestra fe.
Porque son mis obras las que manifiestan mi fe, y si mis obras dicen tal cosa ¿puedo decir que estoy viviendo otra cosa?
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