sábado, 12 de octubre de 2019

El Pilar de nuestra fe

"Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
No quiso Jesús que la bienaventuranza de María quedara sólo en un hecho físico, como el de ser madre, pues engendrar es un acto que cualquier mujer lo puede hacer, sino que quiso engrandecer a María porque Ella fue la Esclava del Señor, quien escuchando La Palabra obró en consecuencia.
Las palabras de María en el momento de su concepción virginal, no fueron palabras vacías y menos palabras sin consecuencias directas sobre su vida, pues en todo momento, desde Nazaret hasta el Calvariio se mantuvo fiel a la Voluntad de Dios.
Hoy nos toca a nosotros revisar nuestras vidas a la luz de la vida de María, pues Ella nos invita a hacer que nuestras palabras sean verdadera y lleven en sí un deseo constante de fidelidad a la Voluntad de Dios, pues, muchas veces, hablamos, simplemente porque tenemos esa capacidad, pero no pensamos cuando hablamos y por eso herimos, dañamos...
Y menos aún, en el algunos casos, nuestras palabras no expresan nuestro ser hijos de Dios, sino que sólo quieren "quedar bien" con el mundo en el que vivimos, y no son Luz para iluminar las oscuridades del pecado. Es cierto que nuestras palabras no tienen que ser de condena a los hombres, pero sí que, de acuerdo al Evangelio, tienen que ayudar a encontrar el Camino de la Salvación.
María desde el Pilar de Zaragoza ayudó a Santiago a encontrar la fortaleza necesaria para seguir con el mandato de Jesús: Id y enseñad todo lo que yo os he mandado, y así lo hizo. Y es así como hoy, María, una vez más nos ayuda a tomar fuerza en la Palabra, en la Eucaristía, para que seamos misioneros de la Palabra de Dios, con nuestra vida, con nuestros actos, con nuestra voz.
Cada uno desde su propio lugar ha de ser portador de la Buena Noticia de la Salvación, una Buena Nueva que tiene que traer la paz, la armonia, el respeto, la tolerancia, la justicia, la verdad, la fraternidad, para que verdaderamente seamos instrumentos de paz en un mundo dividio por ideología que no nos llevan a respetarnos ni a querernos como hermanos.

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