sábado, 18 de mayo de 2019

Muestranos al Padre

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Hay un valor humano que es la magnanimidad (sí, complicado de pronunciar) peroo es un hermoso valor que nos ayuda a aspirar no sólo a lo grande sino a lo más grande, es lo que siempre nos está impulsando a mejorar, a hacer mejores cosas, mejores personas. Bueno, salvo los casos en que se nace gandules (perezosos) y sin ánimos de hacer esfuerzos por nada, pero bueno... son casos raros.
Cuando la magnanimidad la usamos para crecer, en nuestro caso de cristianos, no sólo aspiramos a ser buenos, sino a ser santos. Y aquí me acuerdo de una frase de un libro, en el que el padre le decía a su hijo cuando se decide a ser sacerdote: no quiero que seas buen sacerdote, sino un santo sacerdote. Y así tenemos que pensar o, mejor dicho, tendríamos que pensar los cristianos, no en ser buenos cristianos, sino en ser santos porque nuestro Padre Dios es Santo, como nos dijo Jesús.
Y por eso valor de la magnanimidad es que Felipe no sólo quería conocer a Jesús, sino que también quería conocer al Padre Dios, un pedido que le salió de muy dentro del alma y de, también, de la curiosidad. "Muéstranos al Padre", y Jesús le dijo:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mi, hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mi. Si no, creed a las obras".
Nosotros ya lo sabemos, por el misterio de la Santísima Trinidad que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, son un sólo Dios en tres personas, pero ¡qué lindo sería conocer al Padre! Y por eso necesitamos cada día más "adentrarnos" en la vida del Hijo, conociéndo mejor al Hijo, por la Gracia del Espíritu Santo, conoceremos al Padre. Pero ¿para qué quiero conocer al Padre? ¿No nos basta saber que el Hijo y el Padre son una misa cosa? ¿No nos basta saber que las Palabras del Hijo son las Palabras del Padre? ¿Que si le obedecemos al Hijo le estamos obedeciendo al Padre?
Si hacemos nuestra la Vida del Hijo, entonces también nosotros podremos mostrar el rostro del Hijo y del Padre a aquellos que lo buscan y no lo encuentran, que lo desean y no lo conocen, porque en los hijos tiene que verse reflejado no sólo el rostro, sino las Obras del Padre y del Hijo.

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