Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».
¿Cómo podemos saber el camino? Creo que también es una pregunta que nosotros nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida, o, por lo menos, tendríamos que hacérnosla en algún momento. ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? ¿Hacia adónde vamos? Por que si no respondemos a esas preguntas ¿cómo vamos a saber si vamos caminando bien? ¿Cómo encontrar el sentido de nuestras vidas si no nos preguntamos hacia dónde vamos?
Hoy, más que nunca, vemos por la calle gente que camina sin rumbo, que no sabe hacia dónde va, e, incluso, gente que va probando todos los caminos alternativos que surgen en la vida, pero sin saber cuál es el que tiene que tomar o cuál es el que le lleva al lugar donde quiere ir, porque tampoco sabe a dónde quiere ir.
Nosotros sabemos que nuestro Camino es Jesús, pero ¿nos lo hemos preguntado? ¿Hemos sabido cuestionarnos verdaderamente sobre si queremos seguir ese Camino? Porque no siempre caminamos sobre sus huellas, no siempre lo tenemos en el horizonte de nuestras vidas, porque si miramos a nuestro alrededor vamos a ver que no siempre estamos donde Jesús querría estar, no siempre hacemos lo que haría Jesús, no siempre hablamos como lo haría Jesús. No siempre nuestra vida es como la de Jesús.
Incluso, me atrevería a decir, que no siempre hacemos el camino de Jesús, sino que, como aquellos que no tienen fe, recorrermos otros caminos buscando otras experiencias que nos den las respuestas que Jesús ya nos ha dado.
Es claro que no siempre queremos encontrarnos con Jesús, porque Él es Verdad. Al encontrarnos con Él nos haría ver que no estamos viviendo en la Verdad, que al desviarnos por nuestra cuenta y riesgo del Camino, nos estamos mintiendo porque no es ese el Camino a recorrer, no son esos los pasos que tengo que dar, y siento la dezasón de haber caminado en vano, de no haber recibido nada porque todo lo hice por mi cuenta. Y así, por ese camino que no es el míio voy perdiendo Vida, voy perdiendo la Gracia que había en cada paso del Verdadero Camino que conduce a la Vida, porque cuando voy sobre las huellas de Jesús entonces es Él quien acompaña, es Él quien fortalece, es Él quien consuela, es Él quien me da la Gracia para levantarme si me caigo, para sostenerme si tropiezo, para que con su fuerza pueda seguir adelante aunque me cueste, aunque el dolor de la obediencia sea muy duro, pero siempre estará Él porque voy sobre sus huellas, sobre sus pasos.
¿Cómo podré saber cuál es mi Camino? Jesús es mi Camino, es el sentido de mi vida que me conduce a la Vida. Por eso siendo Fiel a la Vida encontraré, cada día, los pasos sobre los cuales la alcanzaré.
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