De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.
El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. ¿Quién será capaz
de explicar debidamente el vínculo que la caridad divina establece? ¿Quién podrá
dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas
alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de
los pecados, la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada
sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve
discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su
perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la
caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor
Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su
carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas.
Ya veis, amados hermanos, cuán grande y admirable es la caridad y cómo es
inenarrable su perfección. Nadie es capaz de practicarla adecuadamente, si Dios
no le otorga este don. Oremos, por tanto, e imploremos la misericordia divina,
para que sepamos practicar sin tacha la caridad, libres de toda parcialidad
humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días,
han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en la caridad
obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la visita
del reino de Cristo. Porque está escrito: Anda, pueblo mío, entra en
los aposentos y cierra la puerta por dentro; escóndete un breve instante
mientras pasa la cólera; y me acordaré del día bueno y os haré salir de vuestros
sepulcros.
Dichosos nosotros, amados hermanos, si cumplimos los mandatos del Señor en la
concordia de la caridad, porque esta caridad nos obtendrá el perdón de los pecados.
Está escrito: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han
sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y
en cuyo espíritu no hay falsedad. Esta proclamación de felicidad atañe a los que,
por Jesucristo nuestro Señor, han sido elegidos por Dios, al cual sea la gloria
por los siglos de los siglos. Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.