Noche de Reyes, día de Reyes de Magos. Todo un mundo que gira alrededor de una manifestación de Dios al mundo. Todo un mundo que gira alrededor de una hermosa esperanza y de una alegría contagiosa que llena el espacio de espíritu navideño, aunque en algunos lugares quieran separar a los Reyes Magos de la Navidad, pero eso no será nunca posible.
¿Cuando fue el momento en que dejamos de creer en los Reyes Magos? Fue el momento en que comenzamos a creer que ya éramos grandes para poder confiar en fantasías, para seguir esperando algo que sabíamos que quizás llegaría y que quizás no, porque ya no éramos niños para seguir esperando. Y así se fue perdiendo algo tan hermoso y tan especial en nuestra vida de fe: la capacidad de dejarnos asombrar y la capacidad de alegrarnos por los pequeños gestos del amor de Dios y de nuestros seres queridos.
El espíritu de niños nos ayuda a permanecer expectantes ante lo que no conocemos pero esperamos, nos ayuda a esperar en las Promesas, nos ayuda a creer en las promesas. Nos fuimos haciendo grandes y dejamos de creer en las promesas, incluso, para algunos se hace cierto aquello de "cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro", creyendo que la felicidad la encontraré en ellos y no en mis hermanos.
Pero llegan días como estos en donde nos hacemos artíficees del espíritu de niños, porque sin ser niños construimos una Promesa, fabricamos esperanza y nos hacemos cómplices de una realidad que llega y cala en nuestros corazones para que la ilusión y el asombro de los más pequeños no se pierda nunca. Y es esa ilusión la que no se tiene que perder nunca en nosotros, es ese canto a la esperanza de un mundo maravilloso donde la alegría y la esperanza la podamos seguir construyendo juntos, donde el gozo por saber que las promesas se cumplen nos ayude para volver a creer.
Los Magos de Oriente usaron de su inteligencia para descubrir en la naturaleza un mensaje de Dios: leyeron en las estrellas que el Rey de los judíos iba a nacer, y no dudaron en ponerse en camino. Nosotros podemos leer, muchas veces, en la misma naturaleza muchos mensajes del Amor de Dios hacia nosotros, podemos leeer en los pequeños gestos de nuestros hermanos muchos mensajes de cariño y gratitud, pero como estamos tan ocupados siendo adultos sólo esperamos grandes señales y grandes gestos, y nos vamos perdiendo de esas pequeñas alegrías de todos los días, de esas pequeñas manifestaciones de amor que nos pueden llenar de gozo el corazón.
Así que en estos días preparamos el ambiente para llenar de espíritu de alegría, de esperanza y de paz también hagamos lo mismo, cada día, por los que queremos porque si nos unimos para hacer de cada día una navidad y una manfiestación del amor, entonces todo cambiará. Porque nos necesitamos a los Magos de Oriente para llenarnos de amor y paz, sino que nosotros lo podemos seguir construyendo cada día, porque ellos fueron a adorar al Niño y nosotros podemos encontrarnos todos los días con el Niño-Dios que se ha quedado en la Eucaristía y quiere habitar en nuestro corazón.
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