martes, 1 de enero de 2019

Un nuevo día, un nuevo año...

Para comenzar un nuevo año bendigamos al Señor y a nuestra familia. Por eso la liturgia nos ofrece esta lectura:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con que bendeciréis a los hijos de Israel:
"El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz."
Ni la bendición es mágica, ni el número del año nuevo tiene magia, sino que la magia la hacemos cada uno de nosotros cuando comenzamos el día, cuando nos reconocemos artífices de nuestro día a día, y de nuestra vida. Como decía alguien en una película: "no seas la amiga de la protagonista, sino sé tú misma la protagonista de tu película". Por eso no esperemos que el año nuevo nos traiga todo hecho, sino que comencemos a construir algo nuevo con la sabiduría que nos han dado los años anteriores.
Pero también hoy es el día de Santa María, Madre de Dios. Y Ella nos enseña una primera virtud para ir practicando en este primer día (aunque algunos no van a poder practicar nada jajaja por el sueño que tengan, pero será mañana) que es la que san Lucas refiere varias veces a María:
"María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
La sabiduría la conseguimos meditando y reflexionando, viviendo no sólo para afuera sino también para adentro, y sobre todo dejando tiempo para que las cosas nos vayan hablando al corazón, y con la ayuda del Espíritu Santo nos puedan ayudar a descubrir y discernir la Voluntad de Dios para nuestras vidas. Acordémonos que una cosa que hemos pensado en este año que pasó es que se nos pasaron los días muy rápidos y pareciera que no pudimos disfrutar de lo que tenemos, sino que nos pasamos el año haciendo más cosas y disfrutando menos de lo que hemos conseguido y, sobre todo, no gustando de los afectos que tenemos en nuestra familia. Por eso es bueno detenernos en el tiempo para saborear lo que Dios nos va regalando cada día, y eso también nos ayudará a crecer en sabiduría.
Y, también, como último dato hoy es el día en el Papa nos pide rezar por la Paz. Este año su pedido es especial y su intención aún más:
"La buena política está al servicio de la paz", y finaliza su discurso diciendo:
"La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:
— la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre...; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
— la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.
La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

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