Dice san Juan en su carta:
"Si aceptamos el testimonio humano, mayor es el testimonio de Dios. Pues este es el testimonio de Dios, que ha dado testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo".
¿Cuántas cosas creemos de nuestra fe y cuántas cosas creemos del mundo? ¿Qué quiere decir esto? Voy a poner ejemplos: creemos en los horóscopos, creemos en los que tiran las cartas, en los que leen las manos, en los que leen la borra del café, en la reencarnación, en... pero nos cuesta confiar en la Providencia de Dios, no creemos en la Eucaristía (porque si creyéramos iríamos más seguido a Misa), no creemos en el poder de la oración...
Cuando se cree en las cosas humanas es porque no se tiene confianza en la cosas divinas, en las cosas espirituales. Si reallmente creyéramos en lo que decimos creer (Credo) y en la Palabra de Dios, entonces nuestra vida sería más cristiana, pero siempre dejamos un lugar para "algo nuevo" que pueda salir, pues me convencen más los falsos profetas que la Palabra de Dios.
Claro está que no voy detrás de las cosas humanas porque reniegue de Dios, no digo eso. Lo que digo es lo que dice san Juan en su carta: "no hemos creído en el testimonio de Dios", porque aún seguimos buscando respuestas a muchas cosas, sobre todo al futuro, en lugares donde no está, sino que todo está en el Corazón de Dios, y Él, por su Hijo nos ha dicho: "cada día tiene su propio afán", no te aflijas por el mañana, ocúpate del hoy, y de la Fidelidad a la Palabra de Dios, la fidelidad a los que crees y todo vendrá por añadidura.
Por eso mismo decía el Señor en otra parte: "no se puede servir a dos señores, porque se amará a uno y se aborrecerá al otro", o "estaís conmigo o contra mí, o recoges conmigo o desparramas". Porque somos nosotros mismos los que damos un testimonio equívoco, porque decimos: "Creo en Dios Padre Todopoderoso creador de Cielo y Tierra", pero finalmente a la hora de tener que dejar mis cosas en sus Manos, no... prefiero ser yo mismo quien hace todo, o cuando viene una cruz que no me gusta me desespero, me quiebro y hasta dejo de creer. O, por el contrario comienzo a dejar las cosas en manos de Buda, de los dioses egipcios, de estos y de los otros... como dice algún refrán popular: le enciendo a cada santo una vela y al diablo el candelero... por las dudas.
Nuestra Fe tiene que estar firmentente acentada en la Roca Sólida que es Cristo, por eso necesitamos, cada día, ir a su Encuentro. Así como relata el Evangelio acerca de Jesús:
"Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración".
Constantemente hacía eso: retirarse a orar, porque sabía que su humanidad podía no llevarlo por el camino de la Voluntad del Padre, y para estar en perfecta relación con el Padre necesitaba la oración. Si eso lo hacía Jesús que es Dios ¡cuánto más nosotros que somos tan humanos? debemos seguir su ejemplo para que nuestro ser hijo de Dios no desaparezca con tantas otras creencias que andan dando vuelta a nuestro alrededor.
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