Tenemos siempre un ojo bien dispuesto para descubrir el error, el mal,
el pecado, "la paja" en la vida de los demás. Y nos resulta, como lo
hacían los fariseos, casi gratificante poner en evidencia los defectos
de los demás, y, si lo puedo hacer trascender a los vecinos, mucho
mejor.
Es natural y lógico, siempre tenemos esa capacidad, lo que no
quiere decir que eso sea lo mejor, ni mucho menos. Porque sabemos que
la capacidad de juzgar y discernir es propia de los humanos, pero ¿como utilizo esa capacidad? ¿La utiizo para ayudar a crecer a mi hermano o la utilizo para "ensuciar" a mi hermano?
Por eso Jesús nos decía, o mejor, le decía a quienes vinieron a
preguntarle el por qué hacían algo que, para ellos no estaba bien:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:
«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está
con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque
la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los
odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».
¿Qué nos dice esto a nosotros? ¿Habla de nosotros mismos? ¿Habla de los tiempos que vivimos?
Habla de las dos cosas, de nosotros y del tiempo. Habla de nosotros
porque nos acostumbramos a "hacer viejas todas las cosas" porque no nos
ponemos a mirar nuestra vida desde Dios, y caemos en la rutina del "se
hizo así", "soy así...", "no puedo cambiar"... frases muy viejas y que
sólo sirven para excusarme ante la pereza de ponerme a ver la vida desde
Dios: ¿qué me pide el Señor en este momento de mi vida?
Habla del
tiempo que vivimos, porque son tiempos nuevos, cada día es un día nuevo,
y el tiempo que estamos viviendo es totalmente diferente a otros
tiempos, pero hay algo que sigue igual: el pecado del hombre. Y es ese
pecado al que tengo que despejar del mundo, con la Luz de Cristo, con la
Vida de Cristo. Y ahí sí vale lo de "hagamos lo de siempre", pero ¿que
es lo de siempre? Sí, seamos originales: es decir volvamos a vivir el
evangelio como lo vivieron las primeras comunidades cristianas, como
dice Hechos: "los paganos los miraban y decían: ¡mirad cómo se aman! y
Dios enviaba a esas comunidades a los que debían salvarse".
En lo personal y comunitario seamos originales: vivamos el Evangelio con todas sus consecuencias.
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