"Contestó Juan (el Bautista):
«Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él." El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar».
¡Cuánta claridad que tenía Juan! Realmente en las obras y en las palabras uno puede percibir quién es del Espíritu y quien no. Además, Juan Bautista, vive en una real conciencia de sí misma que no deja que nada, ni nadie le haga "crecer en vanidad" por lo que hace, ni tan siquiera creerse más que "el que ha de venir".
Estas son dos virtudes que las da el Espíritu a los que se esfuerzan para trabajar su propio espíritu por medio de la oración, de las ascesis y de la entrega cotidiana. La oración nos ayuda a ponernos en relación con Dios y recibir de Él la Gracia para comprender cuál es Su Voluntad para nuestra vida. La ascesis, el sacrificio constante, el "llevar nuestro carne a esclavitud" (como decía san Pablo) nos ayuda a "pelear" contra las cosas que no son del Espíritu y a dejar de lado los frutos de la carne: vanidad, egoísmo, orgullo, envidia, etc. Y así la entrega en la vida diaria no es por vanidad ni queriendo pasar por encima de nadie, sino intentando ser Fiel a la Vida que el Señor quiere que vivamos, a la Vida que Él nos dio para que seamos "santos e irreprochables, ante Él, por el amor".
El mundo nos invita, constantemente, a tener que estar más arriba de los demás, a querer "ganar" a toda costa, un lugar privilegiado frente a los demás, y por eso, muchas veces, gastammos en vano nuestras vidas pues no tenemos nada qué dar el mundo, salvo nuestro pecado de orgullo y vanidad, de que hemos dejado de lado los verdaderos valores para alcanzar valores que no son reales porque son pura apariencia y hoy pueden estar y mañana desaparecer.
Busquemos, como dice el Señor, los bienes del cielo y todo lo demás vendrá por añadidura, por eso san Juan nos dice en su carta:
"En esto consiste la confianza que tenemos en el Hijo de Dios, en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido".
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