"Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".
Son las palabras de san Juan Bautista, luego de bautizar a Jesús en el Jordán, palabras que nos hacen pensar en nuestra responsabilidad de testigos del Amor de Dios que se ha manifestado para nuestra salvación. Es cierto que, como Juan Bautista, no hemos visto al Señor en su carne, pero al confesar que somos cristianos quiere decir que lo hemos visto según los ojos de la Fe, y si lo hemos visto creemos en Él, y si creemos en Él y vivimos en Él, entonces es nuestra misión, como Juan, ser testigos creíbles de lo que hemos visto y creído.
Así como san Juan lo señalaba a Jesús como "el Cordero que quita el pecado del mundo", también nosotros lo señalamos como el sanador de nuestras almas, como la salvación que a llegado a nuestro corazón, porque hemos experimentado su Amor por nosotros. No sólo hemos conocido su Amor sino que hemos experimentado (eso espero) el consuelo de su perdón, la fortaleza de su Espíritu porque siempre que hemos ido hacia Él nos ha recibido como el Padre al Hijo Pródigo, con los brazos abiertos de par en par para perdonar nuestros pecados y reanimarnos con Su Gracia para que sigamos recorriendo el Camino de la santidad.
No podremos, claro está, señalar a la Persona de Cristo, pero sí ponemos enseñar el Camino para llegar a Él, sí podremos mostrar los frutos de su Gracia en nuestras vidas, y acompañar a todo aquél que necesita descubrir su Amor; no porque seamos perfectos e inmaculados, sino porque como Juan Bautista hemos visto su Gloria, hemos escuchado su Palabra, y hemos sentido la fuerza de su Vida en la Eucaristía, una Vida que nos alimenta, que nos fortalece, que nos anima a seguir creciendo en el amor, la verdad, la fraternidad.
Juan Bautista fue el profeta que pudo ver y señalar a Aquél de quién él hablaba con tanta pasión, así nosotros, con el mismo convencimiento de quien ha estado con Él, tenemos que hablar de Cristo, tenemos que hablar de lo que Él ha producido en nosotros, tenemos que llegar a convencer con nuestras vidas de que Jesús vive y Vive en mí, para que el mundo crea y encuentre el Camino que lo conduzca a la Vida.
No dejemos que el Amor que Él nos ha tenido y que hemos sentido y experimentamos en cada encuentro con Él quede sordo en nuestros corazones, sino que lo gritemos a todo pulmón con nuestra vida, porque Él es nuestra alegría, es es nuestra plenitud, Él es el sentido de nuestra vida y tenemos que hacérselo conocer a la tinieblas del mundo, para que la Luz que Él deposita en nosotros, cada vez que lo recibmos, disipe las oscuridades del pecado, de las enemistades, del odio y los rencores, que se eliminen con su Luz las oscuridades que cierran el paso a todos los que buscan el verdadero rostro de Dios en nosotros, los hijos de Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.