miércoles, 16 de enero de 2019

La tentación de todos los días

"(Jesús) Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
En este breve diálogo san Marcos nos hace ver uno de los métodos más eficaces para buscar la Voluntad de Dios: la oración. Jesús, aunque era Dios, tenía plena conciencia de que era Hijo, y por eso, como Hijo, necesitaba hablar con su Padre y saber cuál era el Plan del Padre, cuál es Su Voluntad. En todo momento de la vida de Jesús vemos cómo Él se retira, ya sea a la madrugada, o cuando termina la jornada, a orar.
A lo que podemos añadir lo que dice la carta a los Hebreos:
"Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenia que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados".
La fuerza que nos da la oración nos ayuda a evitar la tentación, pues en todo camino, hay piedras que se nos cruzan y no siempre uno está en condiciiones de saltarlas o de esquivarlas. Hay tentaciones que se ponen difícil para evitarlas, pero si estamos en unión con el Padre por la oración, no sólo podremos evitarlas sino que sabremos cuándo y cómo van a llegar.
En este evangelio de hoy la tentación viene de parte de sus apóstoles: "todo el mundo te busca". Es una tentación sentirse "necesitado" por todo el mundo, pues así su fama se iba a extender y comenzaría una "carrera" hacia la fama. Pero Jesús, que estaba en armonía con el Padre responde:
"Vámonos a otra parte... para predicar también allí; que para eso he salido".
Evita la tentación, aunque lo que ellos querían era bueno, pero no era lo que quería el Padre: anunciar el Reino de Dios, era la Voluntad del Padre, y no sólo hacer milagros de sanación.
Cuando se está en armonía y constante diálogo con el Padre se tiene en claro la misión que tenemos y el camino que debemos recorrer, y así, cuando estamos decididos a hacerlo será Él quien nos fortalezca para no dejarnos converncer por otros caminos.

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