viernes, 25 de enero de 2019

Nacer en la conversión

De grandes santos como san Juan Bautista celebramos el nacimiento y su muerte, como fiestas litúrgicas, pero de san Pablo celebramos "la conversión de san Pablo" ¿te has preguntado por qué? Yo sí. Y me he dado cuenta que el día de su conversión, es el día que san Pablo nació a la fe en Cristo, por eso, ese día es el día del Nacimiento de Pablo de Tarso, quien antes era Saulo el perseguidor de cristianos.
Y ahí nos damos cuenta qué importante es para nosotros el momento de nuestra conversión, y lo que significa convertirnos de corazón: nacer de nuevo, cambiar de vida, y, por eso, algunos desde ese día cambiaron de nombre para que se notara lo que habían logrado.
Para algunos, como san Pablo, la Conversión fue algo extraordinario porque se dio por medio de una visión del Señor, pero para nosotros, o, por lo menos, para muchos de nosotros, la conversión es un proceso cotidiano porque hemos nacido a la fe en el bautismo y no nos hemos "salido" del Camino, sino que estamos viviendo en él desde ese día.
Pero igualmente, para todos, la conversión es un proceso diario, porque diariamente nos estamos contagiando del mundo y necesitamos de la Gracia para despojarnos de lo que empaña la Luz de Cristo en nuestras vidas. Es cierto que no nos damos cuenta que se nos van "pegando" cosillas del mundo, por eso es necesario que examinemos periódicamente nuestra alma para que la Luz siga brillando y podamos iluminar correctamente, porque cuando dejamos que la Luz de Cristo en nuestras vidas se vaya ocultando con las tinieblas del mundo, entonces no iluminamos como el Señor quiere, sino que ayudamos a vivir en el error del mundo.
¿Cómo nos damos cuenta de eso? Por eso necesitamos estar en una constante relación con el Señor y el Espíritu, por medio de la reflexión de Su Palabra y la oración diaria. Así como a Saulo el Señor lo iluminó y encontró el Camino de la Salvación, así también nosotros seremos iluminados por el Espíritu para comprender los signos que el Señor va poniendo en nuestro caminar y nos dará la fuerza necesaria para cambiar aquello que no es propio de una vida santa.
Claro es que no seremos iluminados de la forma que lo fue san Pablo, sino que los signos del Señor serán más pequeños y por eso tenemos que estar atentos, para que no se nos pase nada, sino que podamos comprender lo que Él nos va diciendo en el día a día, pues en las pequeñas cosas de todos los días está el sentido de nuestra conversión y de nuestra santidad.

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