"El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene bienes del mundo y viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras".
¿Odiamos? No, no odiamos, seguramente no odiamos. ¿Rencor? Y... un poco de rencor guardamos, no siempre dejamos que las cosas pasen de largo, sino que vamos guardando para cuando necesitemos. ¿Olvidamos? Claro que no es posible olvidar. Para olvidar tendríamos que perder la memoria, y no somos como los discos duros de los ordenadores que podemos borrar parte de los archivos. O recordamos todo o no recordamos nada. ¿Perdonamos? Eso también es complicado, no siempre perdonamos. A veces ponemos la excuso: "no soy Dios para perdonar", y ¡nos quedamos tan tranquilos! como si eso fuera lo que nos ha dicho el Señor.
Y, entonces, ¿amamos como el Señor nos amó? ¿seremos capaces de perdonar como Él nos perdonó? ¿Seremos capaces de juzgarnos como Él nos juzgó? ¡Eh! ¿Qué? ¿Que Jesús nos juzgó?? Si Él no nos juzgó. Sí, Jesús nos juzgó con misericordia y nos vió necesitados de amor, y aunque éramos pecadores se entregó a sí mismo a la muerte y muerte y de Cruz por nosotros. ¿No lo sabías? Por eso nos dijo: "amaos unos a otros como Yo os he amado".
En cambio nosotros juzugamos y candenamos porque no tenemos el amor de Jesús, porque no somos misericordiosos como Él. Nos gusta juzgar como Dioses creyendo que tenemos toda la verdad, pero nos olvidamos de la misercordia del Corazón del Dios, y por eso somos injustos, guardamos "datos" de lo que nos hicieron para usarlos en el momento oportuno, y, aunque queremos olvidar siempre recordamos para hacer sentir mal al otro por lo que nos hizo.
¿Odiamos? No, no odiamos, pero tampoco estamos lejos de hacerlo, porque en realidad no vivimos el amor como se nos pide en el Evangelio. ¿Guardamos rencor? No, no lo hacemos, pero tampoco hemos perdonado como Jesús nos ha perdonado. Ni siquiera le pedimos al Espíritu Santo la fuerza para poder pedonar, porque si es cierto que es difícil perdonar, pero tampoco pedimos ayuda para hacerlo. ¿Pedimos perdón? Pero para qué voy a pedir perdón si no me siento culpable, si se que tampoco me van a perdonar...
Y sin embargo sigo diciendo:
Padre Nuestro, diciendo que soy hermano de todos, porque Él es Padre de todos, y es mi Padre, y, sin embargo, hay gente a la no siento hermanos míos.
Y tamibén le digo: perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden... ¿Qué estás seguro entonces que te ha perdonado?
No te acuerdes sólo del "pedid y se os dará" recuerda que esa parábola termina diciendo "cuanto más el Padre os dará el Espíritu Santo a quien se lo pida", y pide el Espíritu Santo para poder vivir en Fidelidad la Vida que el Señor te pide vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.