"Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra si mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa".
Es cierto que al ser todos personas diferentes, al tener todos pensamientos distintos, y vidas distintas, es cierto que nuestra forma de ser y actuar sea diferente. Es por eso que, en las lecturas de ayer san Pablo nos hablaba de los diferentes miembros del Cuerp Místico de Cristo, porque cada uno tiene su lugar y su forma de actuar, pero todos actúan según un mismo corazón y una misma mente.
Y como se dice, en la diversidad está el gusto. Y en este caso en el Cuerpo Místico de Cristo está la riqueza de tantos que tienen distintos valores y talentos que el Señor les dio puesto en un mismo fin y camino.
Claro es que al ser todos hombres, varones y mujeres, todos tenemos en nuestra alma la espina del pecado original y personal que, muchas veces, cuando no está bien "acorralado" se deja escapar y queda a merced del espíritu del mundo o de satanás. Es ahí cuando surgen las divisiones y discusiones en una misma comunidad, en una misma familia: cuando dejamos que el egoísmo, la vanidad, la soberbia, el apetito de poder entre a formar parte de una persona y no el Espíritu de Cristo.
Cuando no estamos todos unidos al mismo corazón, que es Cristo, entonces cada uno o algunos se alimentan de otra sangre que no es la de Cristo, comen otro pan que no es el Pan de Vida, y entonces la unidad del Cuerpo se comienza a destruir. Es por eso que el Señor nos llama la atención y nos pide que miremos bien nuestras obras, nuestra manera de actuar: ¿es de acuerdo a la Voluntad de Dios o a mi propia voluntad? ¿busco el Reino de Dios o mi propia conveniencia? ¿Busco crear unión o desaveniencias? ¿Me relaciono con el Señor de un modo intenso y pesonal, voy al encuentro de Jesús en la Eucaristía, me confieso habitualmente? Sí, también esas preguntas debo hacerlas, porque si no me las hago es que creo que no tengo pecado alguno, y eso no es así, porque nos dice el Señor: "el justo peca siete veces por día", y le voy a decir al Señor que está mintiendo ¿no será que yo me estoy mintiendo a mí mismo creyendo que soy lo mejor del mundo?
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