Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que "por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados"».
No es que Jesús no quisiera que todos entendieran la Palabra de Dios, sino que quiere que nos esforcemos por abrir el corazón a la Palabra de Dios. Hay quienes nos quedamos, en todos los casos, con las palabras que queremos y no con Toda la Palabra de Dios. Hay pasajes que son buenos y hablan de la bondad y la dulzura del Señor, pero hay otros que nos exigen un cambio, una conversión, una entrega total, un amor radical... y a esos ya no le damos tanta importancia. Hay pasajes que nos vienen muy bien para poder decirle a fulano o mengana tal o cual cosa y esos nos los recordamos perfectamente, pero si fueran para mí...
Así, a veces comprendemos y otras no, porque no siempre estamos dispuestos a aceptar lo que nos dice, no sólo Jesús sino también mi hermano. Por más que me griten lo que tengo que hacer, si no quiero hacerlo no lo haré. Nadie, ni siquiera Dios va a quitarme la libertad de decidir si quiero escuchar o no, si quiero hacer o no. Es tan grande el Don de la Libertad que ni siquiera Él quiere quitarlo de mi vida.
Pero ¿yo sé cuán grande es ese Don? ¿Me doy cuenta que los que me aman de verdad quieren que use bien de mi libertad? ¿Me he dado cuenta que el verdadero Amor siempre estará guiándome por el buen camino para que encuentre lo que realmente necesito y no sólo lo que quiero?
Por eso es que el Señor nunca nos habla directamente, si no por medio de causas segundas: un hermano, Su Palabra, un acontecimientos... para que si realmente tengo disposición a escuchar o entender lo voy a hacer, pero si no tengo intención no lo voy a hacer. Así Él respeta mi libertad, por amor a mí, aunque luego se quede esperando que descubra lo que he perdido.
Un reflejo de esto es la parábola del Hijo Pródigo, y no miremos solamente la acción o el actuar del hijo que se fue, sino también del que se quedó, en ellos podemos ver un reflejo de nuestra vida y de nuestro actuar con nuestro Padre del Cielo.
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