"...Pues «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».
Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían?"
Somos nosotros los que hemos escuchado la Voz del Señor y lo hemos seguido, somos nosotros los nuevos apóstoles del siglo XXI quienes llevamos un mensaje de salvación en nuestro corazón y en nuestros labios, porque escuchando la Voz del Señor lo hemos seguido, hemos creído en Su Palabra y ahora nos toca anunciar lo que creemos. Ese es el sentido del apóstol: escuchar, anunciar y vivir.
Pero muchas veces tenemos miedo o vergüenza de anunciar lo que creemos. Otras veces lo hacemos tan mal que anunciamos lo contrario de lo que creemos. Algunas veces vemos que nuestro cristianismo se confunde con el paganismo y así anunciamos confusión a los hombres.
¿Es que no nos damos cuenta que somos los cristianos quienes tienen que anunciar a Cristo Vivo y Presente? ¿Quién va a anunciar a Cristo si no somos los cristianos? El mundo anunciará las cosas del mundo, y, como vemos, lo hace de maravillas pues nos convence a los que tendríamos que aspirar a los bienes del Cielo y no a los de la tierra. El Príncipe de este mundo anuncia todos sus vicios y sus males y nos convence a los que tendríamos que vivir en la Gracia, la Verdad, el Amor, la Paz.
Por eso el Señor, en aquella parábola del administrador decía: "y el señor alabó al administrador infiel porque los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la Luz". Y ¡es verdad!
¿Cómo anunciamos el mensaje de Cristo? Principalmente con nuestra vida: nuestros gestos, nuestros actos, nuestra manera de vivir. Y ¿cómo vivimos? ¿qué decimos? ¿cómo actuamos? ¿Cómo somos en realidad: creamos fraternidad, generamoms espacios de compartir, de verdad, de amor, de paz? ¿Cómo son nuestras comunidades cristianos: reinos de amor y de paz, de concordia y de fraternidad?
"Los paganos decían: ¡miren cómo se aman! Y Dios enviaba a esas comunidades a los que debían salvarse."
Si analizamos nuestras comundiades: somos espacios de amor donde los que no conocen a Cristo pueden llegar a salvarse y encontrarse verdaderamente con Jesús? No es necesario que seamos perfectos, inmaculados, pero tampoco es necesario que seamos todo lo contrario.
"Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron".
"Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron", es una frase que tiene que sonar en nuestro corazón, pues seguirlo a Cristo significa dejar todo nuestro pasado y nuestra vida para dejarnos conducir por Él, dejarnos modelar por Él, dejarnos atrapar por Él y transformar nuestra vida a imagen de la suya. Pues sólo siendo y viviendo como Jesús podemos anunciar su Verdadero Mensaje de Salvación, porque el mensaje no se transmite ya con nuestras palabras, sino con nuestra vida.
Si creemos en Cristo, intentemos dejar todo lo que no sea Cristo para poder seguirlo, para poder transformarnos en verdaderos apóstoles de Cristo y no llevemos una imagen confusa a un mundo que busca desesperadamente la Verdad, el Camino y la Vida para poder salvarse.