viernes, 30 de noviembre de 2018

Apóstoles de Cristo

"...Pues «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».
Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían?"
Somos nosotros los que hemos escuchado la Voz del Señor y lo hemos seguido, somos nosotros los nuevos apóstoles del siglo XXI quienes llevamos un mensaje de salvación en nuestro corazón y en nuestros labios, porque escuchando la Voz del Señor lo hemos seguido, hemos creído en Su Palabra y ahora nos toca anunciar lo que creemos. Ese es el sentido del apóstol: escuchar, anunciar y vivir.
Pero muchas veces tenemos miedo o vergüenza de anunciar lo que creemos. Otras veces lo hacemos tan mal que anunciamos lo contrario de lo que creemos. Algunas veces vemos que nuestro cristianismo se confunde con el paganismo y así anunciamos confusión a los hombres.
¿Es que no nos damos cuenta que somos los cristianos quienes tienen que anunciar a Cristo Vivo y Presente? ¿Quién va a anunciar a Cristo si no somos los cristianos? El mundo anunciará las cosas del mundo, y, como vemos, lo hace de maravillas pues nos convence a los que tendríamos que aspirar a los bienes del Cielo y no a los de la tierra. El Príncipe de este mundo anuncia todos sus vicios y sus males y nos convence a los que tendríamos que vivir en la Gracia, la Verdad, el Amor, la Paz.
Por eso el Señor, en aquella parábola del administrador decía: "y el señor alabó al administrador infiel porque los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la Luz". Y ¡es verdad!
¿Cómo anunciamos el mensaje de Cristo? Principalmente con nuestra vida: nuestros gestos, nuestros actos, nuestra manera de vivir. Y ¿cómo vivimos? ¿qué decimos? ¿cómo actuamos? ¿Cómo somos en realidad: creamos fraternidad, generamoms espacios de compartir, de verdad, de amor, de paz? ¿Cómo son nuestras comunidades cristianos: reinos de amor y de paz, de concordia y de fraternidad?
"Los paganos decían: ¡miren cómo se aman! Y Dios enviaba a esas comunidades a los que debían salvarse."
Si analizamos nuestras comundiades: somos espacios de amor donde los que no conocen a Cristo pueden llegar a salvarse y encontrarse verdaderamente con Jesús? No es necesario que seamos perfectos, inmaculados, pero tampoco es necesario que seamos todo lo contrario.
"Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron".
"Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron", es una frase que tiene que sonar en nuestro corazón, pues seguirlo a Cristo significa dejar todo nuestro pasado y nuestra vida para dejarnos conducir por Él, dejarnos modelar por Él, dejarnos atrapar por Él y transformar nuestra vida a imagen de la suya. Pues sólo siendo y viviendo como Jesús podemos anunciar su Verdadero Mensaje de Salvación, porque el mensaje no se transmite ya con nuestras palabras, sino con nuestra vida.
Si creemos en Cristo, intentemos dejar todo lo que no sea Cristo para poder seguirlo, para poder transformarnos en verdaderos apóstoles de Cristo y no llevemos una imagen confusa a un mundo que busca desesperadamente la Verdad, el Camino y la Vida para poder salvarse.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Levantad la cabeza...

"Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación».
No siempre encontramos esperanzas en los momentos de oscuridad o desasosiego. Cuando todo parece derrumbarse nos derrumbamos con las cosas y podemos llegar hasta perder la fe en lo que siempre creimos. Por eso Jesús cuando nos habla de las catástrofes que pueden llegar a venir (y seguro vendrán) también nos llama a mirar hacia nuestras propias catástrofes, hacia esos momentos en los que nos parece que todo se derrumba y que ya no queremos saber más nada de la vida, sino que sólo nos resta... como Él dice: mirar hacia arriba, descubrir que desde la nube nos llega el Señor con gra poder y gloria.
Sí, es cierto que vivimos tiempos muy duros y difíciles, y si miramos la situación mundial hay países que están en peor situación que el nuestro y hay familias y personas que viven en condiciones peores que las nuestras. Pero eso no es un consuelo para nuestra vida, ver el dolor de los demás no calma nuestro dolor, porque no es cierto aquello que se dice: "mal de muchos consuelo de tontos", no es cierto.
La Cruz de cada uno es la que pesa, y esa Cruz es la que tengo que llevar. No sé si será más grande que la de mi vecino o no, pero es la mía y a mí me cuesta llevarla. Me cuesta mi oscuridad y mi cansancio. Me cuesta lo que pasa en mi familia y me cuesta lo que tengo que vivir día a día. Porque es mi cuerpo, es mi espíritu, es mi vida.
Y vuelvo a insistir, o mejor dicho, el Señor vuelve a insistir: "alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación", pero ¿cuándo será eso? Fue la pregunta que le hicieron al Señor, y es la pregunta que nos hacemos siempre que sentimos que nuestra fuerzas ya no están en nosotros: ¿cuándo Señor sentiré la fuerza de la liberación, la fuerza de tu Espíritu? Y el Señor no me dará un fecha, no pondrá fecha mi liberación, pero sí la promesa de la Fuerza y el Espíritu para poder llevar la carga que Él puesto o ha permitido que caiga sobre nuestros hombres.
Así como Él llevó su Cruz por ese tortuoso camino, así como Él sufrio la soledad y el abandono de los que amaba, así como él sufrió el frío y la oscuridad de aquella noche, así como él sufrió el dolor de la coronación de espinas y de los latigazos en la columna. Así también quiere poner en nuestro camino a María, su Madre, nuestra Madre, para que nos mire a los ojos y nos ayude a levantar la miirada, a descubrir en Su Mirada el Amor que el Padre nos tiene y que la Cruz no deja que lo recordemos. Ella nos acariciará el rostro como al Hijo en el Camino al Calvario y nos consolorá.
También nos enviará, el Señor, a los Cirineos que nos acompañarán en el Camino, que cargarán algunos momentos nuestras cruces, pero que nos alentarán con su presencia, con su amistad, con sus palabras de cariño, y nos ayudarán a recorrer unos días más hasta llegar al final del Camino.
Pero también, habrá muchas Verónicas que enjuguen nuestras lágrimas y nos sequen el sudor de nuestros agobiios y cansancios, para que con la claridad de los ojos secos de lágrimas podamos mirar hacia dónde el Señor quiere conducirnos.
Por que en ese Camino está Él, y si no levantamos los ojos de nuestros dolores y oscuridades nunca lo podremos ver. Si el llanto llama a la desesperanza y nos hunde en nuestro dolor no podremos verlo, no podremos abrazarnos a su Cruz para alcanzar la fuerza de la liberación que sólo nos puede dar el Amor que Él dejó para nosotros en la Eucaristía, que es el Banquete que nos espera cada día para alimentar nuestras almas y ayudarnos a ver en la oscuridad de cada día.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Confianza y perseverancia

Después de mostrarnos todas las dificultades que podríamos padecer por anunciar su Nombre y por ser discípulos, el Señor nos dice:
"Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Sabe el Señor que cuando se vive en la Verdad y se quiere ser Fiel a la Voluntad de Dios, siempre habrá obstáculos y, muchas veces, hasta los que creemos más cercanos son los que más rápido nos condenarán por no estar de su lado, por no querer vivir en la mentira, en la oscuridad, o, simplemente por no comprender que nuestro Camino sea éste que hemos emprendido junto a Él.
Pero no obstante quiere que confiemos que en ningún momento Él nos dejará solos, sino que si ponemos todo en Sus Manos será Él quien hable por nosotros, será Él quien sea nuestra Fortaleza y nuestro Valuarte en todo momento, porque nosotros no tenemos ni la fuerza ni la capacidad para poder defendernos frente a las fuerzas de la oscuridad, de la mentira. Sólo Él que el la Luz y la Vida podrá defendernos de todo lo que no sólo quiera atacarnos a nosotros sino que quiere apagar la Luz que brilla en la oscuridad.
Por eso hay dos cosas que tenemos que rescatar para nuestra vida de estas últimas palabras del Señor: por un lado un espíritu de confianza en la Providencia de Dios, pues Él en su Amor Infinito todo lo puede y todo lo hace por aquellos que son Fieles a su Voluntad, su Amor providente está siempre pendiente de nuestra vida para que podamos seguir caminando en fidelidad y amor. Y, por otro lado, nos pide que seamos perseverantes que en ningún momento miremos hacia atrás o que nos dejemos amedrentar por los quieran apagar la Vida que hay en nosotros, sino que seamos perseverantes en nuestro caminar, que nunca nos detengamos porque los demás nos persigan, son acusen o levanten falsos testimonios contra nosotros, pues sólo la Verdad nos hará libres, y la Fidelidad a Dios nos acomopañará en todo momento.
Claro está que la confianza en la Providencia Divina y la Perseverancia no sólo se viven en momentos de persecución sino que es todos los días cuando las tenemos que cultivar. Porque la virtud no nace en un sólo día, sino que día a día tengo que ir haciéndo crecer esa confianza en la Providencia, el saberme amado y acompañado por un Dios Todopoderoso que es mi Padre creador de Cielo y de Tierra... y por eso me animo a buscar en el día a día Su Voluntad, e intentar, con su Gracia ser Fiel a ella para que mi vida siempre esté en Él, sea para Él y viva por Él.
Y, claro está, que en este camino tendré que peseverar día a día, pues en el día a día es cuando se ve si mi constancia es verdadera, que, a pesar de las dificultades o de mis ganas o prejuicios sea yo Fiel a la Palabra de Dios, sea yo Fiel a discernir su Voluntad y, por supuesto, a llevarla a la vida y vivirla.

martes, 27 de noviembre de 2018

Cuando va a suceder eso?

"Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
No son pocos los que se inquietan por lo que va a pasar en el futuro. Siempre ha sido un misterio el que se nos hable tan genéricamente del futuro fin del mundo, o del fin de la vida, pero que nunca se nos diga con claridad qué es lo que va a pasar o cuándo va a pasar. Y son esos misterios que a muchos deja sin sueño.
Pero también es cierto que son muchos los que quieren dejar "todo atado" para el futuro, que no quede nada sin preveer para que no tengamos que pasar necesidades. Pero también hay quienes no quieren reconocer que pasan los años y tratan de vivir en una eterna juventud, sin que se note el paso del tiempo en su rostro, en su piel, en su vida.
Y es cierto, y lógico por una y otra parte que tengamos esos deseos, pues no hemos sido creados ni para la muerte, ni el dolor, "ni el desgaste", sino para todo lo contrario, pero el pecado hizo estragos en nuestra naturaleza y, lamentablemente, todo se va destruyendo: "nuestra morada terrena se destruye" con el paso del tiempo y los años.
Pero, como nos dice san Pablo: "porque sabemos que si esta teinda, que es nuestra morada terrena, se desmororna, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos". Y ahí tenemos puesta nuestra esperanza: en la morada celestial, en nuestra vida en Dios. Una Vida que no sólo viviremos cuando lleguemos a la Casa Paterna, sino que la podemos vivir aquí poniendo en nuestro corazón el sueño de Dios.
Cuando los hombre vivimos sólo pensando en las cosas de este mundo, es claro que viviremos siempre con la mente puesta en lo pasajero, en lo material, en lo que se va destruyendo y en lo que va costando esa destrucción.
Pero cuando nuestra vida tiene un sentido de eternidad, cuando nuestra mirada está en los bienes espirituales y celestiales, sin dejar de tener en cuenta que vivimos en este mundo, entonces nuestra mirada y nuestra esperanza nos alientan y nos animan a no perder la alegría ni el gozo para vivir cada día, pues "cada día tiene su propio afán" y no sé qué es lo que el Señor me pedirá vivir mañana.
El Hoy que el Señor me pide vivir es el que le da sentido a todo lo vivido y a lo que viviré, porque en el Hoy experimentamos al misericordia y el amor del Padre, una misericordia que nos perdona y purifica de lo vivido, y un amor que nos lleva providencialmente a esperar el futuro, sin miedo, sin temores, sólo con la garantía que su Providencia nunca nos dejará solos, sino que siempre nos sostendrá para que caminemos tranquila y confiadamente por cualquier tipo de de valles, sean claros u oscuros, por que Él va conmigo y me guía de sus Manos.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Cual sea el trabajo de cada uno tal será su ganancia

De los sermones de san León Magno, papa

    Dice el Señor: Si vuestra virtud no es superior a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Esta superioridad de nuestra virtud ha de Consistir en que la misericordia triunfe sobre el juicio. Y en verdad lo más justo y adecuado es que la creatura, hecha a imagen y semejanza de Dios, imite a su creador, que ha establecido la reparación y santificación de los creyentes en el perdón de los pecados, prescindiendo de la severidad del castigo y de cualquier suplicio, y haciendo así que de reos nos convirtiéramos en inocentes y que la abolición del pecado en nosotros fuera el origen de las virtudes.
    La virtud cristiana puede superar a la de los escribas y fariseos no por la supresión de la ley, sino por no entenderla en un sentido material. Por esto el Señor, al enseñar a sus discípulos la manera de ayunar, les dice: Cuando ayunéis no os hagáis los melancólicos, como los hipócritas, que ponen una cara mustia, para hacer ver a los demás que están ayunando. Os digo de veras: Ya recibieron su paga. ¿Qué paga, sino la paga de la alabanza de los hombres? Por el deseo de esta alabanza se exhibe muchas veces una apariencia de virtud y se ambiciona una fama engañosa, sin ningún interés por la rectitud interior; así, lo que no es más que maldad escondida se complace en la falsa apreciación de los hombres.
    El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor. El alma piadosa e íntegra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite. Porque es una gran verdad aquello que dice el Señor: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. El tesoro del hombre viene a ser como la reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso cosechará, y cual sea el trabajo de cada uno tal será su ganancia; y donde ponga el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea que hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo, y si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha.
    En cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra, y su atención en las cosas eternas, no en las perecederas, alcanzarán una riqueza incorruptible y escondida, aquella a la que se refiere el profeta cuando dice: La sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el tensor del Señor será su tesoro. Esta sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos bienes terrenales se conviertan en celestiales, cuando muchos convierten sus riquezas, ya sea legalmente heredadas o adquiridas de otro modo, en instrumentos de bondad. Los que reparten lo que les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo alguno un derroche; éstos pueden en justicia tener su corazón donde está su tesoro, ya que han tenido el acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Reinar con el Rey

"Pilato dijo a Jesús:
«¿Eres tú el rey de los judíos?».
Jesús le contestó:
-«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
¿Qué diferencia hay cuando afirmo algo que se por experiencia propia a cuando afirmo algo que otros me dijeron que diga? Hay mucha diferencia, porque cuando conozco algo por mi propia experiencia puedo defenderlo con mucha fuerza, pero cuando hablo de lo que me dijeron no tengo argumentos para defender lo que digo, y es como dice algún refrán: hablo por boca de ganso.
Al celebrar a Jesucristo Rey, lo reconozco como el Rey de mi vida o sólo lo digo porque otros me lo dijeron. Porque si no he experimentado la bondad del Rey en mi vida es porque nunca me he relacionado con Él como Rey, es decir solamente le he dado el título pero no el poder que tiene que tener como Rey. ¿Tiene que tener poder como Rey? Sí, tiene que tener, es decir lo tiene, aunque yo no se lo recnozca.
Así como nosotros fuimos consagrados en nuestro bautismo como reyes, también Jesús fue consagrado Rey del Univeso por su Padre, y gobierna sobre el universo y, también, obedece al Rey Padre, pues su vida (la de Jesús) no era otra cosa que una vida de obediencia en el amor a Dios: "mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre", "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre". Así nuestra vida como reyes que pertenecemos al Reino de Dios, también tenemos que vivir de la misma manera, nuestro "poder de reyes" radica en la obediencia, como la de Jesús, al Padre. "Siendo hijo aprendió por el sufrimiento a obedecer", dice el escritor de Hebreos, y así nos enseñó el Camino que debe transitar todo hijo de este Rey.
Por eso cuando rezamos, cada día, decimos: "venga a nosotros Tu Reino", pero ese reino no viene como caído del cielo sino que lo tenemos que construir, somos nosotros los ungidos como reyes quienes tenemos la misión de construir nuestro propio reino que es el Reino de Dios, el Reino del Amor. Y sólo de construye como lo seguimos deciendo: "hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el Cielo".
Claro que cuando rezamos el PadreNuestro no nos ponemos a pensar lo que decimos, porque, muchas vecees, lo rezamos de modo automático, o lo rezamos para pedir cosas, o también para agradecer, pero nunca lo hacemos sabiendo que Jesús nos ha dado las indicaciones de vida en esa oración, nos habla de quiénes somos y de lo que debemos hacer y de cómo hemos de vivir.
Así que hoy cuando reces el Padre Nuestro piensa las palabras que digas, y ten en cuenta que al decirlas ellas mismas te están exigiendo una forma de vivir, una manera de actuar y de ser. En el Padre Nuestro está la fórmula para que reinemos en el mundo y dejemos Reinar a nuestro Dios para poder construir un Mundo Nuevo.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Alcanzar la eternidad

La pregunta de los saduceos, aunque era una pregunta-trampa para Jesús, es la pregunta que muchos, hoy en día se hacen: ¿cómo será nuestro cuerpo después de la muerte? ¿cómo será en la resurrección?
"Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección".
Siempre el futuro nos ha inquietado, y siempre ha sido un gran enigma esto de la resurrección de los muertos, el cómo viviremos, el cómo será allá, y todo eso. Pero es cierto que con nuestras palabras no se puede explicar lo que es la vida sobrenatural, lo que es la vida en Dios, por eso aunque Jesús lo quiera explicar no puede llegar a contar tal cual será, pues no existen palabras humanas para revelar ese hermoso encuentro con el Señor, y por eso dice: serán como ángeles.
Pero de todo esto qué es lo importante: es la esperanza de la resurrección, es la esperanza que nos da el Señor de la Vida Eterna, es la esperanza de saber que no sólo nacemos para morir, sino que nacemos para la eternidad, una eternidad que tiene una puerta a la que un día llegaremos y se nos abrirá para poder gozar de la Vida en el Amor Verdadero y Eterno.
Por que nuestro Dios es un Dios de Vida, un Dios de Vivos, que quiere que sus hijos vivan pendientes de vivir y no de morir, por eso nos habla de la resurrección a la Vida, para que sepamos que lo que vivamos aquí lo vivermos allá, que lo que trabajemos aquí para nuestra santidad, es el trabajo que nos ganará la eternidad, pues en el Reino de los Cielos viviremos de acuerdo a cómo vivamos aquí en la tierra, por eso rezamos, cada día, venga a nosotros tu Reino para que nos vayamos habituando a lo que viviremos un día junto al Padre.
Y ¿qué es el Reino que construimos? El Reino de los Cielos aquí en la tierra es el Reino donde se vive la voluntad de Dios en el Amor, donde mirando al Amor de los Amores comprendemos que Su Voluntad es la que nos da vida y nos permite y nos fortalece para entregarnos, cada día, al Servicio del Amor, haciendo de la tierra un reino de personas que se aman. Porque el Cielo que anhelamos es el vivir en la presencia del Amor por toda la eternidad, es el vivir en Dios, es el estar en la Luz sin penas, ni dolores, ni luto, sólo en la Luz que procede de Dios que es Amor.
Por eso no importa qué cuerpo tendremos o cómo nos veremos, lo que importa es que "lo veremos tal cual es" y alcanzaremos la plenitud de nuestro ser, la plenitud de la vida pues alcanzamos la eternidad.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Dulce y amarga es la Palabra de Dios

«Ve a tomar el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra».
Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito.
Él me dice:
«Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».
Creo que para muchos, o para todos, es así como nos "sabe" la Palabra de Dios: cuando la leemos, generalmente, nos sabe algo dulce que nos atrae, que nos gusta, que queremos vivir porque nos hace promesas que necesitamos escuchar y nos ayuda a ver la vida desde otro punto de vista. Pero cuando comenzamos a vivirla nos encontramos con exigencias que nos saben amargas a nuestro interior pues son exigencias que no estamos dispuestos a cumplir, porque no pide mucho el Señor, y ahí es cuando esa Palabra que era dulce para nuestros oídos se nos vuelve amarga porque no queremos cumplirla, porque no está conforme a lo que esperábamos.
"Y me dicen:
«Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».
Y cuando la aceptamos tal cual es nos sigue exigiendo que la profeticemos, que la anunciemos tal cual es y tal cual la hemos vivido. Y también, la misión del profeta suena dulce a nuestros oídos porque nos parece que es una misión que puede hacernos grandes, que es lo mejor que nos puede pasar, pero cuando la Palabra nos dice que anunciemos la conversión, que hablemos de la renuncia a nosotros mismos, que aceptemos la Cruz de cada día, entonces ya no queremos seguir profetizando.
Y así son las "contradicciones" del Señor, las contradicciones de Dios, que todo nos parezca dulce al principio pero cuando vamos profundizando y madurando en la fe, nos vamos dando cuenta cuánta es la exigencia del evangelio, cuánto es lo que tenemos que ir entregando, pero aún es más doloroso (si me permitís el término) descubrir qué lejos estamos de vivir lo que Dios nos pide, y de poder desterrar de nuestra vida el pecado que nos lleva a alejarnos de Dios a cada instante.
Sin embargo, el viene cada día a expulsar todo lo que nos estorba, con su Palabra el Señor quiere, como lo hizo en el Templo de Jerusalen, expulsar lo que no nos permite vivir el silencio de la oración, la cercanía con el Señor, el encuentro con el hermano. Quiere dejar limpio el espacio que nos separa de Dios y del hermano para que podamos construir ese Puente que nos acerca, cada día más a ellos y nos permite seguir creciendo en el Verdadero Amor, sin que haya ningún escollo que nos impida ir hacia Uno y hacia otro.
La expulsión de los mercaderes del Templo también el Señor quiere hacerlo en nuestro interior, si lo dejamos entrar a nuestro corazón vamos a descubrir cómo, con paciencia pero con fuerza, va a ir ayudándonos a convertir nuestra vida en un verdadero Templo donde el Espíritu Santo comience a morar y a iluminar, no sólo nuestra vida con sus Dones, sino a ayudarnos a ser luz para los demás, pues nuestra experiencia con la Palabra se transforma en sabiduría para los demás, y así podemos profetizar no sólo con nuestros labios sino con nuestra vida que "el amargor de la Palabra en nuestro interior" se transforma en luz con nuestro vivir.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Cantad a Dios con maestría y con júbilo

De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

    Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.
    Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?
    Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.
    El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

No dejes para mañana...

"Él le dijo:
"Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses."
Hay muchas cosas en esta parábola que nos ayudarán a reflexionar sobre nuestras vidas, nuestras conductas, nuestros actos y palabras. Porque en esta parábola se ven las actitudes no sólo de los hombres, sino también el deseo de Dios sobre los hombres, y su manera de vernos y actuar, y exigirnos. Pero no podemos en pocos renglones abarcar todo, por eso me quedo con este diálogo con el último "siervo".
Una primera cosa que me llama la atención es la respuesta del Señor: "por tu boca te juzgo, siervo malo". No tenemos en cuenta, nunca, que son nuestras palabras las que hablan de nosotros: "de la abundancia del corazón hablan los labios", dice el Señor. Y son esas palabras, dichas o calladas, las que van diciendo o expresando quiénes somos en realidad. No sólo porque podamos ser verborrágicos o callados, cotillas o prudentes, sino porque son las palabras que salen de nuestros labios las que el Señor tiene en cuenta cuando nos ve actuar o vivir.
Por eso mismo, el Señor le dice al hombre: "conque sabías que soy exigente?" Si sabías lo que quiero, si sabías lo que tenías que hacer ¿por qué no lo hiciste? ¿Tenías miedo acaso de que lo que hicieras estuviera mal? ¿Tenías miedo de que te criticaran por hacer mal las cosas? El miedo nos paraliza y no nos deja ver con claridad, no nos deja actuar y finalmente resulta todo lo contrario, por miedo de actura no actuamos y dejamos pasar el tiempo, hasta que llega el punto de deseperarnos o entristecernos porque habiando podido hacer no lo hicimos, y nos perdimos la oportunidad de obtener más de lo que podíamos.
Es que al Señor le cuesta mucho aceptar la pereza y la vagancia en sus hijos, pues Él no ha tenido pereza en aceptar la Voluntad de Dios, y nos quiere ágiles y exigentes con nosotros mismos porque "el reino de los Cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan". ¿En serio sólo los violentos? Sí, pero los que se hacen violencia consigo mismos para dejar de lado los miedos, las vergüenzas, las perezas, las vagancias, y pueden dominar sus tentaciones y tonterías y vivir de acuerdo a la Verdad del Evangelio.
Cuando alguien tiene disposición de corazón para hacer la Voluntad de Dios, nunca se queda tirado en el sofá viendo pasar la vida. Todo lo contrario quien tiene disposición de corazón siempre busca caminos de conversión, métodos para cambiar, para entregarse, para darse a los demás. Quizás y, seguramente, se equivocará mil y más veces, pero estará tranquilo porque en todo momento está en una actitud de disposición frente a la Voluntad de Dios, para actuar, para no dejarse vencer por la pereza, el miedo o el qué dirán, sino que lo que más le importa es lo que el Señor dirá de sus actitudes y de sus palabras.
Por eso aquella frase de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", es la mejor le gusta al Señor, porque nos quiere activos y dispuesto a entregarnos por la construcción del reino de los Cielos aquí en la Tierra.

martes, 20 de noviembre de 2018

Se frió o caliente...

"Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete".
"Tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto", o, como dice el poeta:
"No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavia".
Cuando la rutina y la pereza entran en la vida del cristiano, se nos va enfriando el Amor Primero, se nos va enfriando el espíritu de entrega, de servicio, de amor, de evangelización. Vamos perdiendo aquello que nos identifica como instrumentos de Dios y dejamos que el espíritu del mundo se vaya "filtrando" dentro del nuestro y nos va convirtiendo en lo que no somos, y así, dejamos de iluminar, de dar nuevo sabor, de vivir para Dios.
Por eso mismo el Señor nos recuerda que estemos vigilantes y que, llegado ese momento, nos reanimemos, nos demos nuevos impulsos con la Palabra y convirtiendo nuestra situación perfeccionemos nuestra vida a la Luz del Espíritu de Dios.
Otra advertencia que hoy nos hace, es la siguiene:
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca".
Son advertencias que el Señor nos hace a las Iglesias y a los cristianos, porque Él ve como vamos perdiendo el fuego del Amor Primero, el fuego del Espíritu que está en nuestro corazón, pero que no lo dejamos salir o no lo dejamos obrar. Quizás porque tengamos miedo, quizás por pereza, quizás porque estamos cómodos con el mundo, quizás... hay muchos quizás en nuestras vidas, hay muchas excusas que nos llevan a ser infieles a la Vida que el Señor nos ha dado, y por eso dejamos de ser el fuego abrazador del Espíritu que viene a quemar el pecado en el mundo y a dar Vida Nueva para que se salven aquellos que buscan al Señor.
No creamos que el Señor que busca, en cada momento, nuestra corrección y nos llama fuertemente la atención lo hace con un espíritu diferente al amor, no es así:
"Yo, a cuantos amo, reprendo y corrijo; ten, pues, celo y conviértete. Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo".
Él quiere que estemos con Él, Él quiere que vivamos con Él, pero también quiere que seamos "perfectos como el Padre Celestial es perfecto, y santos como el Padre Celestial es santo", porque el mundo necesita que, como Cristo, dejemos una Huella profundamente marcada para que otros puedan llegar a descubrir el verdadero rostro de Dios, y somos nosotros, los instrumentos que el Señor elegió y que respondieron a su llamado. Por eso, no nos dejemos convencer por el espíritu del mundo que nos invita a enfríar nuestros corazones en la entrega cotidiana, ni dejemos que se muera el fuego del Amor Primero, sino que seamos Cristianos Vivos que Viven el Fuego intenso del Amor que el Espíritu ha encendido en nuestros corazones.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Has abandonado el Amor Primero

"Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero".
"Has abandonado tu amor primero".
Una frase que siempre me ha sonado mucho en el corazón, porque es algo que siempre me ha gustado definir y recordar, no sólo para el amor matrimonial, sino, también, para el amor a Dios, para el amor en la consagración a Dios, de los bautizados y de los consagrados de modo especial, sean religiosos o sacerdotes.
El Señor le reprocha a alguien no que no esté trabajando por el Reino, sino que en ese trabajar por el Reino, ha perdido el amor primero. ¿Qué significa esto? Que el amor primero es lo que nos enciende y nos hace apasionado por lo que hacemos, además de hacer todo por una razón mucho mayor que nuestro propio YO, sino que lo hacemos por Alguien, por aquél o aquella a quien amamos. Es el Amor Primero el que imprime en nuestras vidas un fuego diferente y nos llena de esperanza e ilusión por lo que hacemos.
Pero cuando cuando perdemos ese fuego del primer amor, nos volvemos profesionales de lo que hacemos, hacemos las cosas por rutina, incluso el decir te amo, y todo se va volviendo menos apasionado hasta convertirse en sólo una rutina sin vida.
Hoy en día quizás, somos muchos los que hemos dejado apagar la llama del Amor Primero y comenzamos a ser sólo profesionales de la fe, trabajadores rutinarios que sólo se contentan con hacer lo debido (y en algunos casos si se puede menos menos), e, incluso en la familia si podemos pasar desapercibidos mejor. En todos los sectores de nuestra vida podemos encontrarnos viviendo sin "ganas", sin pasión, haciendo sólo lo que nos corresponde y nada más. Y eso se ve cuando quiero que todo termine pronto para ir a...
Y ahí voy a descubrir qué cosas me apasionan, pues donde esté tu tesoro estará tu corazón. ¿Qué es lo que tengo más ganas de hacer? ¿En qué lugar quiero estar que no es éste? ¿Con quién quiero estar más tiempo? Estas respuestas me abrirán los ojos para ver por dónde se ha ido mi apasionamiento, por dónde se ha ido mi amor primero.
Pero ¿ahora cómo hago para volver al amor primero? Recordando cuándo y por qué me enamoré aquella vez. Recordando y trayendo a la vida aquellos momentos que me hicieron sentir vivo, donde pude encontrar el sentido de la vida, donde me sentí vivir por primera vez y me lancé con todo mi ser a vivir algo nuevo sin tener en cuenta los resultados, ni los peligros.
Y si nuestro Amor Primero es el Señor, volver a sentir su Llamada, volver a escuchar su Voz que me llama por mi nombre y me hace sentir el latir de su corazón que, cada día, late por mí y entrega su Amor por mí. Sentir que sólo Él es quien me conoce más que yo a mí mismo y que a pesar de saber quién soy vuelve a amarme y perdonarme. Y una y otra vez vuelve a decirme que no importa mi pecado, sino que siempre tendré Su Mano tendida para sostenerme y ayudarme a levantar y volver a vivir la Fidelidad al Amor Primero.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Que no se venga el Cielo encima, busca la Luz

Siempre que leemos la Palabra podemos reflexionarla a modo universal o para iluminar nuestra propia vida. En este caso del evangelio de este Domingo donde la liturgia nos lleva a escuchar las profecías del final de los tiempos, me parece, que podemos hacer lo mismo: podemos reflexionar acerca del final de los tiempos y comenzar a hacer elucubraciones de cuándo llegará, de cómo será, de qué pasará, cómo nos encontrará, etc. etc. Y para eso tenemos un millón de películas para ponernos a pensar cómo sucederá, pero creo que no es interesante en estos momentos, o, por lo menos, para mí.
Pero sí, re-leyendo el evangelio se me presentó una imagen que creo que nos puede servir a muchos para reflexionar. Dice el Señor: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán". Claro que Él se refiere al final de los tiempos, pero también podemos pensar en nuestras grandes angustias, porque en toda vida siempre ha habido y habrá grandes angustias. Momentos en donde todo se nos oscurece y nos parece que esta el Cielo se nos viene encima, nos vemos nada y no queremos saber nada de nada, todo nos parece una .. (no puedo escribirlo) y nuestro genio y nuestro espíritu se torna negro y desesperado.
Es en ese momento donde para uno es el fin de los tiempos. Es ahí cuando el Señor nos habla de que miremos hacia el Cielo y veremos bajar al Hijo de Dios que nos trae la salvación. Es en ese momento donde debemos dejar de mirar a nuestra propia miseria y esperar la Gracia que viene de Dios, porque del fondo de nuestro ombligo no vamos a conseguir nada (salvo la basurilla que se nos acumula en el día) Pero si levantamos la mriada al Señor del Universo, a Nuestro Señor y Nuestro Hermano, vamos a descubrir que hay una Vida que aún no hemos vivido, y es una Vida que, a pesar de estar marcada por la Cruz, es una Vida digna de ser vivida y, sobre todo, con la Gracia que viene de la Cruz es una Vida que se convierte en instrumento de santificación y salvaicón.
Por eso mismo la parábola de la higuera, se puede transformar en muchas parábolas, en esas cosas que sabemos de antemano que van a suceder si no hacemos algo antes. Apagar el fuego de la cocina cuando sentimos que se nos quema la comida. Abrigarnos cuando hace frío. ¡Y tantas otras cosas más! Y ¿qué quiere decir eso? Que cuando sientas que la angustia te va a cerrar las puertas del corazón y vas a sentir que el Cielo se te viene encima, no esperes a que todo esté negro, antes levanta la mirada y busca al Señor que viene a tu encuentro, no dejes que la Luz se oscurezca, sino que sal a buscar la Luz donde verdaderamente está eternamente encendida.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Encontrará fe sobre la tierra?

"Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Siempre ha sido una frase del Señor que me ha llamado la atención y, sobre todo, me preocupa. Sí, me preocupa por el contexto de la parábola que es con lo que, generalmente, nos quedamos. La parábola de la viuda con el Juez habla de la insistencia en pedir, lo mismo que la parábola del amigo insistente (para que os acordéis: pedid y se os dará) y así, en las dos, el final es lo que no nos acordamos casi nunca. Y es el final de la parábola lo que tenemos que meditar, pues en el final siempre está la mejor y mayor reflexión.
En esta parábola el Señor termina diciendo: "pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"
¿Qué quiere decir? Que si Dios Padre nos concede siempre lo que le pedimos, aunque no sea con insistencia (sino como los padres de hoy que ante un primer chillido ya salen a comprar o a decir que a todo que sí a sus hijos), ¿nos ayuda a madurar en la Fe? ¿Nos ayuda a madurar en el amor? ¿Nos ayuda a madurar en la aceptación de la Cruz? ¿Nos ayuda a ser fuertes ante las tentaciones? ¿Nos ayuda a ayudar? ¿Nos ayuda a vivir más radicalmente el amor entre nosotros?
Si vemos cómo maduran los pequeños a los que los padres le dan todos los gustos, vamos a descubrir que, la mayoría, son niños egoístas y que no saben compartir, que creen que hay que darles todo y que les cuesta obedecer. Que, por lo tanto no saben renunciar a sus gustos y que ante cualquier situación difícil ponen el grito en el cielo.
Y así nos pasa, también, a los adultos que decimos ser muy cristianos hasta que nos toca aceptar algo que no es de nuestro gusto o agrado, o algo que no estaba en nuestro planes y proyectos. ¿Por qué? Porque no hemos sabido madurar en la fe, en el amor y la esperanza. Nos hemos contentado con sólo crecer y tener actos de religiosidad, pero no hemos madurado en la fe. No hemos tenido que hacer, cada día, una reflexión acerca de la Voluntad de Dios, para poder discernir, claramente, lo que teníamos que hacer, decir o entregar. Simplemente nos hemos dedicado a vivir, lógicamente, siendo buenos, pero no buscando la Voluntad de Dios.
¿Qué es lo que dejamos primero ante cualquier situación? Las cosas de Dios. Hablemos de la eucaristía, de la confesión, de la reflexión de la palabra, de la oración, de la dirección espiritual... Para todo ello siempre tenemos excusas para faltar o no hacerlo. Pero para otras cosas (como dirían nuestras madres) siempre tienes tiempo.
La parábola del amigo insistente (la del pedid y se os dará) finaliza diciendo: "cuanto más os dará el Espíritu Santo a aqullos que se lo pidan" y ¿pedimos insistentemente el Espíritu Santo para que nos ayude a madurar en la Fe? Casi que no. Pero sí pedimos insistentemente por cosas que nos gustan o queremos, aunque sean las más santas. Por eso es que recordemos lo que dice Jesús al final de esta parábola: "cuando venga el hijo del Hombre ¿encontrará esta fe en la tierra?"

viernes, 16 de noviembre de 2018

De un autor del siglo segundo

Creo que vale la pena tener en cuenta el consejo que os he dado acerca de la continencia; el que lo siga no se arrepentirá, sino que se salvará a sí mismo por haberlo seguido y me salvará a mí por habérselo dado. No es pequeño el premio reservado al que hace volver al buen camino a un alma descarriada y perdida. La mejor muestra de agradecimiento que podemos tributar a Dios, que nos ha creado, consiste en que tanto el que habla como el que escucha lo hagan con fe y con caridad.
    Mantengámonos firmes en nuestra fe, justos y santos, para que así podamos confiadamente rogar a Dios, pues él nos asegura: Clamarás y te responderé: «Aquí estoy.» Estas palabras incluyen una gran promesa, pues nos demuestran que el Señor está más dispuesto a dar que nosotros a pedir. Ya que nos beneficiamos todos de una benignidad tan grande, no nos envidiemos unos a otros por los bienes recibidos. Estas palabras son motivo de alegría para los que las cumplen, de condenación para los que las rechazan.
    Así pues, hermanos, ya que se nos ofrece esta magnífica ocasión de arrepentirnos, mientras aún es tiempo convirtámonos a Dios, que nos llama y se muestra dispuesto a acogernos. Si renunciamos a los placeres terrenales y dominamos nuestras tendencias pecaminosas, nos beneficiaremos de la misericordia de Jesús. Daos cuenta que ya llega el día del juicio, ardiente como un horno, y desaparecerán los cielos con estruendo y toda la tierra se licuará como el plomo en el fuego, y entonces se pondrán al descubierto nuestras obras, aun las más ocultas. Buena cosa es la limosna como penitencia del pecado; mejor el ayuno que la oración, pero mejor que ambos la limosna; la caridad cubre la multitud de los pecados, pero la oración que sale de un corazón recto libra de la muerte. Dichoso el que sea hallado perfecto en estas cosas, porque la limosna atenúa los efectos del pecado.
    Arrepintámonos de todo corazón, para que no se pierda ninguno de nosotros. Si hemos recibido el encargo de apartar a los idólatras de sus errores, ¡cuánto más debemos procurar no perdernos nosotros que ya conocemos a Dios! Ayudémonos, pues, unos a otros en el camino del bien, sin olvidar a los más débiles, y exhortémonos mutuamente a la conversión.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Volver a encontrarnos

Es hermosa la carta de san Pablo a Filemón porque en ella revela sus sentimientos, su sensibilidad y da un paso más acerca de la dignidad del hombre, pues habla de Onésimo, quien era esclavo y ahora, bautizado, es hombre libre y, como tal, un hermano querido.
"Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí. Te lo envío como a hijo".
Aparentemente Onésimo había sido encarcelado y ahí se encontró con san Pablo, quien lo ha bautizado y por eso habla de que lo engendré como hijo, pues le ha dado la Vida Nueva por medio del agua bautismal. Así también nos demuestra lo importante y significativo que es el bautismo en cuanto no sólo nos purifica y transforma en hijos de Dios, sino que nos devuelve la libertad de los hijos de Dios, para que así ya no seamos "ni esclavos ni libres, ni judíos ni griegos" sino simplemente hermanos por ser engendrados por el mismo Padre que está en el Cielo.
"Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor".
Seguramente, como sucedía en aquellos tiempos, el esclavo que se escapaba de la casa de su amo era puesto en la cárcel y muchas veces con castigos peores, y al regresar a la casa a la que pertenecía tenía mayores trabajos o, quizás, mayores tormentos. Por eso mismo Pablo habla de que "se apartó de tí por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre".
Es cierto que, también, nos sucede eso muchas veces con personas a las que queremos (o que a veces pensamos que habíamos querido) que, por x o por z, se alejan de nosotros, o que por tal o cual nos distanciamos e incluso nos peleamos por alguna situación, pero que, luego de pasado el tiempo podemos reconciliarnos y reconocernos como verdaderos hermanos.
La distancia nos hace ver, en algunos momentos, lo que podemos o hemos perdido, y, sobre todo, cuando perdemos a alguien muy querido, siempre nos ayuda a ver el valor del otro, cosa que, cuando estábamos tan cerca no podíamos disfrutarlo o entenderlo. Por eso, la distancia nos cambia y si tenemos la capacidad de reconsiderar lo vivido podemos re-encontrarnos con lo que hemos dejado atrás, de un modo nuevo y más pleno.
"Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí". Los buenos mediadores son los que nos ayudan a rehacer relaciones que se han perdido o se han roto, e, incluso, tenemos que ser esos buenos mediadores que ayuden a unir y no ser los que ayuden a desunir, a las desaveniencias y discusiones, sino ser portadores de amistad, de luz, de paz. Que nuestros celos y envidias no sean causa de divisiones entre nuestras familias, amigos, comunidades, sino que libres de la esclavitud del pecado seamos verdaderos instrumentos de unión y de paz.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Sensatos en Cristo

Le dice san Pablo a Tito, en esta carta en la cual le da tantas recomendaciones:
"Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Habla mucho, en estas recomendaciones, de la sensatez, ser sensatos, es decir, pensar bien las cosas, aprender a pensar lo que hacemos, darle un sentido a lo que hacemos y el por qué lo hacemos, no vivir insensatamente porque se nos han dado razones para vivir, y para vivir cristianamente.
Por eso sigue aclarando que antes, cuando no conocíamos al Señor, cuando no conocíamos a Dios y no habíamos decidido seguirlo, "éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Cuando nos dejamos llevar por los propios instintos y, sobre todo, por el instinto de supervivencia, no nos importa a quien le hacemos daño o contra quien hablamos, porque estamos "intentando" defendernons de algo o de alguien. Pero el Señor nos presenta otro tipo de vida, nos invita a vivir de otra manera y, lo primero que tenemos que hacer, es aprender a pensar cristianamente, o sea, como Cristo. Y ¿cómo piensa Cristo cuando va a hacer algo o a decir algo? "No hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre", "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre". Y, por eso mismo dice el escritor de la carta a los Hebreos: "siendo hijo aprendió por el sufrimiento a obedecer".
Y así es la vida que hemos decidido vivir cuando aceptamos ser cristianos: obedecer a la Voluntad de Dios, aunque nos lleve, como a Jesús, al Huerto de los Olivos y a la Cruz. Porque Él nos ha dado razones para creer que ese es El Camino que nos lleva a la Vida, y es el Camino que nosotros hemos elegido para vivir.
Así nuestro día a día tiene que comenzar a ser "sensato", pero de acuerdo a la Voluntad de Dios, no de acuerdo al pensar del mundo, sino al vivir de Cristo.
"Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, que derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de la vida eterna".

martes, 13 de noviembre de 2018

Siervos inútiles

"¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:
"Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer"».
Si leemos este párrafo fuera del contexto de la predicación de Jesús, podríamos llegar a pensar que no tenemos que ser agradecidos con quienes trabajan a nuestro cargo o por nuestro cargo, pues todos tenemos que ser agradecidos con todos y con todo, pues ser agradecidos es de buena persona, aunque esté pagando por el trabajo que están realizando.
Pero la idea de Jesús viene por otro lado, o por lo menos es lo que pienso yo, porque muchas veces cuando hacemos las cosas puede ser que nos sintamos como los mejores del mundo, otras veces creemos que no hay nadie como nosotros para hacer lo que yo hago, y son esos momentos en donde la vanidad y la soberbia se nos suben a la cabeza y perdemos de vista Quién es el que nos envía a hacer algo, o el por qué lo hacemos.
Cuando hacemos las cosas porque son Voluntad de Dios es Él quien nos da la Gracia para hacer las cosas, y por eso somos servidores de Su Voluntad, y servidores de los hermanos. Si no tuviéramos su Gracia y sus Dones no podríamos hacer nada, por que todo nos lo ha dado Él para nuestro bien y el de nuestros hermanos.
Además, cuando nos damos cuenta que todo es de Dios y todo nos lo da Dios, entonces puede ofrecerle a Él todo lo que hago sabiendo que sólo Él puede darle continuidad a Su Obra, y que si algo permanece de mí en esa obra es por su Gracia y no por mis méritos.
No quiere el Señor que nos creamos los hacedores del mundo y que por ello dejemos de considerar a los demás como hermanos nuestros, o como iguales en todo a mí, porque eso trae malas relaciones en nuestra vida comunitaria, trae desaveniencias, discusiones y, por otro lado, no aprendemos a compartir los dones que el Señor nos ha dado con su Amor, y al no compartir no hacemos a los otros capaces de aprender a valorar lo que Dios nos ha dado.
Es cierto que cada uno tenemos dones y talentos diferentes, pero son para ponerlos en las Manos del Señor para que Él nos ayude a ofrecerlos para el bien de los demás, y, por eso mismo, somos también instrumentos para transmitir todo aquello que he aprendido del Señor.
Sí, somos siervos inútiles, pero con la Gracia del Señor y haciendo Su Voluntad todo lo que hagamos será útil para los demás y dará su fruto a su debido tiempo.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Busco tu rostro, Señor

«Auméntanos la fe».
El Señor contestó:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." y os obedecería».
Muchas veces, a nosotros también, nos sale el mismo pedido al Señor: "auméntanos la fe", como si tuviéramos poca fe. Pero vemos cómo el Señor le responde a los apóstoles, es decir que no necesitamos "mucha fe", sino que necesitamos creer verdaderamente en lo que Dios nos ha regalado, en lo que Dios nos ha dado. Por que la Fe es un Don de Dios: "esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el Cielo", le dijo Jesús a Pedro. Y cuando el Padre del Cielo nos da algo no lo da en "cantidades pequeñas", sino que sólo nos da lo que necesitamos para tal o cual misión. Y, en realidad nos lo da todo, así como Jesús que no se dio sólo un trocito de él, sino que se entregó totalmente a nosotros, "hasta la muerte en Cruz".
Por eso no pidamos "más fe", sino pidamos cómo madurar en la fe, cómo vivir la fe, porque en realidad ese es el motivo de sentir que no tenemos fe, o que no nos alcanza la fe. Es cierto que hay momentos de mucha oscuridad en nuestas vidas, pero son esos momentos los que nos permiten fortalecer y madurar en la fe, pues la Fe es la fuerza que tenemos para caminar en la oscuridad: "aunque camine por valles oscuros no temeré, porque tu vara y tu cayado me sostienen".
En otros casos nos dará miedo sentir que nos hundimos, pero el Señor nos dirá: "toma mi mano" y si sostengo mi mirada en Su Mirada, entonces volveré a caminar sobre las aguas.
Y algún día sentiré que todo se hunde, porque los vientos de la vida soplan muy fuerte y el temor se apodera de mí y le diré al Señor: "Señor, no te importa que me hunda. Y el Señor ahí sí que nos dirá ¡hombres de poca fe! ¿por qué dudaste?" si Él estaba conmigo en la barca, si el está conmigo en el Camino de la Vida. "No temas, pequeño rebaño".
Por todo esto me gustó la antífona del Salmo de hoy:
"esta es la generación que busca tu rostro, Señor".
Porque sólo mirando constantemente el rostro del Señor tendré confianza para caminar en la oscuridad, para andar sobre las aguas tempestuosas, para no temer en las tormentas... Contemplando su rostro no temeré porque su mirada sostiene mi vida, su amor enciende mi amor, su Vida fortalece mi Fe.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Confianza y generosidad

¿Somos generosos con lo que tenemos? ¿Sabemos apreciar lo que tenemos? ¿Confiamos en la Providencia Divina? ¿Nos gusta que sean generosos con nosotros? ¿Sabemos compadecernos del dolor de los demás?
Estas y muchas otras preguntas me surgen al leer los textos de este domingo, especialmente de Los Reyes y el Evangelio.
Quizás suene un poco duro el pedido de Elías a la mujer de Sarepta, pero lo hacía con un motivo mucho más grande que su propio deseo o su propia hambre: hacer conocer le Providencia Divina, pues el Señor había dicho:
"La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra"».
Y como Elías confiaba y creía en la Palabra del Señor, quería que también esa familia creyera gracias al milagro que iba a realizar.
La viuda del evangelio no actúo por pedido de Jesús ni por pedido de nadie, sino actuó sólo por generosidad de su corazón. Sabía que tenía que te ofrecerle al Señor lo que el Señor le había dado, pero no tenía más que esas dos monedad para vivir, y no dudó en dárselas. Y eso generó el asombro de Jesús y por eso la pone como ejemplo de generosidad al Señor.
Y todo esto no es para compararnos y saber si damos más que los demás o si los demás dan menos que nosotros. Porque, muchas veces, surge esa comparación ridícula y egoísta de decir "si fulano no hace lo mismo que yo", o "yo hago más que ninguno", y no es así lo que Dios quiere conseguir con estos ejemplos, sino hacernos ver que hay todavía mucho egoísmo en nuestro corazón. Egoísmo que permanece por nuestra falta de confianza en la Providencia Divina. Egoísmo que permanece por nuestro poco amor a los demás, porque no sabemos mirar a todos como nos mira el Señor, con una mirada de compasión por nuestro dolor.
Porque Dios nos amó y vió el dolor del pecado que habitaba en nosotros y por eso envió a su Hijo Único a librarnos del pecado. Y así su Hijo se entregó totalmente a nosotros para que nosotros recibiéramos el mayor de los tesoros: ser hijos de Dios. Por eso nos hemos de preguntar ¿qué es lo que le entregamos al Señor cada día? O, ¿nos entregamos confiadamente a las Manos del Señor cada día?
Seguramente tenemos respuestas a estas preguntas o tenemos excusas para estas preguntas, porque no siempre nos hemos entregado todo entero a la Voluntad de Dios, pues siempre nos dejamos cosas y tiempo para nosotros. Y con esto no quiero decir que tenemos que estar todo el día en la parroquia trabajando, sino que es mirar en cada momento cuál es la Voluntad de Dios, aprender a discernir y hacer lo que Él quiere, pues esa es mi entrega cotidiana.
Como escribía Santa Teresa:
Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz crecida,
Flaqueza o fuerza cumplida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno, o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración,
Sí no, dadme sequedad,
Si abundancia y devoción,
Y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
Sólo hallo paz aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?

sábado, 10 de noviembre de 2018

Fiel en lo poco y en lo mucho

"Hermanos:
Me alegré muchísimo en Cristo de que ahora, por fin, haya vuelto a florecer vuestro interés por mi; siempre lo habíais sentido, pero os faltaba la ocasión. ... Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones".
En carta de San Pablo a los filipenses vemos cómo se alegra de la cercanía de la comunidad, una comunidad que no necesitaba que le dijesen o le pidiesen algo, sino que estaban siempre con el corazón preparado para ofrecer a Pablo o a otras comunidades de lo que ellos tenían, pero, sobre todo, como él mismo dice: "hicisteis bien en compartir mis tribulaciones".
Cuando el cristiano aprendió con Jesús a ser compasivo, aprendió a tener los ojos abiertos a las necesidades de los demás, y por eso no hace falta que nadie le diga necesito esto o lo otro, sino que le da lo que tiene para apagar la necesidad de sus hermanos. Necesidades que no sólo son materiales, sino que también son espirituales.
Lo que nos pasa es que siempre estamos vueltos hacia nosotros mismos, o nuestras familias (lo cual está bien) y sólo miramos dentro de las paredes de nuestra casa y no somos capaces de mirar hacia los demás. Bueno, en realidad miramos hacia los demás o para criticarlos o para decir que no hacen nada por mí. Pero esas no son actitudes cristianas...
Por eso a esta carta de san Pablo a los filipenses tenemos que unir lo que Jesús nos predica desde el evangelio:
"El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?".
Por lo que podemos cambiar algunas palabras y decir: quien es generoso en lo poco es generoso en lo mucho", pero no siempre ocurre este razonamiento en nuestras vidas, pues como la viuda del evangelio no damos de lo que tenemos sino de lo que nos sobra. Y no sólo en lo material (vuelvo a insistir) sino también en lo espiritual.
¿Por qué esta exigencia de estar siempre mirando hacia los demás? Por que así es el verdadero amor que tenemos que vivir los cristianos, un amor que se brinda en todo momento, y para brindarse tiene que estar al tanto de lo que le sucede al otro, poder mirar al otro y compadecerse de su vida. Es decir, padecer con el otro, y si llegamos a poder padecer con el otro entonces intentaremos cubrir sus necesidades, ya sea desde lo económico como desde la oración o la compañía.
¡Hay tantas manera de ayudar a los demás si tenemos el corazón disponible! Pero si siempre estamos mirando nuestro propio ombligo y quejándonos de lo que nos falta y de lo que nos duele, entonces nunca tendremos ni tiempo ni dinero ni ganas de amar como Jesús nos amó, porque lo primero siempre será que se compadezcan de mí para luego poder ayudar a los demás.