sábado, 31 de marzo de 2018

Desde el silencio de la oscuridad

En el silencio de la Noche se fortalece la Fe, la oscuridad hace que nuestra Fe comience a echar raíces en la Luz del Espíritu, pues ha sido el Espíritu quien mantuvo encendida la esperanza de los apóstoles, quien mantuvo el Corazón de María expectante hasta que llegó La Hora en que el Hijo debía resucitar de entre los muertos, una hora que sólo el Padre y el Hijo conocen.
Así, desde la Hora de la Pasión y la Muerte en Cruz, se ha quedado todo en silencio, un silencio lleno de dolor, de lágrimas, quizás también, de desesperanza porque las palabras de Jesús: "y al tercer día resucitaré de entre los muertos", se perdieron en la oscuridad del dolor de la cruz.
Todos huyeron menos María, Magdalena y la otra María, junto a Juan, que permanecieron junto a La Cruz del Señor para acompañar hasta el último suspiro a quién era su Esperanza, a quién era su Amor, al Hijo de sus entrañas.
Luego lo llevaron al sepulcro y con la piedra quisieron tapar el dolor de la ausencia, el dolor de la entrega a la tierra de todo lo que habían conseguido cambiar en sus corazones, porque Él había sembrado la semilla de una Vida Nueva, de una Esperanza Viva, de una ilusión en un nuevo modo de vivir. Pero su dolorosa muerte había apagado la llama que había comenzdo a crecer.
Sí, se habían olvidado de las mejores palabras de Jesús: "y al tercer día resucitaré de entre los muertos".
El dolor, la oscuridad, la cruz siempre nos ciegan, se oscurece y se endurece el corazón para no dejarnos ver el rayo de Luz que un día alumbró nuestra vida, y pasamos a la oscuridad de la falta de fe, al sinsentido de la religión y a descubrir sólo a un Dios que ha muerto en una Cruz inútil para nuestro dolor.
Pero los apóstoles tuvieron una ayuda extraordinaria, junto a María, se renuían a rezar, porque Ella sí había mantenido la esperanza en las Palabras de Su Hijo, porque a Ella Sus Palabras siempre estuvieron conservadas en su Corazón, y ha sido Ella quien a pesar de las lágrimas y el inmenso dolor que le atravezó el Corazón, pudo seguir creyendo y esperando. Creyendo porque no se olvidó de ninguna de las Palabras de Su Hijo y Esperando porque tenía total confianza en lo que Él había dicho, y, sobre todo, tenía total confianza en la Providencia del Padre que le había dado a Su Hijo y ahora, también, se lo volvería a dar resucitado.
Por eso, en el silencio de la noche y de la oscuridad la Esperanza y la Confianza van encendiendo y fortaleciendo la llama de la Fe que nacerá en el Cirio Pascual, que se hará canto y alegría en la Noche Santa de la Pascua, donde la Luz volverá a iluminar la oscuridad del sinsentido y de la desesperanción, para que el desde lo profundo de nuestro corazón vuelva a nacer la alegría del ¡Aleluya! ¡Gloria a Dios! porque nos ha elegido para darnos Vida Nueva.

viernes, 30 de marzo de 2018

Lo más importante...


Lo más importante no es...
·      Que yo te busque, sino que tú me buscas en todos los caminos.
·      Que yo te llame por tu nombre, sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos.
·      Que yo te grite cuando no tengo ni palabra, sino que tú gimes en mí con tu grito.
·      Que yo tenga proyectos para ti, sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro.
·      Que yo te comprenda, sino que tú me comprendes en mi último secreto.
·      Que yo hable de ti con sabiduría, sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera.
·      Que yo te guarde en mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano.
·      Que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas.
·      Que yo trate de animarme, de planificar, sino que tu fuego arda dentro de mis huesos.
·      Porque ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... Si tú no me buscas, llamas y amas primero? El silencio agradecido es mi última palabra y mi mejor manera de encontrarte.

jueves, 29 de marzo de 2018

La Cena del Amor

No sólo el día es hermoso, sino lo que celebramos es más hermoso hoy: Jueves Santo, la institución de la Eucaristía. Con esta hermosa celebración comenzamos el Santo Triduo Pascual, a partir de hoy con el Memorial de la Última Cena comenzamos a vivir el Gran Misterio de nuestra Fe: un Dios que se hace Hombre para dárnsenos a los hombres como Alimento y Vida para salvarnos.
La celebración de la Misa del Jueves Santo tiene tantos ingredientes que es imposible poder resumirlos en una sola reflexión, o en una sola charla. Por eso siempre surgen, cada vez que la lees, diferentes enfoques de lo que Jesús quiso dejarnos como Testamento Espiritual.
Hoy me fijé en un detalle:
"Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido".
Quizás no os diga nada al leer el texto así de corrido, pero centrémonos en un detalle y pensemos qué haríamos nosotros: Jesús ya sabía que Judas Iscariote lo iba a entregar, pero igual se postra a sus pies para lavarle los pies al igual que a los otros apóstoles. Hace un hermoso acto de servicio de amor a quien Él sabía que lo iba a "traicionar", que por él iba a ser entregado a los Sumos Sacerdotes.
¿Harías tú lo mismo con alguien que sabes que te va a traicionar? ¿Tendrías un gran gesto de amor con alguien que te ha traicionado?
A partir de ese momento, para mí, comienza Jesús a domostrarnos el hermoso (y difícil) mandamiento que nos deja en esta noche: "amaos unos a otros como Yo os amé". Y ese es el Gran Amor de Jesús: amar en servicio aunque sepa que el otro no me ama, o que, todo lo contrario, me ha tracionado o me va a traicionar.
Y ¿por qué comienza ahí el mandamiento del amor? Porque, (vuelvo a insistir) para mí, se hace pleno ese mandamiento en la Cruz, y no por dejarse crucificar y morir, sino cuando dice: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen". Es en esa frase cuando hace pleno el mandamiento del Amor, y más eficacia o plenitud cobran las palabras con que sella esa mandamiento, en la Última Cena: "os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis".
Pero ¿cómo poder nosotros pobres criaturas vivir ese Amor tan intenso y total? Por eso mismo Él se quedó en el Pan de la Eucaristía. No podemos vivir el Mandamiento del Amor, si no nos alimentamos con el Amor mismo, si no comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre no tendremos la fuerza y el deseo de Amar como Él nos amó.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Llamados, elegidos y enviados

Dice Isaías:
"El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás".
En este párrafo de Isaías podemos comprender o entender lo que es ser discípulo del Señor, de Jesús: somos elegidos para una misión, pero para poder realizar esa misión debemos tener el oído atento a Quién nos ha llamado y qué misión nos ha dado, y estar dispuestos a vivir lo que sea Voluntad de Dios.
En este caso Isaías va a profetizar lo que el Hijo, el Enviado del Padre, va a tener que vivir y cómo lo va a vivir, además de que también Jesús siempre nos va a recordar que, como Hijo, como Enviado, tiene los oídos atentos a la Voz del Padre para hacer siempre su Voluntad, y en estos días veremos cómo, a pesar de que la aceptación de la Voluntad de Dios le produzca una agonía de muerte y hasta la muerte y muerte en Cruz, no va a dejar de ser Fiel a esa Voluntad, pues es lo esencial de su misión y quiere mantenerse Fiel al Sí a la Voluntad de Dios.
Frente a esta aceptación de la Voluntad de Dios se nos presenta la imagen de Judas Iscariote, en el Evangelio. Un discípulo que actuó por su propia cuenta sin tener el oído atento a la Voz del Padre, ni de quien lo había elegido para ser discípulo. Al actuar por su cuenta, aunque también ese actuar estaba dentro de los planes de Dios, no actuó bien, pues se dejó engañar por la voz de los hombres que sólo buscaban su propio interés y no la Voluntad de Dios.
Y cuando digo engañar por la voz del hombre, no es sólo por la voz de los doctores de la ley o los sumos sacerdotres, sino que, muchas veces, nos dejamos engañar por nosotros mismos, por nuestra propia voz interior.
Sí, porque tú y yo, todos hemos sido elegidos para ser discípulos de Cristo, y por eso tenemos que teneer el oído atento y muy "afinado" para escuchar la Voz del Señor, para saber cuándo lo que escucho es de Dios y cuándo no. Porque nuestra vida, desde el momento en que somos conscientes de nuestra consagración bautismal, es una vida consagrada a la misión que el Padre tiene para nosotros, una misión que el Hijo nos recordó: sois luz del mundo... sois sal en la tierra... sois levadura en la masa... yo os envío para anunciar hasta el confín del mundo la Buena Noticia... y tantas otras cosas más que el Hijo nos fue diciendo.
Y nos falta la fundamental: en la medida en que os améis unos a otros, así el mundo sabrá que sois mis discípulos...
Y todo esto ¿cómo hacemos para vivirlo? ¿cómo hacemos para ser fieles? No podemos nunca ser fieles a la misión que el Padre nos ha encomendado, y para la cual el Hijo nos ha llamado, si no nos relacionamos constantemente con Él.
Y es ahí en ese punto de la relación constante y personal con el Señor en la que siempre escuchamos una voz humana que nos ayuda a poner excusas para no estar a disposición del Señor. Siempre, sea la edad que sea que tengamos, tenemos una excusa apropiada para no llegarnos hasta el altar del Señor a alimentarnos con su Vida, para que nuestra vida esté fortalecida con su Vida.

martes, 27 de marzo de 2018

Él nos elige y nosotros decidimos

Dios le dijo a Isaías y hoy nos lo vuelve a repetir a nosotros:
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
"Te hago luz de las naciones", es nuestra vida, es nuestra misión: iluminar el camino de los hombres, mostrarles un Camino Nuevo, el Camino no sólo que recorrió Jesús, sino a Jesús mismo porque Él es el Camino que nos lleva a la Vida Verdadera, que nos conduce al Padre. Y nosotros, por Gracia del Espíritu Santo y porque Él nos elegió, debemos ser esa Luz que ilumina el Camino, nuestra vida debe ser esa luz que ilumina ese Camino.
Pero si a esta lectura de Isaías le unimos el evangelio de hoy, vamos a descubrir que, muchas veces, esa Luz que hay en nosotros se apaga, se desvanece o ilumina otros camnos. Sí, porque se nos mezclan en el corazón los deseos, las tentaciones, le pecado nos hace desear lo que no debemos y por eso, como Judas o Pedro, traicionamos la elección que ha hecho el mismo Señor.
A veces, como Judas, nos vendemos al mejor postor y traicionamos al Señor queriendo cambiar nosotros mismos el rumbo que lleva la Palabra de Dios. Pero es Dios mismo quien en este caso usó del error del Judas para cumplir, igualmente su Voluntad. Pero no siempre lo puede realizar en nosotros porque nuestro corazón se vuelve obstinado y no permite que Dios obre, pues ya nuestro corazón se ha perdido en la misma oscuridad que tenía que iluminar y hacer desaparecer, pues nuestra luz por nuestra inconstancia e infidelidades se transformó en tiniebla y dejó de tener la Luz propia del Espíritu.
Y, por otro lado, tenemos la traicióno de Pedro. Pedro con todo su temperamente hizo un juramento de vida de no traicionar a Jesús, pero esa bravuconada del principio se volvió debilidad ante la voz del mundo, ante el miedo de ser condenado, negó lo que era y dejó solo a su Maestro y Señor. Pero el resultado fue diferente porque sinitendo el dolor de la traición "lloró amargamente" y se reconcilió con el Señor, volvió a ser Luz para las naciones, volvió al Señor y fue con Él Camino que lleva a la Vida.
Los tres personajes de hoy nos muestran las elecciones de Dios y las elecciones que hacemos, cada día, nosotros mismos. Sabemos todos que Dios nos ha elegido y nos ha llamado para ser Luz del mundo, pero, día a día, al levantarnos y comenzar nuestra jornada, elegimos, también nosotros, cómo vivir. Dios nos dará la Gracia necesaria para ser Fieles si elegimos vivir su Voluntad, en caso contrario sólo haremos lo que nuestras fuerzas puedan, y nada será lo mismo pues los frutos sólo serán humanos y no estarán "regados" con la fuerza de Dios.

lunes, 26 de marzo de 2018

El amor siempre se adelanta

"Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa".
Ya fue su entrada triunfal en Jerusalén, la gente lo recibió con palmas y lo proclamó Bendito porque viene a salvar al pueblo, bendito por ser el Hijo de David... pero en su corazón sabía lo que estaba sucediendo y lo que iba a suceder. En su corazón ya comenzaba a sentirse al angustia de la Cruz, la angustia del martirio, la angustia de la muerte. Pero ante la angustia de la muerte: "¿qué he de decir? Si para esta hora he venido... Padre, glorifica tu nombre".
Por eso, como hombre que vive el dolor de la muerte no quiere estar solo, busca refugio en aquellos que lo quieren, se refugia en el corazón de los que ama y de los que sabe que comprenden su silencio, su dolor. Y es María quién se hace eco de ese dolor e intenta suavizarlo con la fragancia no sólo del perfume, sino del amor de su amistad.
Hay momentos en donde no hacen falta las palabras para saber que te comprenden, que te entienden y que por eso, aunque no haya nada para poder suavizar el dolor del alma, el calor de la mano amiga, el calor del corazón del amigo es lo que hace que todo cobre sentido.
El saber que has sembrado amor en el corazón de los demás, y que ese amor permanecerá para siempre, pues el lo único que no se acaba con la muerte, es lo que suaviza la agonía del alma.
Pero siempre hay alguien que quiere demostrar algo más e interrumpe la magia del momento, interrumpe con una reflexión buena pero atemporal, que podría ser algo bueno lo que dice pero no en ese momento. Porque sólo piensa en sí mismo y por eso no puede descubrir lo que sucede a su alrededor, sólo piensa en lo que el haría y no en lo que los otros necesitan de verdad. Judas, frente a la imagen de Jesús y María, solo quiere que eso no suceda, ya no es él protagonista de la situación y no comprender qué es lo que está sucediendo, y por eso irrumpe con su palabra.
Y, Dios, siempre logra algo bueno de lo malo, por eso le da a entender a Judas que lo que está haciendo María es algo profético, adelanta una hora que no tendrá luego porque no podrá en su momento ungir el cuerpo de Jesús muerto. Y así no sólo muestra el egoísmo de Judas sino que nos da a entender lo que vendrá. Y, por otro lado nos habla que el amor siempre se adelanta pues mira más allá de sí mismo, y no deja para después la entrega de su amor para abrazar y cobijar a quien ama.

domingo, 25 de marzo de 2018

Comenzamos a vivir su Pasión

Domingo de Ramos, parece un título un poco pobre para el día en que comenzamos a vivir la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Sí, es pobre porque significa que sólo nos quedamos con los Ramos de Olivo y no con lo que realmente significan los Ramos y toda la liturgia de este día. Porque si bien la liturgia de hoy comienza con la bendición de Ramos, es sólo el comienzo de una día en el que con esos mimos ramos que levantamos para darle la bienvenida al Rey de los Cielos, al Hijo de David que viene a salvarnos, después sólo nos queda el recuerdo de lo que ha pasado y volvemos, como en la lectura de la Pasión a traicionarlo con nuestras infidelidades y nos olvidamos de lo que hemos anunciado con nuestros labios: ¡Hossanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
Aunque en realidad, pensándolo bien, esta liturgia nos quiere hacer abrir los ojos ante nuestra realidad cotidiana, ante la urgencia de todas las cosas que nos van aturdiendo constantemente y no nos dejan pensar con claridad, por eso nos dejamos llevar por los gritos de los más fuertes, o por los más fuertes gritos, aunque no sean de los más fuertes e inteligentes.
El pueblo comenzó a gritar, días después: ¡Crucifícalo!, pero quizás no era eso lo que querían, pero como todos los gritaban, y sobre todo lo gritaban aquellos que no querían ver la Verdad, o mejor dicho que, viendo la Verdad no querían reconocerla, y prefirieron matar la Verdad antes que arrepentirse y darle la Razón a la Verdad. Y los demás sin querer o no tener ganas de ponerse a pensar qué y por qué decínan lo que decían, seguieron a los gritos fuertes y se hicieron cómplices de la crucifixión.
Quizás no nos demos cuenta pero cuando no pensamos lo que hacemos, cuando nos dejamos llevar por las voces más fuertes, cuando es el montón quien nos lleva y no somos nosotros quienes tomamos nuestras propias decisiiones, porque simplemente no queremos pensarlas, entonces no podemos culpar a nadie de lo que nos pasa o de lo que no nos pasa porque simplemente yo no he pensado, no he reflexionado, me he dejado llevar, y, hasta en algunos momentos me he hecho cómplice de situaciones que nunca pensé que iba a vivir.
Dios no quiere que no pensemos. Dios no nos pide que lo sigamos a ciegas, sino que nos da, siempre, razones para creer. Y por eso cuando he conocido a Dios y descubierto la grandeza de su Amor, no puedo no aceptar su Voluntad porque lo conozco y se que lo que quiere para mí es la plenitud de mi vida, pues la bienanventuranza que me ofreció su Hijo es lo que anhela mi corazón. Y el Camino para alcanzarla es el Camino que recorrió su Hijo, y aunque en el Camino Él sufrió, también, la soledad, la pasión y la muerte, lo hizo con la mirada puesta en la Resurrección pues ese es el Sentido de todo el Camino: la Vida Nueva en Cristo, la Vida Nueva que no sólo nos espera en el allá, sino la Vida Nueva que comenzamos a vivir aquí, con la Gracia de Dios.
No dejemos que estos días seamos simples espectadores de un espectáculo de desfiles y música, sino que junto a todo lo que vamos a ver, podamos vivir con intensidad los pasos que el Señor, nuestro Hermano recorrió por Amor a nosotros.

sábado, 24 de marzo de 2018

Vivir lo que creemos

"Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
El miedo y la vanidad se juntaron para destruir la confianza en la Providencia, ya no podían llegar a ver la Voluntad de Dios pues sólo buscaban una seguridad humana que no les quitara lo que habían conseguido. Jesús era para ellos no el Mesías Prometido que venía a liberarlos, sino que se había convertido en un estorbo para lo que querían vivir según sus propias normas y leyes.
Es un reflejo del por qué hoy, en este siglo XXI, y desde que nació el cristianismo siempre se quiere quitarlo del medio. ¿Por qué sino por todas partes atacan a la Iglesia de Cristo? ¿Por qué todos buscan constantemente "liquidar" las cosas cristianas? En muchos lugares no sólo se persigue y se da muerte a los cristianos, sino que en otros se quitan las cruces de las plazas, se levantan falsos testimonios y se busca por todos los medios desacreditar lo que Jesús nos ha dejado como herencia para la salvación de nuestras almas.
"Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo".
Siempre hay alguién que está preparado para poder denunciar algo, para poder dar argumentos para poder quitar del medio a Jesús, su Palabra, su figura, los valores de su Vida.
Es cierto que por ser tan humanos seguimos pecando y cometemos miles de errores, pero no por eso somos los peores del mundo y por eso hay que quitarnos del medio, sino que, como dijo Jesús: "si esto hacen con la leña verde ¿qué no harán con la seca?".
Por eso, en este tiempo en que volvemos a vivir junto a Jesús toda su Pasión, recordemos que todo lo vivió para que nosotros, pudiésemos alcanzar una Vida Nueva, que comienza con la conversión del corazón hacia la Voluntad de Dios, confiando en Su Palabra y entregándonos por completo a Él. Él mismo nos lo dijo: "no tengaís miedo a quién puede matar el cuerpo", no tengamos miedo de manifestar nuestra fe, de dar a conocer lo que intentamos, con la Gracia del Espíritu Santo, vivir; pero esforcémonos para que la Vida de Cristo se manifieste en nuestra vida, para que el mandamiento del Amor que nos dejó como testimonio y signo de ser pertenencia de Él lo podamos vivir con total confianza y radicalidad.
Para defender lo que creemos tenemos que vivir lo que predicamos, por eso pidamos al Espíritu la fortaleza para llevar a la Vida lo que Jesús nos dio con su Vida.

viernes, 23 de marzo de 2018

Junto a la Cruz

Se podría decir que ya entramos en las vivencias propias de la Semana Santa, porque hoy celebramos el Viernes de Dolores, donde recordamos los Dolores de la Virgen María, Madre de Jesús, en un recorrido por toda su vida como unida a la Pasión de su Hijo. Aquella profecía del viejo Simeón, el día en que presentarón María y José a Jesús en el Templo: "y a tí misma una espada te atravesará el alma", se va a comenzar a completar en estos días de la Pasión, pues esa espada comenzó a llegar a María ya desde el momento del nacimiento de Jesús, cuando al poco tiempo tuvo que huir con su pequeño hijo a tierras extrañas, para llegar a hacerse absoluto dolor junto a la Cruz de su Hijo.
Recordar los Dolores de María es poder comprender que nuestra vida, como la de Ella, está asociada a la Cruz de Cristo, una Cruz que libera, que salva, que purifica del pecado y que nos hace, junto con Jesús, constructores de un Hombre Nuevo que puede vivir en la libertad de los Hijos de Dios.
Como dice San Pablo: "Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia", unidos a la Cruz de Cristo continuamos, sin merecerlo, la Obra que Él mismo comenzó, pues aún libre del pacado original seguimos no haciendo lo que debemos sino lo que el pecado, suscita en nosotros. Y ese pecado que aún vive en nosotros es el que nos lleva a no ser verdaderos instrumentos en las Manos del Señor.
Por eso, cuando miramos a María, no sólo vemos a la Madre a quien pedirle cosas, sino que es Ella quien nos invita a renovar, día a día, nuestra Fidelidad a Dios en todo, incluso en la aceptación diaria de nuestra Cruz, para que, junto con Ella, podamos ofrecerle al Padre nuestro dolor y nuestro sacrificio. Pues sabemos que si unimos nuestras cruces a la Cruz de Cristo, todo cobra un sentido redentor pues es Él quien asume nuestra carga y nos acopaña en el Camino, porque Él se hace nuestro Cireneo y nos acompaña para alcanzar la meta.
María, en este Viernes de Dolores, quiere que nos demos cuenta que ninguna Cruz y ningún dolor es tan grande que no podamos aceptarlo y asumirlo y, junto con Jesús, nos ayudan a clamar al Padre: "no se haga mi voluntad sino la tuya".

jueves, 22 de marzo de 2018

No correr, vivir el tiempo

Vivimos en un mundo y en una realidad que nos hace (como se dice aquí) "ir a toda pastilla", es decir, vamos muy rápido por esta vida y pretendemos que todo sea no sólo para mañana sino para ayer, no nos alcanzan las horas del día para hacer todo lo que queremos y no nos alcanzan los años de la vida para vivir todo lo que anhelamos. Y ¿cuál es el problema? Lo pensaba al recordar la promesa de Dios a Abrán, quien luego pasó a llamarse Abrahán:
"Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti".
Y Abrahán se fue poniendo viejo al igual que Sara, su mujer, y no podían tener hijos. Y la ansiedad lo hizo tener un hijo, Ismael, con la criada. Pero ese no era el hijo de la Promesa, hasta que llegó Isaac.
¿Cuál es el problema? Dios sabe que su Palabra es Verdad y su Alianza es eterna, y que siempre la cumplirá, pero como dice San Pablo "llegada la plenitud de los tiempos". Cuando Dios cree que el tiempo es el propio entonces cumple sus promesas, pues Él tiene la eternidad como tiempo y en esa eternidad sabe cuándo es el mejor tiempo para que se realice lo que necesitamos, y cuándo estamos mejor preparados para poder aceptar y vivir esa Promesa.
Y ¿cuál es el problema? Que al ir corriendo por la vida en contra del tiempo, nos parece que nunca tenemos tiempo para nada, y que, en muchos casos, vamos perdiendo el tiempo y que así nunca vemos cumplir las promesas de Dios, y, por lo tanto sentimos que no nos escucha, que no me tiene en cuenta, que... y la ansiedad va apoderándose de mi alma y así voy perdiendo la paz necesaria para poder "ver" todo lo que va sucediendo a mi alrededor y las pequeñas "migas de pan" que el Señor va dejando para que pueda alcanzar la Promesa.
En el día a día, si fuésemos más despacio y pudiéramos dejar iluminarnos por el Espíritu, veríamos los signos y las pistas que el Señor nos va dando para que descubramos su Voluntad. Además en cada momento Él siempre dispone de su Gracia para que me ayude a discernir no sólo qué es lo bueno y lo malo, sino cuál es su voluntad y qué no, para que viviendo en Su Voluntad vea realizada la Promesa de Él en mi vida.
Pero, para todo eso, tengo que luchar contra el ritmo del mundo, como dice alguna canción: paren el mundo que me quiero bajar. En este caso yo tengo que detener mi mundo, descubrir que por más que corro no agrego horas al día ni días al año, ni años a mi vida, sino todo lo contrario: voy gastando más rápidamente las horas y los días sin poder disfrutar de lo que tengo y de lo que Dios me va regalando en cada momento, porque la Promesa de Dios se va realizando en cada instante que le digo que Sí a su Voluntad.

miércoles, 21 de marzo de 2018

La Verdad nos hace hijos de Dios

"Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros".
Es parte de la respuesta que Jesús le dió a los judíos de su tiempo, a los que buscaban constantemente un argumento para acusarlo y matarlo, pero que nunca lo encontraba y, por eso, cada día se enfurecían más con Jesús. No somos pocos los que esuchamos las Palabras de Jesús pero no dejamos que esa Palabra "cale" en nosotros, es decir, que penetre en nuestro corazón y lo transforme "en un corazón de carne", sino que se va quedando un corazón de piedra que no acepta con total confianza la Voluntad de Dios.
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»
Permanecer en su Palabra, es algo que no siempre tenemos en cuenta en nuestra vida cristiana. Y no porque no queramos hacerlo, sino porque no reflexionamos lo suficiente su Palabra, y por lo tanto, tampoco creemos lo suficiente en Su Palabra. Seguro que la escuchamos y la leemos, pero no dejamos que cale en nosotros, que vaya transformando nuestra vida y por eso seguimos esclavos de palabras humanas.
Y volvemos al mismo tema: ¿cuál es la Verdad? La Verdad está en Jesús, la verdad que nosotros buscamos es la Verdad para nuestra vida, para nuestro vivir diario: la Voluntad de Dios, es nuestra regla básica y lo que armoniza nuestro vivir, pues como hijos de Dios tenemos que seguir las huellas que nos dejó el Hijo, y por eso Él "siendo hijo aprendió, por el sufrimiento, a obedecer". Y es lo que nos falta a nosotros aprender a obedecer, pues cuando algo que nos pide vivir el Padre no nos gusta, miramos para otro lado.
Cuando algo se que no lo debo hacer, o cuando algo sé que no lo debo decir o pensar, miro para otro como si Dios no supiera lo que estoy haciendo, pensando o diciendo. Y así me hago esclavo de mi pecado, y más aún cuando no reconozco que me he equivocado, cuando no confieso que no estoy viviendo de acuerdo a la Voluntad de mi padre, sino que me dejo llevar por los instintos, por mi voluntad, por lo que me dicen, por lo que vive el mundo.
Y así, aunque diga que soy cristiano en la práctica no lo soy, porque dejo mucho que desear por mi conducta, por que no soy siempre instrumento de paz, de fraternidad. Creo que mi verdad es la Verdad y no es así, y por eso genero conflictos, divisiones, desuniones, situaciones de tinieblas y oscuridad en la vida de los demás, e, incluso en la mía propia porque no siempre estoy en la Luz.

martes, 20 de marzo de 2018

Nuestras rebeldías

Al leer el texto del líbro de los Números de hoy, en el que cuenta el episodio de las serpientes en el desierto como castigo de Dios ante la rebelión del Pueblo y la serpiente de bronce, me hizo acordar a nosotros mismos. Es cierto que no andamos mucho por el desierto, pero sí es cierto que son muchas las veces que nos encontramos con gente que ha rechazado o renegado de Dios por X o por Z causa, pero que después de un tiempo, cuando el agua le llega al cuello le pide a alguien que rece por tal cosa o que pida por ellos.
Eso le pasó al Pueblo en desierto: cuando les faltaba algo enseguida criticaban al profeta o a Dios, pero cuando necesitaban otra cosa enseguida volvían a pedir perdón profeta para que se lo dijera a Dios, y por eso Dios les hizo construir la serpiente de bronce para que al verla quedaran curados.
No nos damos cuenta, muchas veces, de lo que tenemos o de lo que hemos recibido, con el Don de la Fe, y por eso, al no cultivarlo, lo dejamos de lado y hasta lo rechazmos, por el simple hecho de que podemos valernos por nosotros mismos. Pero sabemos, en el fondo, que siempre hay alguien que cuida de nosotros, que nos esa fortaleza y esperanza que necesitamos e los momentos de mayor dolor o de mucha oscuridad. Quizás no recurramos directamente a la oración, pero sí solemos pedir ayuda a quien tiene mayor fortaleza espiritual que nosotros mismos.
"Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados».
No terminamos de darnos cuenta de las Palabras de Jesús. Él se enfada porque no nos damos cuenta que nuestra vida está atada al espíritu y que necesitamos de los bienes espirituales que nos ayuden a mirar el mundo en el que vivimos, en el que nos movemos y en el que existimos. Pero no es que se enfade por no creer en Él, sino porque dejamos de lado las cosas que nos hacen bien, que nos fortalecen por otras cosas que hoy están y mañana no. Cambiamos los bienes espirituales por los terrenales, y a pesar de darnos cuenta que nos falta algo esencial, nos rebelamos contra lo que neceistamos y creemos para dejarnos llevar por lo transitorio y superficial. Ese es nuestro pecado: sabiendo lo que necesitamos y lo que tenemos, despreciamos lo que hemos recibido y rechazmos lo que nos han concedido, como dice San Pablo "a qué precio".

lunes, 19 de marzo de 2018

Silenciosa confianza

Se me ocurría pensar en San José y asemejarlo a Abrahán porque los dos supieron obedecer a Dios sin decir palabra alguna. Los dos siempre supieron aceptar con tranquilidad y esperanza lo que Dios le comunicaba y pedía, y así los dos fueron padres de multitudes.
Hoy San José nos invita a confiar en Dios, pero no es una cnofianza ciega en lo que no creemos o en quien no conocemos, sino que es una confianza total en quien hemos conocido y en quien hemos puesto nuestra esperanza.
Sería contradictorio que confiáramos para pedrile cosas pero que no confiáramos cuando Él nos pide algo. Por eso, la confianza de José viene fortalecida por la esperanza en la Palabra de Dios, por la esperanza sostenida por el conocimiento de Dios.
Porque es cierto que no se puede confiar en quien no se conoce, aunque hoy en día vemos todo lo contrario en la vida humana, pues aceptamos desafíos que nos presenta el Padre de la mentira y no aceptamos los desafíos que nos presenta nuestro Verdadero Padre, aquél que dio la Vida por nosotros.
Siento un hombre justo, como lo define el evangelio, nos da a conocer que ese corazón justo se fue formando por la Gracia, una Gracia que lo fortaleció para aceptar, desde el silencio, la Voluntad de Dios en los momentos de mayor oscuridad, pues no tenía oportunidad de comprobar nada de lo que Dios le decía en sueños: ni la concepción virginal de María por el Espíritu Santo, ni la persecución de Herodes, ni la muerte de Herodes y su hijo. Pero en cada uno de esos momentos rezalizó el pedido de Dios sin poner trabas ni condiciones, sólo obedeció desde el silencio sostenido por la confianza y la esperanza en la Fidelidad de Dios que nunca deja solos a sus hijos, a quienes elige.

domingo, 18 de marzo de 2018

El dolor del Camino

El escritor de la carta a los Hebreos nos sintetiza muy bien el Camino que Jesús nos propone para Vivir, un Camino que, desde nuestro interior, no siempre queremos recorrerlo:
"Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convertió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna".
El Camino de la Obediencia a la Voluntad de Dios no es un camino fácil, pero es el único camino que nos conduce a la Salvación. Es el Camino que tampoco le fue fácil a Jesús recorrerlo. Es el Camino que en el comienzo tiene una condición indispensable sin la cual no podemos llegar a recorrerlo:
"quien quiera venir detrás de Mí que se niegue a sí mismo, que cargue su cruz de cada día y que me siga".
Es lo primero que tenemos que tener en cuenta cuando nos decidimos a Caminar junto a Jesús, pues en ningún momento Él nos engañó y nos dijo que mentiras para llevarnos detrás de Él, sino que siempre nos dijo que la negación y la renuncia a nosotros mismos es lo primero que debemos experimentar para poder volver a nacer a la Vida Nueva:
Por si nos lo habíamos olvidado nos lo vuelve a repetir en el evangelio de hoy:
"En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará".
Es verdad que si sólo nos ponemos a ver las exigencias de vivir el Evangelio nunca podríamos llegar a comenzar a caminar, ni tan siquiera quisiéramos aceptar la invitación de Jesús a seguirle. Pero es que antes de decidirnos Él ya ha tocado nuestro corazón con su Amor, y sabemos que si bien el precio de seguirlo es alto encontraremos todo lo necesario para que el Camino lo podamos recorrer con fuerza, con alegría y con la esperanza de saber que con su Gracia podremos alcanzar la meta.
Por esta razón es que Él quiso vivir el dolor de estar renuncia a sí mismo para demostrarnos que Este es el Mejor Camino para nuestra vida, porque Él "siendo Dios se anonadó a sí mismo, y tomando la condición humana se hizo igual a nosotros en todo, menos en el pecado", y así nos demostró con su vida que el dolor de la obediencia al Padre es lo que le da a la Vida del hombre la plenitud que busca y no encuentra, es lo que hace que el hombre ya deje de ser hombre para aprender a ser y vivir como hijo de Dios.

sábado, 17 de marzo de 2018

Brille la Luz que hay en vosotros

Desde el momento en que Jesús comenzó a atraer gente con su palabra y sus milagros, los Sumos Sacerdotes, los fariseos y los doctores de la Ley, comenzaron a buscar algún argumento en su contra y, si leemos bien el Evangeliio, vamos a descubrir los más diversos y extraños, desde que "expulsaba los demonios con el poder de Belzebul", hasta el del evangeliio de hoy:
"Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
¿Qué es lo que esas acusaciones nos quieren decir para nosotros, para nuestra vida? Algo que muchas veces nos han dicho nuestros padres: si eres tan inteligente como para encontrar argumentos para no hacer tal cosa, ¿por qué no los buscas para hacerla? Es decir: como la palabra de Jesús les molestaba porque les hacía ver sus faltas y errores y pecado, entonces buscamos algún argumento para hacerlo callar, pero no buscamos la Verdad para saber si lo que está diciendo es cierto o es mentira.
Si hubieran dejado entrar la Luz del Espíritu a sus corazones habrían descubierto detrás del rostro de un galileo al Mesías Salvador tan esperado, pero se dejaron vencer por su pecado y por eso no pudieron alcanzar la Salvación.
Muchas veces pienso (y esto quizás genere un problema) que para negar la existencia de algo he tenido que saber que ese algo existe, porque ¿cómo negar algo que se que no existe? Para eso tengo que echar tierra encima de quien lo está predicando, y eso es lo que le pasaba a los profetas, como lo leemos en el pasaje de Jeremías, y de todos los demás, y lo vemos claramente en la vida de Jesús y de tantos otros que le sucedieron.
Porque cuando el Brillo de la Luz me molesta intento tapar la luz y hacer oscuridad: "La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció"; por que, aunque nos parezca una contradicción, al mundo le gusta más andar en tinieblas y oscuridad que a plena luz, pues en la oscuridad todo vale y dicen que nunca se sabe quién lo hizo.
Por eso Jesús nos dijo, cuando nos invitó a seguirle: "vosotros sois la luz del mundo... brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

viernes, 16 de marzo de 2018

Testigos de la Verdad y Fieles a la Vida

"Se decían los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios".
"Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso", así es cómo se siente la presencia de una personalidad santa cuando vive realmente la Voluntad de Dios, es para los que quieren vivir al margen de Dios un estorbo en sus vida. Pero no siempre es un estorbo porque vaya juzgando o condenando con su voz o con su dedo amenazador, sino que sus propias obras y formas de vivir, le resultan al impío un juicio constante, y, una molestia inoportuna porque le hacen ver un estilo de vida alegre y pleno, cuando él sin Dios no lo encuentra.
La alegría y el gozo de vivir una vida plena es lo que muchas veces produce una gran envidia que se traduce en revelión contra esa vida, pues quien la busca sin Dios no puede conseguirla.
Es por eso que nuestra vida, como nos lo pidió Jesús, tiene que ser un testimonio claro de una profunda vivencia de una relación personal con Dios, porque el testigo no se muestra a sí mismo, sino que muestra una verdad que está más allá de Él. Y nosotros somos testigos de Cristo, y Cristo lo es del Padre.
Es esa la Luz que despide la vida del cristiano, nuestra vida tiene que tener esa Luz, pues Él mismo nos lo dijo: vosotros sois la Luz del mundo, y una luz no es para meterla debajo de la mesa, sino para que alumbren a todos. Y, muchas veces, a quien le gusta andar en las tinieblas porque sus obras no son buenas desprecia la luz, desprecia cuando se descubre su pecadoo.
"Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora".
Testigo de la Verdad, testigo del Padre, enviado por el Padre a iluminar con la Verdad. Esa es la misión del Hijo, y esa es nuestra misión, pues por el Hijo somos hijos de Dios, y después de Él o, mejor dicho, Él nos concedió esa misma misión: ser testigos de la Verdad. Una verdad que el mundo desconoce y que no quiere conocer, porque quiere seguir caminando en tinieblas, en las tinieblas del error porque sus obras no son buenas, y cuando se acerquen a la Luz serán descubiertos y aborrecidas.
Pero no hay que temer, Jesús mismo tuvo la fuerza del Espíritu para ser Fiel a su misión hasta la muerte y muerte de Cruz, y por eso el Padre le concedió el Nombre que está por encima de todo nombre, y después de su muerte volvió a la Vida para hacernos saber que la muerte no es nuestro fin, sino que es un paso constante y cotidiano que vamos dando para alcanzar la plenitud de la Vida. La muerte de cada día a nosotros mismos nos va fortaleciendo para seguir siendo Fieles a la Verdad, Fieles a la Vida que hemos recibido por la Resurrección de Cristo.

jueves, 15 de marzo de 2018

Hacerle frente a Dios

En muchos momentos de la Sagrada Escritura podemos leer pasajes como el que se nos presenta por el libro del Éxodo de hoy: Dios que quiere castigar al pueblo por sus infidelidades y el profeta, o, en este caso Moisés, que sale al cruce del Señor para defender al pueblo de la destrucción.
Cuando uno no tiene fuerza interior siempre nada con el más fuerte, y, en este caso, Moisés podría haberle dicho a Dios: ¡Sí! Adelante, ¡destrúyelos! que son un pueblo insufrible. Pero ¡no! Moisés sabió a defender no sólo al Pueblo que Dios se había elegido, sino también la obra que Dios había comenzado a realizar con el Pueblo.
¿Por qué se dan estas situaciones de llevar al límite al profeta o al que es cabeza de ese pueblo? Porque Dios quiere ver nuestras reacciones, quiere conocer si lo que hemos realizado o lo que estamos realizando lo hacemos por voluntad de Él o por voluntad propia, si lo hacemos con conciencia de lo que hacemos o sin ninguna conciencia. Si lo hacemos con amor o por obligación.
Jesús pondrá un ejemplo parecido al hablar del Buen Pastor, el asalariado y de los ladrones, pues el buen pastor da la vida por su rebaño, en cambio el ladrón sólo viene a robar lo que no le pertenece pero no le pertenece, y el asalariado que es pastor sólo cuidará su trabajo pero nada más.
En nuestras vidas muchas veces nos encontramos al límite de las fuerzas, del amor, de la esperanza; a veces, nos parece estar en el borde del precipicio y decimos que Dios nos ha soltado de su mano para dejarnos caer, y no es así. Dios quiere que sepamos contestar a la situación, que sepamos responder, pues Él nos ha ido enseñando con su Vida cómo responder ante cada situación, Él nos ha ido dando los elementos necesarios para poder salir al encuentro de tal o cual situación y dar una respuesta que sea favorable a Su Voluntad.
Tenemos que entender y creer que el Espíritu Santo está en nosotros y que si lo dejamos actuar y lo escuchamos, encontraremos siempre las respuestas a todas la situaciones. En este caso sabemos que tenemos que dejar guiarnos pero también que somos nosotros quienes tenemos que encontrar la respuestas en lo que hemos visto y oído de parte de Dios. No vayamos a Dios sólo con probelmas, sino que ante los problemas que Él deja que se nos presenten presentemos soluciones desde lo que Él ha dejado en nuestros corazones.
Moisés podría haberse cruzado de brazos y decir ¡Vale! Esta bien. Pero no, conociendo a Dios, habiendo escuchado su Palabra y habiendo viesto su Obra, supo responder a lo que Dios le ponía delante de sus ojos, y pudo, con la ayuda del Espíritu que Dios le había concedido, hacer frente a la situación y encontrar un camino de solución para no dejar caer a su Pueblo.
No nos dejemos caer frente a las realidades más difíciles. Puede ser que lleguemos al borde del precipicio, pero la solución no es dejarnos caer, sino darle la espalde y volver a encontrar el Camino que sabemos que tenemos que recorrer.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Del tratado de san Hilario sobre los salmos

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Hay que advertir que, siempre que en las Escrituras se nos habla del temor del Señor, nunca se nos habla de él solo, como si bastase para la perfección de la fe, sino que va siempre acompañado de muchas otras nociones que nos ayudan a entender su naturaleza y perfección; como vemos en lo que está escrito en el libro de los Proverbios: Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor.
    Vemos, pues, cuántos pasos hay que dar previamente para llegar al temor del Señor. Antes, en efecto, hay que invocar a la inteligencia, llamar a la prudencia, procurarla como el dinero y buscarla como un tesoro. Así se llega a la comprensión del temor del Señor. Porque el temor, en la común opinión de los hombres, tiene otro sentido.
    El temor, en efecto, es el miedo que experimenta la debilidad humana cuando teme sufrir lo que no querría. Se origina en nosotros por la conciencia del pecado, por la autoridad del más poderoso, por la violencia del más fuerte, por la enfermedad, por el encuentro con un animal feroz, por la amenaza de un mal cualquiera. Esta clase de temor no necesita ser enseñado, sino que surge espontáneo de nuestra debilidad natural. Ni siquiera necesitamos aprender lo que hay que temer, sino que las mismas cosas que tememos nos infunden su temor.
    En cambio, con respecto al temor del Señor, hallamos escrito: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Así, pues, el temor de Dios ha de ser aprendido, ya que es enseñado. No radica en el miedo, sino en la instrucción racional; ni es el miedo connatural a nuestra condición, sino que consiste en la observancia de los preceptos, en las obras de una vida inocente, en el conocimiento de la verdad.
    Para nosotros, el temor de Dios radica en el amor, y en el amor halla su perfección. Y la prueba de nuestro amor a Dios está en la obediencia a sus consejos, en la sumisión a sus mandatos, en la confianza en sus promesas. Oigamos lo que nos dice la Escritura: Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que guardes sus preceptos con todo el corazón y con toda el alma, para tu bien.
    Muchos son los caminos del Señor, aunque él en persona es el camino. Y, refiriéndose a sí mismo, se da a sí mismo el nombre de camino, y nos muestra por qué se da este nombre, cuando dice: Nadie va al Padre sino por mí.
    Por lo tanto, hay que buscar y examinar muchos caminos e insistir en muchos de ellos para hallar, por medio de las enseñanzas de muchos, el único camino seguro, el único que nos lleva a la vida eterna. Hallamos, en efecto, varios caminos en la ley, en los profetas, en los evangelios, en los apóstoles, en las distintas obras mandadas; dichosos los que, movidos por el temor de Dios, caminan por ellos

martes, 13 de marzo de 2018

Su compasión nos sana

Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina.»
    En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar.
    Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla.»
    El les respondió: «El que me curó me dijo: "Toma tu camilla y camina."» Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: "Toma tu camilla y camina?"»
Cuando miramos desde afuera una situación siempre podemos sacar miles de conclusiones, en este caso los que siempre andan buscando “pecadores” en toda ocasión descubren el error para poder denunciar, para poder acusar. Tienen el dedo de la acusación siempre preparado y el ojo inquisidor siempre despierto para descubrir los pecados de los demás. Pero ese mismo ojo y ese mismo dedo no está, muchas veces preparado para prestar una mano a quien lo necesita, o para comprender tal o cual situación, o para saber escuchar antes de acusar.
Jesus, en cambio siempre ha estado y está atento a lo que necesitamos, mira nuestro interior y quiere tendernos la mano salvadora para ayudarnos a encontrar el camino de la Salud, de la paz, la fortaleza necesaria para poder llevar aquel peso que nos cansaba, que nos agobiaba.
Quien está sufriendo no siempre sabe y, quizás, no pone atención a quien es el que lo ayuda. No discrimina ni cuestiona a quien viene a darle una mano para poder levantarse del suelo, sino que sabe escuchar y obedecer cuando una Voz le habla al corazón para darle lo que más necesita. Por eso no se detuvo a pensar, el paralitico , si podía o no podía llevar la camilla, obedeció a la Voz que le llegó al corazón, obedeció a la Voz que le devolvió la salud. Y no tuvo necesidad de preguntar de quien era esa Voz, pues en el fondo de su corazón la reconocía como Voz De Dios.

Cuando el Selor vuelve al encuentro es cuando lo reconoce y comienza a creer en El, pues ahora es el tiempo de caminar con El, y necesitará saber de Quien es la Voz que quiere escuchar, ahora la decisión es personal, libre, desinteresada, solo desea seguir a Quien le ha dado un nuevo sentido a su vida, seguir a quien a dado fuerzas a sus piernas y brazos para poder vivir en libertad un nuevo estilo de vida.

domingo, 11 de marzo de 2018

Macedonia de fe

"En aquellos días, todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el templo del Señor, que él había consagrado en Jerusalén".
Así comienza la lecutra del libro de las Crónicas de hoy, pareciera que fuese un relato del mundo de hoy, de lo que vivimos y de lo que se vive en muchas partes de este mundo.
La famosa globalización (por ponerle un nombre moderno) nos ha permitido conocer otras ideas, otras vidas, otras creencias, y, como cuando vamos por el campo sembrado de abrojos, todo se nos va pegando. Y a algunos le gusta ir llenos de abrojos y otros intentan quitárselo. Pero siempre se queda alguno escondido entre los pliegues de la ropa.
No es malo conocer otras realidades y otras vidas, y otras religiones, no me refiero a eso. Me refiero a que no podemos hacer una macedonia con las religiones de todo el mundo: un poco de cristinaismo, un poco de budismo, un poco de oriental, un poco de musulmán, un poco de ateísmo, un poco de... Es como dice algún dicho: le enciendo a cada santo una vela y al diablo el candelero, pues tengo que estar bien con todos por las dudas.
Y al final como todo está bien y como todas tienen algo de bueno, uso de cada una lo que más me gusta, total tengo libertad para hacerlo. Claro, nadie te impide que lo hagas. Pero eso es lo que debes hacer? Es por eso mismo que el Pueblo de Israel fue guardando, por medio de la tradición oral y escrita, todo lo sucedido en su historia para que pudiera aprender de sus errores, para que no fuera ciego a las infidelidades que tuvieron sus padres y las consecuencias de esas infidelidades.
Nosotros, como Nuevo Pueblo, fundado por Cristo, también tenemos ese bagaje de tradición, por eso mismo en la liturgia guardamos y meditamos las Crónicas del Pueblo de Israel para aprender de su historia, para aprender a caminar en un mundo que nos invita, constantemente, a dejarnos llevar por la corriente del Príncipe de este mundo, y no de la Voluntad de Nuestro Dios y Señor. Y creo que, en muchos casos, va ganando... porque continuamente vemos cómo seguimos haciendo una ensalada con doctrinas que no son las propias de nuestro cristianismo permitiéndonos así no ser Fieles a lo que decimos que somos: hijos de Dios, nacidos en Bautismo por el Espíritu Santo.
Y sin embargo Dios nos sigue amando y nos sigue dando su Espíritu para sepamos discernir. Y en este domingo nos invita a volver a pensar en todo lo que Él hizo por nosotros, de cómo nacimos y cuál fue el precio para darnos Vida:
"Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".

sábado, 10 de marzo de 2018

Las comparaciones matan el espíritu

Al ser el tiempo de Cuaresma un tiempo de reflexión para la conversión, las lecturas de la liturgia de la Misa nos invitan, siempre, a mirar hacia nuestro interios y descubrir que, aún, no hemos convertido todo lo que nos toca, o no hemos descubierto todo nuestro pecado. Pero no es por el gusto de hacernos ver que somos malos, sino por el gozo que da saber que podemos ser mejores, que aún podemos dejar brillar más en nosotros la Luz que Dios sembró en nuestro corazón, que es la Luz del Espíritu Santo que nos santificó el día de nuestro bautismo y que tiene que resplandecer con la Gracia del Señor que nos ayuda a corregir nuestros errores y a dar un verdadero testimonio de nuestra vida cristiana.
En la parábola que nos presenta Jesús, de la oración del fariseo y del publicano, podemos ver claramente muchas actitudes marcadas en ellos: la vanidad y la humildad, serían las dos que se ven a primera vista.
Pero también está hay otro error que siempre cometemos en nuestra vida, tanto espiritual como material: la comparación con los demás. Generalmente, vamos andando por la vida y al ver a los demás, sobre todo a los más cercanos, siempre surge el tema de comparar vidas, de comparar valores, de comparar cómo le va al otro y cómo me va a mí, qué hace el otro y qué hago yo, qué recibe el otro y qué recibo yo.
Estas comparaciones crean en cada uno una serie de sensaciones y sentimientos que no son buenos, esencialmente porque cada uno de nosotros somos distintos y ninguno tiene la misma misión que el otro, ni los mismos talentos que el otro. Es por ello que pueden llegar a surgir, como en el caso del evangelio, la vanidad de sentirme más grande y mejor que el otro "que no es como yo", y esa vanidad es lo que trae aparejado el vivir de las apariencias, incluso en la relación con Dios, y ni qué hablar con los hermanos, pues me da el "poder" de juzgar a todos pues son menos que yo.
Pero también en el caso del publicano puede ser que desprecie los valores que tengo, que al ver que los demás tienen más valores que yo me infravalore en lo que tengo y por eso no hago nada para crecer. O, que sólo vea en mí el pecado y no haga el esfuerzo por llegar a la conversión o descubrir que, a pesar de mi pecado, Dios siempre me está regalando muchos talentos para que los ponga en práctica y deje de la lado la oscuridad a la que me conduce el pecado.
No son pocos los casos en los que la "falsa humildad" nos lleva a la inoperancia, al vació de nuestro ser, que se queda derrumbado por no saber valorar lo que se tiene y lo que Dios ha puesto en mi alma.
Por eso el Señor siempre nos invita a pedir el Espíritu Santo que no solo ilumine nuestra vida y nos ayude a ver los bienes que el Señor ha sembrado en nuestro corazón, sino que con el Fuego de su Amor queme todo aquello que nos impide ser Fieles a la Vida que el Señor nos dio, una vida llena de valres, de talentos, de dones que sólo yo, y nadie más que yo, los podrá uitlizar para la misión que el Señor me encomendó a mí, y a ninguna otra persona sobre la tierra.

viernes, 9 de marzo de 2018

La plenitud del Amor

"En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. " El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos».
Si miramos bien en la respuesta de Jesús, Él nombra dos mandamientos que, al final de la frase los uno en un solo mandamiento: el mandamiento del Amor. Pues, como dice san Juan en su carta: "quien dice que ama a Dios a quien no ve, y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso". Y sí, es un mandamiento que se torna Cruz para nosotros, en muchas ocasiones. ¿Por qué cruz? Porque es un mandamiento que nos lleva a mirar hacia arriba, a nuestro Dios y amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, y con todo nuestro ser. Y nos lleva a mirar hacia ambos lados, como si fuera el ara de la Cruz, a nuestros hermanos y prójimos, y amarlos del mismo modo, de la misma manera.
Además, este amor "horizontal", a los hermanos y a los projimos, no es sólo a los que queremos sino, como dijo Jesús: "pues Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial".
Y esa es nuestra Cruz, la pefección en el Amor verdadero, pues el mandamiento del Amor, como Jesús dijo: "no he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a darles plenitud", esa plenitud se la dio en la Cruz, cuando le dijo al Padre: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen", porque antes, en la Última Cena, nos había dicho: "amáos unos a otros como Yo os he amado", y en la Cruz está el signo más claro y evidente de cuánto y cómo nos amó.
Y esta Cruz del Amor es la que hemos de revisar en nuestros exámenes de conciencia antes de ir a pedir el Sacrmento de la Reconciliación: si he amado como el Señor me ha amado, o simplemente me he dedicado a "cumplir" los diez mandamientos, pero no les he dado plenitud en el Amor.