sábado, 23 de diciembre de 2017

Anunciemos Su Llegada

"Esto dice el Señor Dios:
«Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.
De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo".
El mensajero llegó y anunció, ese fue Juan Bautista que anunció la llegada del Mesías y pudo verlo con sus propios ojos, y mostrarlo como el "Cordero de Dios". Hoy, nosotros, hemos recibido, también, el anuncio y no por la voz de Juan Bautista, sino que en todo el mundo se habla de Navidad, en todos los escaparates nos desean Feliz Navidad, pero ¿sabemos qué esperamos en Navidad? ¿El mundo sabe lo que es Navidad?
De tanto que se nos anuncia, ya hace más de un mes que las tiendas han comenzado con los anuncios de Navidad, con las ventas de Navidad, con las rebajas de Navidad. Y nosotros ¿hemos preparado el corazón para Navidad?
"De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando". ¿Es cierto que andamos buscando al Señor? Algunos buscan algo, no se sabe qué, pero siempre hay algo que se busca, pues el alma del hombre busca religarse a algo más alto que él mismo, pero muchos no saben qué o a quién buscan, y por eso van probando por todos lados para ver si encuentran lo que necesitan.
Nosotros, los cristianos, sabemos a Quien buscamos, pero no siempre lo mostramos, no siempre vamos a su encuentro. Y, en realidad, somos nosotros, los cristianos quienes en este tiempo debemos anunciar, ser "la voz del clama" en la oscuridad del mundo que el Salvador nace en Navidad. Ser la voz que clama que Navidad no es solamente un tiempo de compras y de regalos, sino que es tiempo de reflexión, de preparar el corazón, de reconciliación, de paz, de volver al Amor Primero para poder encontrarnos con el Señor que nace y nacer con Él a la Vida Nueva que Él mismo nos trae.
"El mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando".
En Cristo se regocija nuestro corazón. En Cristo está nuestra Esperanza. En Cristo está nuestra Vida Nueva. Por eso dejemos todo lo que estemos haciendo y desalojemos nuestro corazón de todo lo que no sea de Dios para poder preparla al Señor que Nace. No dejemos que sean los escaparates de las tiendas quienes sean la voz de la Navidad, sino que sean nuestros corazones quienes llenos de gozo anuncien la llegada del Mesías, del Esperado por los siglos, del Amor de los Amores que se hace niño y hombre, para que nosotros nos hagamos niños, hijos de Dios por la Vida que Él mismo nos trae.

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