Es muy interesante la situación planteado por el Primer libro de los Reyes, en la cual Ajab quiere comprar una viña, pero el dueño no la quiere vender porque es herencia de los padres, lo cual lo entristece. La esposa de Ajab se da cuenta y sucede este diálogo:
"-«Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: “Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio”; pero él me contestó: : “No te cederé mi viña”».
Jezabel, su mujer, le replicó:
-«¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el animo. Yo mismo me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael»
Y así se encarga Jezabel de hacer que maten a Nabot para que su esposo tenga su viña, una decisión cruel para alcanzar un fin, y el rey ni siquiera pregunta cómo ha sido el proceso.
Creo que en esta situación nos podemos ver reflejados en muchas cosas, pero sobre todo en una en la que tenemos que tener mucho cuidado: la maldad del apetito de poder. Cuando creemos que podemos hacer todo lo queremos porque sí cometemos grandes errores que terminan lastimando a alguien o a nosotros mismos.
Vivimos en una cultura en donde creemos que podemos conseguir todo lo que queramos y no importa de qué manera. Incluso, los más pequeños, ya crecen sabiendo que con un berrinche pueden conseguir todo lo que se les ocurra, aunque luego de tenerlo no lo usen para nada. Eso es ejercer "poder" sobre los padres, aunque no lo veamos estamos creando una generación que no sabrá cuándo o dónde están los límites de nuestra libertad, de nuestros gustos, de nuestros deseos.
Es cierto que siempre tenemos que tender hacia lo más alto y más grade, pero no en el orden material, sino en el espiritual, de los valores humanos, de los valores sobrenaturales.
Además, como en esta situación, no siempre podemos ejercer el poder que podemos llegar a tener para conseguir algo que no nos pertenece: ¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel!, le dijo Jezabel al rey. Y eso no es verdadero poder, sino que el poder está en saber renunciar a lo que no me pertenece, o a lo que, en este momento no puede tener o no puedo conseguir.
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