jueves, 4 de noviembre de 2021

Soy mi propio testigo

"De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios, pues está escrito:
«Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios».
Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de si mismo a Dios".
La oración que hacemos por nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos que no creen o que no van a la iglesia, es una oración válida que puede ayudar a que la Gracia llegue al corazón de ellos, pero tiene que ser el corazón de ellos el que se abra a la Gracia, pues la Gracia no puede abrir el corazón del hombre si el hombre no quiere dejarla entrar. Digo esto porque nos preocupa, muchas veces, que la gente que queemos no comparta con nosotros nuestra fe, nuestra vida cristiana, todo lo que Jesús nos ha dado a nosotros y que disfrutamos de estar junto a él.
Pero también está la otra parte que se queda tranquila sabiendo que hay quien reza por ellos, y, aunque no crean, saben que tienen un seguro porque hay quienes llevan sus intenciones y deseos hasta el altar de Dios.
Así nos contaba alguien una vez: "mis hijas se declararon ateas cuando comenzaron la universidad, pero ante cada exámen me pedía que le encendiera una vela a la Virgen para que les fuera bien", es decir, no creo en Dios, pero por las dudas le enciendo una vela para que me acompañe.
¿A que voy con todo esto? Es cierto que nuestras oraciones acompañan a los que queremos, pero nosotros no vamos a dar testimonio ante Dios por la vida de ellos, sino que, cada uno, tendrá que "defenderse" cuando llegue el día frente al Señor, como dice san Pablo: "cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios". No podremos llevar a nuestros abuelos o padres o amigos como abogados defensores para decirle al Señor: "él ha rezado por mí mientras yo me dedicaba a renegar de Dios", son argumentos que ese día no me servirán o no les servirán, pues ellos nos han enseñado cómo vivir en Dios, pero no hemos querido aceptar ese desafíio de también reconocer que necesitamos de Dios.
Es cierto, también, como dice san Pablo que tenemos un Gran Abogado en el Cielo que es nuestro Señor, pero necesitamos tener buenos argumentos para ayudarlo en nuestra defensa, y no podremos decir que han sido otros los que han ofrecido su vida por mí, sino ¿qué he ofrecido yo por la vida de los demás?

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.