«¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones tu Dios a quien veneras fielmente?».
Daniel le contestó: «¡Viva el rey eternamente! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante él soy inocente; tampoco he hecho nada malo contra ti».
El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo del foso, no tenia ni un rasguño, porque había confiado en su Dios".
Siempre nos encontramos, y, a veces somos, como los hombres que condenaron a Daniel, quizás la envidia, la vanidad, la soberbia, la venganza... ¡vaya uno a saber qué cosa! llevan o nos llevan a acusar a inocentes de hacer lo que no deben, cuando están siendo coherentes con lo que creen. Pero siempre la fidelidad a Dios es lo que nos salva de la garra de los leones que están queriendo acabar con nuestras vidas. La maldad es un boomerang que siempre devuelve lo que hace y, generalmente, te pega más fuerte de lo que has querido pegarle a los demás.
Así vemos en este relato de la condena de Daniel, habiendo querido quitarse a Daniel de encima porque era el favorito del Rey, finalmente los que cayeron en las fauces de los leones y desaparecieron del mapa fueron los que juzgaron la coherencia de vida de Daniel.
Y lo que vemos, también, es que Dios se "ayuda" de estas maldades para sacar el mayor bien y provecho para las almas, porque de ese modo el Rey se convenció de que él no era Dios, y dictó otro decreto confesando la fe en el Dios de Daniel.
Por eso no tenemos que temer a los que tienen "lenguas cisañozas", es decir lenguas envenadas y nos buscan falsas acusaciones para desacreditar nuestra coherencia, sino que tenemos que cuidarnos de nosotros mismos de no caer en esas redes, y de nos ser nosotros los que acusamos la coherencia de los demás, porque el pecado original habita en todos y todos somos capaces de cometer los errores que estamos criticando.
Pero, en el caso de que nos acusen por nuestra coherencia y hasta nos quieran tirar al foso de los leones, no nos preocupemos pues Dios siempre estará con nosotros y por nueustra peseverancia nos salvará y no perderemos ni la vida ni la fe, sino que nuestro testimonio servirá para que otros descubran cuál es el Verdadero Dios y cómo se vive la verdadera Fe.
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