domingo, 14 de noviembre de 2021

Mis palabras no pasarán

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre”
En estos dos pequeños renglones se esconden muchas verdades de nuestra fe que, en estos tiempos, no se están viviendo o no nos queremos dar cuenta que nos están engañando.
Primero: “mis palabras no pasarán”, no se pueden modificar las palabras de Jesús, pues es Dios mismo quien nos ha dirigido su Palabra y por eso, nadie, salvo Dios mismo puede modificar sus Palabras. Incluso Jesús cuando les responde a los judíos cuando lo acusaban de querer abolir la ley y los profetas les decía: “no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley”.
Así cuando decimos que “Es Palabra de Dios”, así lo creemos, pero no la vivimos o no la intentamos vivir, porque nos agrada más la palabra del mundo, que la Palabra de Dios. Y, por eso mismo, muchos intentan modificar la Palabra de Dios porque es fuerte a los oídos, porque cuestiona la vida misma del mundo de hoy, y, por lo tanto, muchas de las cosas que, nosotros, los cristianos, aceptamos como algo normal en nuestras vidas y son acciones, palabras o formas de vivir que no son propias del Evangelio.
Segundo: siempre el hombre ha querido conocer el tiempo y la hora del fin del mundo, de su muerte, de lo que pasará mañana, de lo que le pasará dentro de un tiempo; por eso algunos se vuelven adictos a los horóscopos, a las Cartas Natales, a los adivinos, y a tantas otras cosillas que los atan a un futuro que es impredecible y, que, en algunos casos, tampoco llegará. Así buscan pre-ocuparse de una realidad que aún no ha llegado, y, que, quizás, tampoco llegue nunca. Y de esa pre-ocupación surgen tantas cosas y situaciones que nos impiden vivir el hoy, gozar y disfrutar de la familia, de las amistades, del tiempo precioso que tenemos para vivir, en el cual sí hemos de ocuparnos de ser Fieles a la Vida que Dios nos ha regalado.


 

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