"En aquel tiempo, algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Muchas veces nos quedamos con lo externo y no sólo hablando del cuerpo, sino también de la manera en que nos ven o cómo queremos mostrarnos a los demás. La sociedad en la que vivimos nos hace creer que lo importante es parecer cuando, en realidad, lo importante es ser lo que Dios nos ha llamado a ser, pues lo demás vendrá por añadidura. Nos preocupamos de tener muchos títulos, no sólo de universidad, sino de que estoy en esto y en esto otro, y soy de esto y de aquello, y nos olvidamos de madurar en lo principal: los valores humanos y los valores sobrenaturales.
Así tenemos templos muy hermosos y llenos de exvotos e imágenes y tantas otras cosas, pero nos falta llenarlos de santos que vivan y se entreguen a los demás por el Reino de los cielos, viviendo en la Voluntad de Dios, siendo testigos veraces de la Verdad del Evangelio y que la vivan con alegría.
Del mismo modo hay en la Iglesia muchos planes de pastoral, muchos libros, muchos directorios, pero faltan pastores que le den vida a todo lo que se pueblica, o, mejor dicho, que todo lo que se publica sea a partir de la Vida, y para la vida de los cristianos.
A veces nos creemos los más sabios y que tenemos todas las respuestas y las formas para poder dar vida a la comunidad, pero no nos embarcamos en el trabajo personal con el otro, no llegamos al corazón de los hombres para hacer sentir la alegría del Evangelio, la alegría de creer. Creemos que con muchas ceremonias o mucho boato se llega a los corazones y, cada vez, vemos más corazones lejos del Señor, o, por lo menos, lejos de la iglesia.
Y, en definitiva, creo que somos como la imagen que vio el Rey Nabucodonosor: nuestros pies son de hierro y barro, no hay unión entre los que formamos parte de la iglesia, ni de arriba ni de abajo, y por eso cualquier piedra nos destruye los cimientos y nos tambaleamos. Por ahora y nunca, creo, seremos destruidos porque es el Espíritu Santo y Cristo quienes sostienen la Iglesia, pero si fuera por nosotros hace mucho tiempo habríamos dejado de existir.
¿Será tiempo de ponernos a revisarnos en serio? ¿Será tiempo de dejar de ser barro y hierro y comenzar un trabajo en serio de unión, sí en la diversidad de carismas, pero como nos pidió el Señor: Sed UNO para que que el mundo crea?
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