“Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida…
y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Comenzamos un nuevo ciclo litúrgico, y con el Tiempo de Adviento, la liturgia y las lecturas nos invitan a “mantenernos sobrios” a no dejarnos llevar por las “inquietudes de la vida” para que no nos perdamos en el camino de las tinieblas, del error, del pecado, y no podamos “aprovechar” toda la Gracia que trae el Tiempo de Navidad.
No es que vivamos en borracheras (quizás alguno por ahí) ni de juerga en juerga (quizás algún otro por ahí), pero sí, muchas veces, por las “inquietudes de la vida” nos vamos dejando atrapar en el tiempo por las cosas a hacer o las cosas por hacer y dejamos de lado nuestra parte espiritual.
El tiempo de Adviento nos invita a la meditación, a volver sobre la Palabra de Dios para dejarnos conducir por las profecías, por la esperanza, por el entusiasmo de que va a llegar el Esperado. Dejarnos llevar por el deseo que tenía el Pueblo de Israel de la llegada del Mesías, por el gozo que sentía María Virgen en su seno sabiendo que ahí se estaba gestando la Vida Nueva, no sólo para Ella, sino para el Mundo, para el Hombre de todos los tiempos.
Seguramente en cada casa, en cada familia, hay muchas cosas por hacer, por preparar y, como muchas veces decimos, escuchamos o pensamos: necesitaría que mi día tuviera 48 horas para poder hacer todo lo que quiero. Y, sin embargo, no pensamos que necesitásemos, también, algunos minutos para ponernos en Manos de Dios para saber qué es lo que Él quiere de nosotros, para dejarnos envolver por su Espíritu y aprender a discernir qué es lo que tengo que hacer, en qué tiempo.
Descubrir nuestra misión en el mundo no es tarea fácil, así como tampoco lo es saber cuál es la Voluntad de Dios en el día a día; por eso necesitamos que no dejarnos agobiar por las inquietudes de la vida, sino tomarnos, cada día, un tiempo para estar en Dios, para elevar nuestro espíritu en la oración y abrir nuestros oídos a Su Palabra.
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