"El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto".
La fidelidad en las pequeñas cosas o en el los pequeños actos es lo que nos engrandece y lo que fortalece nuestro espíritu para poder ser fiel en las grandes cosas o en los momentos extraordinariios. La fidelidad en las pequeñas cosas sí implica de nosotros el don de la perseverancia, pues las pequeñas cosas o actos no son los que se ven, no son los que los demás ven con claridad en nuestras vidas, e, incluso no son los que a nosotros nos gusta realizar, pues para nosotros son pequeñeces que no haceen falta a nuestra vida espritual. Sin embargo, son esos gestos pequeños los que demuestran nuestra entrega y nuestra capacidad de amar a Dios y a los hermanos. Son esos pequeños gestos los que nos enseñó Santa Teresita de Lisieux a vivir, pues ese fue su Caminito de Santidad, lo que la llevó a los altares y la convirtió en modelo por su fidelidad a la Voluntad de Dios en los pequeños actos de amor, de entrega y sacrificio.
Pero vivimos en un mundo que necesita grandes signos y gestos para llamar la atención, necesita que la "originalidad" sea la protagonista de la vida de los hombres, y, como vivimos inmerso en este mundo, creemos que también, en nuestra vida cristiana, necesitamos los mismos gestos.
Por eso el Señor nos lo vuelve a repetir: "Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero".
¿Por qué servimos al mundo y a Dios? ¿No nos damos cuenta acaso que cuando vamos incorporando la forma de vivir del mundo vamos perdiendo el espíritu de Cristo? ¿No nos damos cuenta que cuando nos servimos a nosotros mismos vamos perdiendo de vista la Voluntad de Dios? ¿No nos damos cuenta que en nuestras comunidades hemos dejado de vivir comonos ha pedido nuestro fundador y vamos incorporando la doctrina del mundo o nuestros propios gustos y placeres? ¿Cómo darnos cuenta?
Si miramos bien a nuestra vida y a nuestras comunidades vamos a darnos cuenta que la vida se va yendo de ellas como el agua de entre los dedos, vamos perdiendo no sólo la frescura de la Gracia, sino la alegría de vivir de acuerdo a la Fidelidad a la Voluntad de Dios. Vamos viviendo contentos porque hacemos lo que queremos, pero, en definitiva, todo se va desmoronando porque no hacemos lo que Dios quiere, hemos comenzado a ser fieles a la voluntad del hombre y no a la de Dios.
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