«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?"
Ser discípulo de Cristo, ser cristiano, no es una obligación, sino una decisión, pues es Jesús quien nos invita a ser su discípulo, pero antes de la invitación nos dice cuáles son las condiciones para serlo, para, sobre todo, sopesar las exigencias de tal decisión. No firmamos, para ser cristianos, un contrato en el que hay una letra pequeña que no sabemos qué dice, sino que antes de aceptar ser cristianos tenemos que saber cuáles son las condiciones, y esas condiciones nos las deja bien claras Jesús como para que después no digamos: ¡Ah! pero yo no sabía que había que vivir así...
Por las dudas las volvemos a repetir:
- Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
- Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
- Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
- Quien pone la mano en el arado y mira para atrás no puede ser discípulo mío
- y tantas otras que, cuando lees tranquilamente el evangelio descubrirás.
Después de leerlas y sopesarlas podrás decidir si, realmente, quieres seguir a Cristo, si realmente quieres ser discípulo de Cristo, si realmente quieres ser cristiano. Y si ya lo eres si realmente estás viviendo a la altura de esas exigencias (que, de paso, no son exigencias que ponen los curas, sino que las dijo el mismo Jesús, digo para que quede bien clarito) y si no estás viviendo a esa altura... ya sabes lo que tienes que hacer. No, no es irte del cristianismo, sino pedirle al Espíritu Santo que te ayude a convertirte, que nos ayude a buscar la fuerza en Él para poder aceptar y asumir estas exigencias para poder ser realmente lo que tenemos que ser, y no seguir siendo cristianos mediocres, pues el mismo Jesús nos lo dijo: "fuego he venido a traer a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!".
Pero no te confundas, es el fuego del Espíritu Santo que quema el pecado y nos renueva como hijos de Dios.
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