"Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre".
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Dos frases de un mismo discurso de Jesús, pero no dos frases que tenemos en nuestra mente. ¿Cuál es la que más recordamos? La primera, claro está. "Pedid y se os dará", es lo que más tenemos en nuestra cabeza, porque es lo que siempre usamos en nuestra vida: pedir. Porque eso se nos ha dicho que pidamos y vamos a recibir. Pero ¿qué es lo que tenemos que pedir? ¿Podemos pedir todo lo que queramos? Y ¿por qué o para qué tenemos que llamar? ¿Qué puerta necesitamos que nos abran? ¿Qué buscamos y no encontramos?
Pero hoy me parece más importante la segunda frase del discurso de Jesús, porque es casi la condición que surge de la primera. No es un complemento de la primera, sino una condición para que se pueda cumplir la primera. Así como cuando Jesús nos enseña el Padrenuestro y después nos dice: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas". Pero tampoco nos acordamos mucho de esta condición.
Es por eso que lo que tenemos que pedir es el Espíritu Santo para poder no sólo escuchar lo que queremos, sino aprender a escuchar lo que debemos hacer, el cómo vivir, y, sobre todo, poder llevar a la vida TODA la palabra de Dios, y no sólo una parte.
Cuando sólo nos quedamos con una parte del mensaje de Jesús, nos pasa como a los niños pequeños, enseguida nos ponemos tristes porque no se nos da lo que hemos pedido, no se nos ha abierto la puerta que queríamos, y no hemos encontrado lo que buscábamos. Pero ¿pediste lo que necesitabas para hacer la Voluntad de Dios? ¿Llamaste a la puerta del Espíritu para poder entrar a buscar la Sabiduría que viene de la Cruz? ¿Buscaste el Camino de la Voluntad de Dios?
No, muchas veces, nos limitamos a pedir lo que el mundo nos dice que pidamos, o lo que nuestros instintos nos incitan a pedir; queremos que Dios nos abra todas las puertas de la vida para que no tengamos ningún padecimiento, ni tengamos que sufrir, y, sobre todo, las puertas de la abundancia para que todo nos vaya bien; y siempre estamos buscando el conseguir todo sin tener que hacer mucho esfuerzo, y buscamos los éxitos del mundo, y no la santidad que Dios espera de nosotros.
Pero, sobre todo, no llevamos a la vida la exigencia del amor de Cristo: "todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos", y, eso es lo que primero tenemos que pedir, buscar y clamar al Señor para que nos ayude a ser Fieles a ese Amor.
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