"En aquel tiempo, pasando Jesús junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
El llamado de los apóstoles, es el mismo llamado que, cada día hace Jesús a montón de gente, y no sólo para ser sacerdotes o religiosos, sino para ser apóstoles de Su Mensaje. Sí, él te llama a tí y a mí, y a muchos más. Pero no todos tienen la disposición como los primeros apóstoles para dejar lo que están haciendo y seguirlo.
Que no es dejar tu trabajo o la comida que estás preparando para salir a golpear puertas y ventanas y anunciar el mensaje de Jesús. O quizás sí... Pero lo que quiere el Señor de cada uno de nosotros es que estemos disponibles para anunciar, que no tengamos miedo de dejar atrás nuestra vida anterior, nuestras ideas preconcebidas, nuestros prejuicios y anunciar lo que sentimos en el corazón.
"Si profesas con tus labios que Jesús es el Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación".
Sí, el anuncio de la salvación de las almas es simple, porque primero lo tenemos que creer nosotros, primero tenemos que sentir la alegría de haber sido salvados, y esa alegría no puede ocultarse, no puede quedar encerrada en nuestras vidas, sino que tiene que salir a los demás: en gestos, palabras, actos...
"Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían?".
Sí, nosotros, todos los bautizados somos enviados por Jesús, pero no todos han comprendido el mensaje, porque no todos hablamos de Jesús en nuestros ambientes, con la gente con que nos encontramos. Nos da miedo hablar de nuestra fe, de nuestra oración, de nuestra participación en las cosas de Dios. ¿Por qué? Por el qué dirán nos dejamos llevar y no anunciamos lo que el Señor nos está regalando cada día. Y por no anunciarlo muchos se quedan sin oírlo, y por no oírlo no abren su corazón a la fe. ¿Y se perderán? Se perderán la oportunidad de creer, pero a nosotros se nos pedirán cuentas por no anunciar, por no iluminar, por dejar que las tinieblas del error avancen cada vez más sobre los corazones de los hombres.
«Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?»
Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y viene a través de la palabra de Cristo.
Pero digo yo: «¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario:
«A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras»
Tú anuncia. Has sido llamado para anunciar... no lo dejes nunca de hacer.