sábado, 30 de noviembre de 2019

Anuncia...

"En aquel tiempo, pasando Jesús junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
El llamado de los apóstoles, es el mismo llamado que, cada día hace Jesús a montón de gente, y no sólo para ser sacerdotes o religiosos, sino para ser apóstoles de Su Mensaje. Sí, él te llama a tí y a mí, y a muchos más. Pero no todos tienen la disposición como los primeros apóstoles para dejar lo que están haciendo y seguirlo.
Que no es dejar tu trabajo o la comida que estás preparando para salir a golpear puertas y ventanas y anunciar el mensaje de Jesús. O quizás sí... Pero lo que quiere el Señor de cada uno de nosotros es que estemos disponibles para anunciar, que no tengamos miedo de dejar atrás nuestra vida anterior, nuestras ideas preconcebidas, nuestros prejuicios y anunciar lo que sentimos en el corazón.
"Si profesas con tus labios que Jesús es el Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación".
Sí, el anuncio de la salvación de las almas es simple, porque primero lo tenemos que creer nosotros, primero tenemos que sentir la alegría de haber sido salvados, y esa alegría no puede ocultarse, no puede quedar encerrada en nuestras vidas, sino que tiene que salir a los demás: en gestos, palabras, actos...
"Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían?".
Sí, nosotros, todos los bautizados somos enviados por Jesús, pero no todos han comprendido el mensaje, porque no todos hablamos de Jesús en nuestros ambientes, con la gente con que nos encontramos. Nos da miedo hablar de nuestra fe, de nuestra oración, de nuestra participación en las cosas de Dios. ¿Por qué? Por el qué dirán nos dejamos llevar y no anunciamos lo que el Señor nos está regalando cada día. Y por no anunciarlo muchos se quedan sin oírlo, y por no oírlo no abren su corazón a la fe. ¿Y se perderán? Se perderán la oportunidad de creer, pero a nosotros se nos pedirán cuentas por no anunciar, por no iluminar, por dejar que las tinieblas del error avancen cada vez más sobre los corazones de los hombres.
«Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?»
Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y viene a través de la palabra de Cristo.
Pero digo yo: «¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario:
«A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras»
Tú anuncia. Has sido llamado para anunciar... no lo dejes nunca de hacer.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Es la inmortalidad la que esperamos

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la muerte

    Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal .como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando él nos llama para salir de este mundo! Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados por una ley necesaria, no por la sumisión de nuestra voluntad; y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza. ¿Para qué rogamos y pedimos que venga el reino de los cielos, si, tanto nos deleita la cautividad terrena? ¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este mundo al diablo supera al deseo de reinar con Cristo?
    Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama? Juan, en su carta, nos exhorta con palabras bien elocuentes a que no amemos el mundo ni sigamos las apetencias de la carne: No améis al mundo -dice- ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no posee el amor del Padre, porque todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, con una virtud robusta, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea; rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos.
    Debemos pensar y meditar, hermanos muy amados, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos. Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino, después de habernos arrancado de las ataduras que en este mundo nos retienen. El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
    Allí está el coro celestial de los apóstoles, la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión; allí las vírgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos ávidamente, hermanos muy amados, la compañía de todos ellos. Que Dios vea estos nuestros pensamientos, que Cristo contemple este deseo de nuestra mente y de nuestra fe, ya que tanto mayor será el premio de su amor, cuanto mayor sea nuestro deseo de él.

jueves, 28 de noviembre de 2019

La fe y los leones

"En aquellos días, los hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Luego se acercaron al rey y le hablaron sobre la prohibición:
«Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?».
Los celos, las envidias no son cosas buenas cuando atrapan el corazón del hombre, pues lo llevan a condenar al justo, aunque le parezca que es lógico y justo. Lo vemos en este pasaje de Daniel, los hombres "fieles al rey" (aunque eran sólo fieles a sí mismos) espiaban a Daniel para verlo caer en algo ilegal, y justo lo encontraron rezando y fueron a contarlo al Rey. A un Rey que admiraba a Daniel, y por eso intentó salvarlo, pero sus "fieles seguidores" insistieron en darle muerte. Pero así como Daniel confió en su Dios, el Rey (aunque no creía en Dios) también confió para salvarle la vida a Daniel.
Y así fue la confianza de los dos en el mismo Dios le dio vida a Daniel, y así el Rey y muchos del reino comenzaron a creer en el "Dios de Daniel".
Un hermoso relato que nos habla de la bajeza moral de algunos y de la confianza heroica de otros, dos partes de la misma humanidad, y, por lo tanto, dos cosas que siempre están anidando en nuestro corazón. No es que seamos muy malos ni tan buenos, sino que, en algunos momentos, nos surgen alguna de las dos cosas, cuando sólo nos movemos por instintos y sentimientos. Por eso tenemos que hacer un serio trabajo de perseverancia y de ascesis espiritual, para fortalecer nuestro espíritu no dejarnos llevar por los deseos humanos que, aunque nos parezcan lógicos y buenos, pueden no serlo a la Luz de la Voluntad de Dios.
¿Qué es la ascesis? me preguntaron hace unos días, cuando lo vieron escrito aquí. La ascesis son las prácticas y hábitos que se hacen cada día para fortalecer el espíritu: se podrían llamar sacrificios que hacen, como diría san Pablo: debilitar la carne y fortalecer el espíritu: el ayuno, la abstinencia, los sacrificios... Todo aquello que me lleve a dominar mis pasiones y descubrir y aceptar y cumplir la Voluntad de Dios todos los días.
En esas prácticas, Daniel, encontró su fortaleza y Dios lo fue premiando con muchos dones, porque su vida tenía que ser testimonio para muchos, no sólo para salvar su alma, sino para mostrar a otros, como lo leemos en esta lectura, que su Dios es el verdadero Dios, como lo decretó el rey:
«¡Paz y bienestar! De mi parte queda establecido el siguiente decreto: Que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace prodigios y signos en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».
Y en la vida diaria hay muchos leones, no como los de Daniel, pero sí que viven a nuestro lado e intentan contra nuestras vidas...

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Perseverar

"Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Hay relatos o profecías que nos hacen temer o nos traen preocupaciones a nuestras vidas, pero, lo fundamental, que hacen, es oscurecer nuestra mirada, pues en las profecías de Jesús lo más importante esta al final de la profecía o de la parábola. En este caso luego de hablar del fin de los tiempos, cosa que ocurrirá algún día, dice: "pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Y ¡esto es lo importante!
Jesús cuenta con nuestra perseverancia para ser Fieles a la Voluntad de Dios. Y perseverar no significa no caer nunca, sino que a pesar de los tropiezos y caídas, siempre nos volvemos a levantar con la Gracia de Dios. La perseverancia es una virtud que siempre tenemos que pedir, cada día, porque la necesitamos constantemente, porque la realidad cotidiana nos vence, muchas veces, y no nos deja ver lo más hermoso de las cosas, de las situaciones, de la Palabra.
Necesitamos perseverar porque no sabemos cuándo será el día, ni la hora en que el Señor nos llamará a vivir en el Reino Celestial, pero, tampoco sabemos ni el día ni la hora en que alguien nos pedirá respuestas de lo que creemos y si no estamos preparados tampoco podremos darles las respuestas que necesite.
Es claro que no tenemos que preparar el discurso, pero sí tenemos que estar en diálogo con el Señor, porque será Él quien hable por nosotros. Pero si no hemos perseverado en nuestra relación en Gracia con Él ¿cómo podrá Él hablar por nosotros?
Perseverar en la Gracia: es estar en buena relación con Dios, sabiendo que nuestra debilidad siempre nos llevará al pecado, pero que aún así tenemos un abogado en el Cielo que nos defiende y aboga por nosotros. Y ese Abogado ha dejado a sus ministros para que me puedan absolver de mis pecados cuando verdaderamente esté arrepentido y busque el consuelo de Su Gracia para volver a ponerme en pie.
Perseverar es buscar cada día el sentido y la fuerza para poder renunciar a nosotros mismos y, discerniendo y aceptando la Voluntad de Dios, seguir el camino de la santidad..

martes, 26 de noviembre de 2019

Leer los signos de Dios

El profeta Daniel le descifra o sueño al Rey Nabucodonosor, porque Dios le había concedido ese don, un don que todos podemos tener si nos mantenemos en relación con el Señor. Y no porque seamos magos o algo por el estilo, sino porque si estamos en constante relación con Dios aprenderemos a entender su manera de comunicarnos Su Voluntad. Porque, en definitiva, lo que Daniel hace es interpretar la Voluntad de Dios, en este caso, a través de un sueño profético.
Sabemos que Dios, en estos tiempos, no habla directamente con los hombres, sino que nos habla por medio de causas segundas, es decir, por intermediarios que, muchas veces, no son los que nosotros queremos, sino los que están dispuestos a serlo.
Por eso es que tenemos que tener siempre la mente y el corazón despierto para poder entender. Cuando estamos tan metidos en nuestro propio mundo y en nuestras propias cosas y proyectos, no vamos a poder entender los signos de Dios ni aunque Él mismo se pare frente a nosotros y nos de unas cuantas voces. Es así que (vuelvo a insistir) Jesús al llamarnos a seguirlo nos dijo: "niégate a ti mismo", porque solamente cuando dejamos de pensar en nosotros mismos vamos a poder comenzar a oír a Dios, a descubrir su Voluntad a través de los hermanos, de los signos de los tiempos, y, sobre todo, por medio de Su Palabra, que nos ayuda constantemente a entender su forma de dialogar con nosotros.
Es esa la razón por la que Jesús nos advierte en el evangelio acerca de los signos de los tiempos, pero nos dice que nos preocupemos:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “Esta llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el final no será enseguida».
Todo eso pasará y volverá a suceder, simplemente porque los hombres no aprendemos a escuchar a Dios, sino que seguimos con nuestros mismos egoísmos e idolatrías, sin ver que nada de lo estamos haciendo es para encontrar caminos de paz, sino que, día a día, vamos construyendo más divisiones: son los pies de hierro y arcilla, que el rey veía en su sueño... lo mismo está sucediendo ahora: creen que son fuertes, pero las divisiones internas nos hacen débiles...

lunes, 25 de noviembre de 2019

Fidelidad aunque moleste

En esta última semana del Tiempo Ordinario, comenzamos a leer la historia de Daniel. En este primer párrafo vemos cómo Daniel y sus compañeros deciden no "contaminarse" con la comida real (que estaba prohibida por la Ley de Moisés) y piden que les den sólo legumbres y agua, que era lo permitido. Y es por esa fidelidad a la Ley que Dios les concede:
"Dios les concedió a los cuatro inteligencia, comprensión de cualquier escritura y sabiduría. Daniel sabía, además interpretar visiones y sueños".
No siempre cotejamos nuestras vidas con las cosas que Dios nos prohíbe hacer, o mejor dicho, con lo que Dios nos pide que no realicemos (puesto que no nos quita la libertad, sino que nos aconsejad vivir de tal manera) porque no siempre confiamos que La Palabra de Dios sea verdadera y real para nuestra vida y para este tiempo que vivimos.
Para muchos los consejos evangélicos y los mandamientos son cosas de otros tiempos, y, para este tiempo, habría que modificarlos y aceptar lo que se está viviendo de manera habitual. Sin embargo, hay muchas propuestas que hoy escuchas por los medios y que muchos proponen como la gran alternativa, que se cumplirían si se aceptaran los mandamientos de Dios.
Pero, bueno, en un mundo donde nos creemos todos dioses no se puede llegara a proponer lo que hicieron Daniel y sus compañeros, porque pedir o decir que no quiero hacer tal o cual cosa porque no es voluntad de Dios, sería un horror y te tildarían de retrógrado porque piensan que eso es cosa de viejos, y así estás espantando a la gente de la iglesia.
Entonces ¿cómo ser fieles a Dios sin que te tilden de retrógrado? Fácil: viviendo fielmente a Dios y, como le dijo Pedro al Sumo Sacerdote: "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Cuando realmente creemos en Dios y creemos en Su Palabra (porque no podemos decir que creemos en Dios y no creer en su Palabra, o mejor dicho, sí lo podemos decir y hacer, pero es una incongruencia o una incoherencia) intentamos, a pesar de nuestra debilidad humana, de ser Fieles a la Voluntad de Dios, pese a quien le pese. Como diría alguien: si no te gusta mira para otro lado o no me sigas en Facebook.
Como una vez me pasó: hubo cierta persona en un cierto lugar el mundo que estaba ofendida porque escribía reflexiones espirituales en mi página de facebook. ¡Pobre! Claro que dejó de seguirme. Y yo lo lamenté, no por perder un seguidor sino porque no entiende que quien tiene una misión la tiene que cumplir (aunque sea con defectos)
Y así lo tenemos que ver todos: te molesta que vaya a misa? problema tuyo. Te molesta que rece? Qué le voy a hacer!. Son cosas que en mi vida espiritual tengo necesidad de hacer, y se que Dios me lo pide para poder seguir intentado ser Fiel a Su Palabra todos los días de mi vida.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Su reinado, nuestro reino

"Mi reino no es de este mundo", le dijo Jesús a Pilatos. Y nosotros pedimos, cada día: "venga a nosotros tu reino". Pero ¿cuál es ese reino? ¿Quién tiene que reinar en ese reino? ¿Reinamos nosotros porque fuimos ungidos reyes el día de nuestro bautismo? ¿Reina el Señor? ¿Quién tiene que reinar?
Por eso decimos: venga a nosotros tu reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo. ¿Por qué "como en el Cielo"? Porque en el Cielo saben bien Quién es el Rey, ahí conoceremos a Dios tal cuál es porque lo veremos cara a cara, dice san Pablo.
Por eso mismo, porque ahora no lo vemos tal cual, es que se nos confunden los papeles: creemos que los reyes de nuestras vidas somos nosotros, aunque digamos que no lo somos, porque sabemos Quién es el Rey: "el Rey de Reyes es el Señor". Pero... ¡qué le vamos a hacer somos humanos! Y así nos conformamos sabiendo que no estamos haciendo la Voluntad de Dios, sino que aún seguimos haciendo la nuestra sin tomar conciencia que mientras sigamos haciendo nuestra voluntad, el reino de los Cielos no se instaurará en la tierra.
Hoy no somos pocos los que queremos que la Ley o la Voluntad de Dios sea la ley y la voluntad de los que quieren dominar el mundo, cambiando y modificando desde la ley natural hasta la ley divina.
Y, para peor, somos muchos los cristianos que decimos ¡Amén! a lo que el Príncipe de este mundo nos va dictando a través de los que más gritan y protestan. Pero seguimos diciendo: hágase tu voluntad en la tierra como el cielo...
¿Tendríamos que ponernos de acuerdo internamente, verdad? ¿Cuál es el dios que queremos? ¿Cuál es el Dios que queremos seguir y que reine en nuestras vidas? Por que, muchas veces, vemos que no es el Dios Padre todopoderoso, padre de nuestro Señor Jesucristo, quien reina en nuestras vidas. ¿O sí?
Me parece que no...
Y llega el final del tiempo ordinario y me presenta a un Rey que está sentado en su trono real, pero no es el trono de los reyes de este mundo, es una Cruz de madera y con una corona de espinas, y ese Rey quien quiere venir a mi vida y hacerme ver que la única Ley válida en el Reino es la Ley del Amor: amaos unos a otros como Yo los he amado. Porque la única Ley para este Rey Universal fue: no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió. Y a imagen de Él fuimos consagrados el día de nuestro bautismo como reyes, sacerdotes y profetas, porque nuestro reinado es como el de Él: desde la Cruz de cada día para hacer la Voluntad del Padre.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Elige el camino cada día

"Al oír este informe, el rey (Antioco) se asustó y se impresionó de tal forma que cayó en cama y enfermó de tristeza, porque no le habían salido las cosas como quería.
Allí pasó muchos días, cada vez más triste. Pensó que se moría, llamó a todos sus Amigos y les dijo:
«El sueño ha huido de mis ojos y estoy abrumado por las preocupaciones y me digo: "¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, que era feliz y querido cuando era poderoso! Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando todo el ajuar de plata y oro que había allí, y enviando gente que exterminase sin motivo a los habitantes de Judea. Reconozco que por eso me han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera”».
Antioco es el rey que hemos escuchado todos estos días que había matado a tantos judíos por no querer adorarle como Rey o por no querer comer carne prohibida por la Ley de Moisés. En una palabra, había ido contra Dios al ir contra su Pueblo.
Está claro que Dios no castiga con martillo de hierro, sino que somos nosotros mismos los que nos desviamos de nuestro camino, o mejor dicho del Camino que el Señor nos pone delante: "pongo delante de ti la vida y la muerte, el bien y el mal, si eliges la vida vivirás..."
Son nuestras elecciones personales, particulares, las que nos acercan o nos alejan de Dios, y, por supuesto, también de nuestros hermanos, y, como consecuencia de la felicidad o de la amargura.
Muchas veces, o mejor, en cada momento del día estamos eligiendo, sin darnos cuenta, y en esas elecciones se va descubriendo quiénes somos y hacia dónde vamos, porque todo tendría que depender de un Ideal final, de una meta concreta, para poder darle sentido a todo lo que hacemos.
Alguien que quiera ser un buen profesional en su materia, tendrá que esforzarse cada día para estudiar y perfeccionarse en su propia profesión, si no lo hiciera no alcanzará lo mejor para él, y, por ende, para la gente para quién eligió esa profesión.
Así nosotros, tenemos que darnos cuenta que nuestro Ideal es el que nos ha llamado a ser el Padre: "sed perfectos porque vuestro Padre Celestial es perfecto, sed santos porque vuestro Padre Celestial es Santo". Así, teniendo en claro nuestra vocación podremos elegir, cada día, el camino que nos conduce a ese fin.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Necio o prudente?

"Así habla el Señor:
Yo la llevaré al desierto
y le hablaré a su corazón.
Allí, ella responderá
como en los días de su juventud..."
A veces notamos como nuestra fe, nuestra vida, nuestro entusiasmo van perdiendo fuerza, vamos perdiendo "espíritu" a la hora de vivir como Dios nos pide. Por eso tenemos que ir, cada día, al desierto de la oración. Pero una oración seria, en soledad, en silencio que es lo que tiene el desierto: soledad y silencio, pues no hay nada a lo que aferrarse, no hay nadie que te hable, y sólo Dios puede hablarte y que tú quieras escucharte.
En ese desierto, como dice el Señor, nos hablará al corazón y volverá a encender la llama del Amor Primero, esa llama que sentimos en los días de nuestra juventud, es decir, en los días en que dejamos que el Espíritu nos animara a salir, a anunciar, a defender y a vivir nuestra fe con alegría, con esperanza, con la energía propia de los jóvenes (aunque a veces no tengamos la edad cronológica, pero tendremos siempre el espíritu joven)
Por que será, también, en la oración en donde se me otorgue el Don de la Prudencia, esa prudencia que me ayude no sólo a dar, sino también a buscar el sustento propio para cada día.
Es sabido que la fuerza y la energía de la juventud nos puede llevar a vivir "alocadamente" sin ponernos a pensar que tenemos que ir renovando las fuerzas, y las fuerzas las renovamos junto al Señor, en el encuentro constante con Él, pues Él es la fuente de Agua Viva que nos purifica y renueva.
No seamos como las jóvenes necias que salieron a esperar al esposo sin prever que tenían que llevar algo más para el camino.
La prudencia a la hora de vivir es una virtud que el Señor quiere que tengamos y que consigamos, porque no sólo es un don, sino también una tarea a realizar constantemente.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Concibió por la fe

De los sermones de san Agustín, obispo

    Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos; y el que hace la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es mi hermano y mi hermana y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra. salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella? Ciertamente, cumplió santa María con toda perfección, la voluntad del Padre, y por esto es mas importante su condición de discípula de Cristo, que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
    Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.
    María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.
    Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y el que hace la voluntad de mi Padre celestial es mi hermano y mi hermana y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Testimonio en las pequeñas cosas

"El otro llegó y dijo:
“Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, porque eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.
Él le dijo:
“Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.
Entonces dijo a los presentes:
“Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez minas”.
Le dijeron:
“Señor, si ya tiene diez minas”.
“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene..."
¿Cuántos dones ha dejado el Señor en nuestras vidas? ¿Qué hemos hecho con ellos? ¿Nos hemos preocupado de ponerlos "a trabajar" para que den fruto?
Y ahí está nuestra gran pregunta: ¿dan frutos nuestros dones? Porque pareciera que, aunque hacemos mucho, no vemos muchos frutos. Y esa es una verdad como un pino: no siempre vemos los frutos de lo que hacemos. Quizás no los vemos porque esperamos que lo que sembramos nazca pronto y de fruto pronto, pero, en realidad, el Señor no quiere que nos fijemos en los frutos, pues Él sabe que los frutos tardan su tiempo. Lo que quiere en realidad es que no nos quedemos con los dones guardados, siendo perezosos o poniendo excusas que no sirven de argumento frente a nuestra pusilanimidad.
El Señor quiere que nos esforcemos por dar "uso" a los Dones que nos ha regalado, para que llevemos Su Palabra con nuestra vida a todos lados y a todos los hombres, que vivamos y transmitamos con nuestra vida el gozo y la alegría de saber que Él nos ha llamado y nos ha enviado para ser sus testigos hasta el fin del mundo.
¿Cuándo veremos los frutos? Sólo Dios sabe cuándo germina la semilla y cuándo comienza a florecer para luego fructificar. A nosotros se nos pide ser sembradores de la Palabra, de la Vida, de la alegría, de la esperanza, de la fe y del amor. También tendremos que regar esa semilla con nuestro testimonio constante, porque nuestro actuar de cada día, nuestra fidelidad a las pequeñas cosas de cada día, nos harán testigos verdaderos de lo que predicamos y queremos vivir.
Por eso mismo, en las lecturas del libro de los macabeos se nos ofrecen los testimonios de los mártires que fueron ofreciendo sus vidas antes de quebrantar la Ley que habían aceptado vivir. Así en las pequeñas cosas de cada día manifestamos nuestra fidelidad al Evangelio viviendo el Amor a Dios y a los hermanos como Jesús nos enseñó.

martes, 19 de noviembre de 2019

Testimonio final

Eleazar era un hombre venerable, modelo de vida, y, el Rey lo estaba obligando a comer carne prohibida por la Ley a lo que él se negaba, y esta a punto de ser torturado y martirizado. Por eso los amigos le pidieron que mintiera diciendo que comía carne sacrificada a los ídolos, pero que era carne preparada por él y permitida. A esta propuesta Eleazar respondió:
«¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo.
Eso seria manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley».
No sólo no podía ser infiel a la Ley del Señor, sino que no podía ser infiel al testimonio que había dado por tantos años a jóvenes y adultos, su vida no era sólo para él, sino para todos aquellos que siempre lo habían visto vivir en fidelidad a Dios.
"Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros:
«Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él».
De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino a la mayoría de la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud".
No es cómo vivimos nuestra vida, sino, sobre todo, como morimos cuando más testimonio damos. El final de nuestros días no sabemos cuándo será, pero sí podemos saber que, cada día, estamos dando testimonio de nuestra vida a todos los demás. Por eso, no sólo nuestro buen comportamiento y nuestra fidelidad a Dios es para ganarnos un lugar en el Cielo, sino que es testimonio para que otros puedan ser, también, fieles al Señor, o encontrar un camino hacia Él, un sentido para su vida en Cristo.
No dejemos que la hipocresía del mundo debilite nuestra vida de fidelidad, y, por nuestra debilidad, confundamos a los que quieren llegar al Señor.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Lo que más importa

"El rey les autorizó a adoptar la legislación pagana; y entonces, acomodándose a las costumbres de los gentiles, construyeron en Jerusalén un gimnasio, disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, se asociaron a los gentiles y se vendieron para hacer el mal".
¿Por qué este párrafo he elegido? Porque habla de acomodarse a las costumbres de los gentiles que comenzó a hacer el pueblo judío y por eso fueron perdiendo su propia identidad. Algo que nos está pasando a los cristianos, a los católicos: nos vamos acomodando a las costumbres del mundo dejando de lado el Evangelio, hacemos de las costumbres mundanas costumbres religiosas y perdemos lo esencial de la Buena Noticia del Evangelio.
Desde el bautismo hasta el entierro dejaron de ser, casi para todos, un hecho religioso para pasar a ser solamente una tradición social. Los sacramentos y la misma Eucaristía, ya no tienen, para muchos, el valor que Jesús les quiso dar, sino que son algo meramente social con lo que hay que cumplir, o se busca para mostrarse socialmente ante los amigos y demás, haciendo fiestas majestuosas que le quitan la importancia al propio sacramento, pues no se busca más que la majestuosidad de la fiesta.
Y de ahí podemos ir bajando por todos los consejos evangélicos y el estilo de vida propio de los cristianos y vamos a ir viendo, como la mayoría, nos hemos dejado convencer por la moda de turno, o por las ideas propias de mi grupo, sin pensar en lo que Dios nos está pidiendo para este tiempo especial, y nos está mostrando desde el evangelio cómo hemos ido profanando Su Palabra.
"Entonces empezó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Cuando alguien quiere gritar con todas sus fuerzas la Fuerza del Evangelio, siempre hay alguien que le dice que no es así, que no haga lo que puede ser censurado o que no ponga en evidencia a otros cristianos que no viven igual que él el evangelio. Y esto sucede en todos los niveles de la iglesia, porque siempre hay quien te critica o porque vistes así o porque haces de este modo, cuando en realidad lo que quieres es vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios, pero lo que menos importa, en muchos cristianos, es la Voluntad de Dios...

domingo, 17 de noviembre de 2019

No quedará piedra sobre piedra

"En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo.
«Esto que contempláis, llegarán un días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
¿Qué son los templos de piedra si no vemos a Dios dentro de ellos? Son sólo piedras bien puestas y organizadas, son sólo edificios lindos, monumentos que pueden servir para cualquier cosa.
Y ¿qué es el cuerpo humano sin espíritu? Sólo células unidas para formar un cuerpo animal que en un momento dejará de existir.
Tanto al edificio como al cuerpo, lo que lo hace más bonito es lo que hay dentro, lo que reconocemos que tiene por dentro, aquello que no se ve, pero que se sabe que está ahí y que, si lo miro y cuido y hago madurar, será lo más hermoso que tiene y que permanecerá a lo largo del tiempo.
Hoy, seguramente, seamos muchos los que admiramos la belleza de los templo, por que, en realidad, hay algunos que son verdaderas obras de arte... pero... buscamos a Dios en esos Templos, vamos a su encuentro? Nos ocupamos de que otros lo encuentren en ese lugar?
Y también nos sucede con nuestro cuerpo. Cuánto nos ocupamos del cuerpo y cuánto nos ocupamos del espíritu? Seguramente más tiempo nos ocupamos del cuerpo, y, también, seguramente, no tengamos mucho tiempo para ocuparnos del espíritu.
Por eso Jesús le hacía tener en cuenta a la gente de su tiempo que, de ese templo tan bellamente construido, no iba a quedar piedra sobre piedra, porque habían rechazado al verdadero Dios que venía a traer la Buena Noticia de la Salvación. Y que ese Templo hacía referencia a las Profecías que hablaban de Él, pero que, por su soberbia no supieron reconocer y lo mataron.
Y a nosotros nos quiere advertir de lo mismo: no dejemos que la Palabra que se hizo carne y vino a nosotros no pueda entrar en nuestras vidas, que seamos portadores de Esa Palabra para que habite en nuestros corazones y nos haga verdaderos templos vivos de su vida, pues, en realidad, lo somos.
¿Cómooo? Sí, en el bautismo fuimos consagrados como templos vivos del Espíritu Santo que nos hizo hijos de Dios, por lo tanto dejemos que ese Espíritu nos santifique, y que ese Dios habite en nosotros, para que seamos verdaderamente lo que somos, y podamos transmitir no sólo belleza externa, sino la belleza del Dios que habita en nosotros.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Vivir sin tiempo

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
No hace mucho escuchábamos esta parábola, pero siempre hay algo que vuelve a nuestra mente, y nos quiere decir algo nuevo. Bueno, por lo menos a mí. Y ¿qué ha de nuevo? Me quedé pensando o fijando mi mirada en lo que dice el Señor: "pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante el día y noche?; ¿o les dará largas?"
Este ¿o les dará largas? a nosotros, pobres mortales que vivimos en el tiempo, nos parece, casi siempre, que el Señor nos da largas a nuestros pedidos. Que no siempre responde cuando se lo pedimos. Y esa es la razón: nosotros vivimos en un tiempo donde "nunca tenemos tiempo", claro que ese "nunca tenemos tiempo" no es como el sin-tiempo de Dios, pues para Él todo es eternidad y no tiene horas como nosotros.
El "nunca tenemos tiempo", es lo que perjudica nuestra vida humana y espiritual, porque siempre andamos corriendo de un lado para otro, y esto ocurre desde que ponemos nuestros pies sobre la tierra. Sí, porque desde pequeños vemos que ya casi no tienen tiempo disponible, porque todo el tiempo se está ocupado en algo prefijado.
La vida que llevamos nos hace pensar que siempre nos faltan horas para hacer más cosas, y no nos damos cuenta, que, en realidad, nos sobran cosas para hacer, y así tendríamos más horas para hacer lo que es más necesario en nuestras vidas.
¿Todo lo que hacemos en el día es tan indispensable? Porque no siempre y no todas las cosas que pensamos que tenemos que hacer han de ser "tan necesarias".
Por eso, si dejásemos de hacer algunas cosas podríamos tener tiempo para lo mejor: "Marta, Marta, te inquietas y te afanas por muchas cosas. María eligió la mejor parte, y no le será quitada".
Cuando veamos que no tenemos tiempo, vayamos a Dios y entremos en el Tiempo de Dios, que es un Sin-Tiempo, y vamos a descubrir como, a los pies del Señor, encontramos la luz para poder asumir sólo lo necesario para ese día. Y lo que veíamos como un correr contra el tiempo, se convertirá en un vivir con paz en el tiempo de Dios. Y en ese momento descubriremos que Dios nunca da "largas" a nuestros pedidos, sino que los otorga en el momento justo, cuando nosotros "entramos" en su tiempo y vivimos en Él.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Duros para entender

"Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al artífice fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa y a los luceros del cielo, regidores del mundo.
Si, cautivados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Señor, pues los creó el mismo autor de la belleza.
Y si los asombró su poder y energía, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo, pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre por analogía a su creador".
Tendría que volver a copiar todo el pasaje, nuevamente, del libro de la Sabiduría, porque nos da la pauta de cómo llegar a conocer a Dios.
Aunque, a decir verdad, pensaba otra cosa cuando lo leía. ¿Qué pensaba? Me acordaba de gente que cuando ve un cuadro sabe qué pintor lo hizo, cuando ve un coche a la distancia saben de qué marca es, cuando ven a un niño o a un joven pueden saber de quién es hijo y quienes son sus abuelos por su rostro, etc... pero somos incapaces de reconocer a Dios cuando vemos los montes, las flores, el cielo, el mar...
Y, a decir verdad, también, como diría Jesús, sabiendo reconocer todo eso no sabemos reconocer la Voluntad de Dios por medio de sus intrumentos o de los signos de los tiempos.
Y todo esto viene desde la lectura de ayer que nos hablaba de la sabiduría divina. Es decir, estamos muy bien informados de todas y muchas cosas, pero no nos hemos formado en lo espiritual para descubrir cuál es la Voluntad de Dios en nuestras vidas. Y ¿por qué llego a este punto? Porque, en realidad, nosotros somos quienes creemos en Dios, y no hace falta que la sabiduría me diga necio por no creer, sino que me diga necio por no saber leer en los signos de los tiempos la Voluntad de Dios.
Por eso, a pesar de saber mucho no soy capaz de estar disponible a los cambios que me pide Dios, porque sigo creyendo en mi propia sabiduría humana y no discierno lo que el Señor me pide con tal o cual hecho o por medio de tal o cual persona, pero si viniera un pajrillo azúl con las alas verdes y trajera una esquela en un papel de cristal, entonces sí sabría cuál es la Voluntad de Dios...