Muchas veces escuchamos, o decimos: “tengo poca fe”, sin embargo
no podemos medir la fe en cantidad, porque la Fe no es algo que podamos comprar
o que podamos pesar. La Fe es un Don que nos ha sido regalado y por eso, como Don de Dios no tiene cantidad,
sino que es recibida de acuerdo a lo que mi corazón puede y quiere recibir.
Además que a Dios nadie le puede ganar en generosidad y nos da en abundancia
todo lo que necesitamos para ser Fieles a su Voluntad.
Entonces ¿porqué experimentamos que tenemos poca fe? Porque no
hacemos el esfuerzo de madurar en la fe, no hacemos el esfuerzo de profundizar
en los misterios de la Fe, no nos detenemos en el día a día a meditar sobre la
Palabra de Dios y a ESCUCHAR su Palabra. Es lo que decimos habitualmente: “no
tengo tiempo para esas cosas”, y después, cuando lo necesito ahí expreso “no
tengo fe” o “tengo poca fe”.
Como pone el ejemplo Jesús la Fe es una semilla muy pequeña, pero
que si la ayudo a crecer se hace enorme en mi vida, tan enorme que no sólo es
para mí sino para todos aquellos que necesiten de mi fe. Y, lo peor, es que nos
hemos acostumbrado a que la Fe sea sólo para nosotros: para estar bien, para
que no nos pase nada, para que Dios me ayude, y, sin embargo, Dios nos ha
regalado la Fe para que mi vida sea entregada por amor a los demás, en el servicio
de amor a los que necesitan de mi testimonio, de la Luz que Él dejó en mí, de
la Esperanza que me da el creer en Él, de la alegría de saberme hijo de Dios.
Y así como el Amor, la Fe cuanto más la entrego más recibo y más
crezco en el Don de Dios que es lo que nutre y sostiene mi vida de hijo de
Dios. Sólo necesito tiempo para que mi Fe crezca.
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