"En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Te encuentras, muchas veces, con muchos cristianos que no conocen en plenitud el evangelio, y por eso no saben qué es lo que quiere el Señor de ellos. Otros, conociéndolo lo ignoran porque saben qué es lo que el Señor quiere de ellos.
Creemos que el Evangelio es palabra pasada de moda, que no es para estos tiempos, que las exigencias que nos plantea Cristo en Su Palabra, no son para nosotros y por eso vamos haciendo un evangelio de acuerdo a los tiempos que nos gusta vivir; no tenemos en cuenta que los Consejos Evangélicos que hace más de dos mil años predicó Cristo y que están expuestos en el Nuevo Testamento son para todos los tiempos.
No existe en el mundo una persona que pueda llegar a modificar la Palabra de Dios, a cambiarla según los tiempos del mundo, pues ni el Hijo vino a modificarla: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud". Por eso cuando decimos, en la liturgia: Es Palabra de Dios - Te alabamos Señor; no es sólo una frase bonita para terminar un momento sin importancia. Sino que es lo que creemos: estamos escuchando la Palabra de Dios y necesitamos oirla para saber qué es lo que Dios quiere de nosotros en estos tiempos.
Es cierto que su interpretación puede ser diferente o aggiornada en cada momento de la historia, pero sus mandamientos serán siempre los mismos para todos los tiempos hasta que venga nuevamente el Señor a la tierra. Y al decir esto me acuerdo de aquella frase de Jesús: "cuando vuelva el Hijo del hombre ¿encontrará fe sobre la tierra?". ¿Qué es lo que quería decir Jesús con esto? Lo hacía en función de lo que cada día pedimos: que se haga mi voluntad en la tierra, y no la de Dios en mi vida. Si Dios me diera todo lo que yo quiero y me dejara vivir como se me antoja ¿eso ayudaría a mi fe? ¿crecería mi fe en Dios o crecería mi fe en mí?
No porque los padres le den todo lo que quieren sus hijos crece el respeto y el cariño de los hijos por los padres, sino que les da poder cada vez más a los hijos para saber "por donde apretar a los padres", y no ganan así autoridad como padres y respeto. Y así nos pasaría con el Señor.
Y por eso Jesús nos presenta a María, su Madre, no como Bienaventurada por haber concebido a Jesús, el Hijo de Dios, sino Bienaventurada por haber escuchado y vivido la Palabra de Dios. O como le dijo Isabel llena del Espíritu Santo: "Feliz de tí por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
Si decimos que creemos en la Palabra de Dios pero la queremos cambiar porque no nos combiene, entonces, en realidad, no creemos que sea palabra de Dios. Pero si la aceptamos e intentamos, con la Gracia del Espíritu y la dispisición de nuestro corazón, vivirla cada día entonces nuestra Fe crecerá, se fortalecerá nuestra Esperanza en sus Promesas y nuestro Amor será capaz de encender nuestro corazones en una entrega cotidiana en Fidelidad a la Vida que Él nos dio.
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