martes, 24 de octubre de 2017

Prepardos para lo que necesite

San Pablo a los romanos:
"En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos".
¿Por qué Dios nos unió a todos por el mismo espíritu? ¿Por qué si uno pecó todos pecaron? La unión en el espíritu que Dios nos ha regalado es la que nos une en el pecado y en la Gracia, es lo que nos hace familia y en la que todos recibimos tanto el bien como el mal de cada uno de los hermanos. Claro que nos enfadamos cuando nos dan el mal que otros hacen, pero ¿nos enfadamos porque nos haya unido a todos y nos haya regalado a todos el inmericido Don de la filiación divina que nos consiguió con la muerte y resurrección de Cristo? Por que por Jesús todos hemos sido constituidos hijos de Dios, y se nos ha justificado y redimido.
Es algo que, cada fin de semana repetimos: creo en la comunión de los santos. Por supuesto que esto no significa que los santos del Cielo estén comulgando todos los días, sino en la unidad que existe entre aquellos que han sido redimidos por Cristo, es decir la comunión que existe entre todos los que hemos recibido su Espíritu.
Así todo lo que un miembro de Su Cuerpo hace o vive, repercute en todos los miembros de la misma manera: tanto la Gracia como el Pecado. Así podemos ofrecer nuestra oración por nuestros hermanos que la necesiten para que consigan fortaleza, fe o esperanza; pero también cuando perseveramos en el pecado la Gracia disminuye en el Cuerpo Místico de Cristo debilitándolo en sus miembros.
Por eso siempre tenemos que pensar que y acordarnos que, aunque no conozcamos a nuestros hermanos, siempre nuestra vida repercute en ellos, pero, sobre todo, saber que cuando ofrecemos, rezamos, aceptamos nuestra cruz de cada día, todo es utilizado por el Señor para fortalecer a los miembros de su Cuerpo y para que, aquellos que lo necesiten, encuentren la Gracia, la Luz para la reconciliación, para la conversión, para la entrega de sus vidas. No dejemos nunca de poner en manos del Señor todo lo que vivimos, y más aún aquello que voluntariamente podemos ofrecerle como muestra de amor por el Bien de aquellos que neccesiten de su Gracia.
Y en esto podemos asociar el Evangelio de hoy: "tened ceñida vuestra cintura" ¿para qué? Seguramente para estar atento a lo que el Señor nos pueda pedir porque en cualquier momento necesitamos responderle, en cualquier momento puede necesitarnos para conseguir Gracia para alguien que está al borde del abismo o para alguien que tiene que tomar una gran decisión o para alguien que quiera convertirse y no pueda... Aunque nos parezca que no somos útiles al Señor, siempre Él nos necesita para conseguir, por nuestra entrega generosa, Gracias para nuestros hermanos.
No siempre el Señor nos dice que estemos preparados para el día de nuestra muerte, sino que estemos preparados para lo que Él necesite de nosotros.

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