jueves, 12 de octubre de 2017

En el Pilar encontró a la Madre

Cuenta la tradición que la Virgen Maria, sobre el Pilar de Zaragoza, estuvo hablanco con el apóstol Santiago para fortalecerlo en su misión en esta tierras españolas. Y, desde aquél tiempo la fuerza que le dio María a Santiago hizo que la Palabra del Señor comenzara a sembarse en los corazones de los hijos de Dios.
¿Cuántas veces necesitaríamos que María venga a nosotros como lo hizo con Santiago y nos fortaleciera en el espíritu para poder seguir nuestro caminar hacia Cristo? ¿Cuántas veces necesitamos descubrir a Maria cerca nuestro para fortalecer nuestra Fidelidad a Dios?
Por eso es hermosa la imagen del Pilar: un lugar donde poder llegar para ser sostenido por la Madre, un lugar donde volver a buscar el centro de nuestra vida cristiana, un lugar donde volver a descansar de nuestras fatigas diarias, un lugar donde volver a recostarnos sobre el regazo de la Madre para que Ella nos consuele, nos fortalezca y nos re-conduzca por le Camino que el Señor quiere que vivamos.
Y, si nos ponemos a penar, siempre podemos encontrar ese lugar, siempre podemos iri a ese PIlar a estar con la Madre, sólo basta que nos decidamos a ir, a encontrar un tiempo para estar con Ella, pues Ella siempre está junto a nosotros, pues es Fiel a la misión que su Hijo le encomendó:
"Mujer, ahí tienes a tu hijo".
Hoy es un día en donde María nos espera para renovar nuestro deseo de Fidelidad, como Santiago abramos nuestro conrazón con sinceridad a la Madre para que Ella nos ayude a fortalecernos con el Espíritu del Hijo, con la Palabra del Hijo y con el Cuerpo del Hijo, pues Ella sabe que nuestra vida tiene que estar siempre orientada a "hacer lo que Él nos diga", y para ello necesitamos el alimento vivo y verdadero que nos enseña, nos orienta, nos anima y nos fortalece, y sólo lo encontramos en Jesús, el hijo de sus entrañas.
María sabe que Ella no es quien nos da la Vida, sino que Ella sólo engendró al Señor de la Vida, por eso nos lleva siempre a Su Hijo, porque como el Hijo dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Y esa será la alegría de María, que como Ella, nosotros también sepamos escuchar y vivir la Palabra de Dios, para que encontremos nuestra verdadera alegría y alcancemos la Bienaventuranza que nos otorga la Salvación.

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