La historia de Jonás quizás refleje en parte nuestras vidas, digo en parte porque a ninguno de nosotros nos han arrojado al mar desde un barco ni nos ha tragado un pez enorme. Pero seguramente más de una y dos veces hemos tenido miedo del Señor, de lo que Dios nos pedía o mostraba para nuestra vida y hemos decidido escapar de su vista. Hemos intentado un montón de cosas diferentes y nos hemos llenado la vida y la cabeza con otras tantas, pero siempre volvían los mismos pensamientos y las mismas ideas no dejando paz en nuestras vidas.
Las tormentas no se producían fuera de nosotros sino en nuestro interior, pues la lucha contra Dios es muy difícil de llevar y nunca nos deja la suficiente paz para poder esquivarle o negarle tanto como queremos. Cuando Dios nos toca el corazón con alguna pregunta o con alguna intención de su parte para nuestra vida, siempre queda un deseo inmenso de volver a experiementar su Amor. Pero volver a hacerle significa tener que responder a su pregunta, a su interrogante y algunos no queremos enfrentarnos a eso, por esa misma razón intentamos esquivar su mirada, o, por lo menos culparlo de nuestra falta de paz y serenidad.
Hasta que Jonás no reconoció que estaba huyendo de Dios y le pidió a los otros que lo arrojaran al mar bravío, la tormenta no se calmó. Y ese es el recorrido que también debemos hacer para encontar la paz: arrojarnos de una vez al encuentro con el Señor para encontrar la calma, aceptar que estamos escapando de entregarnos por entero a su Proyecto y dejar que Él nos lleve hacia donde nos necesita. Él se encargará de hacer todo lo necesario para que podamos ser Fieles, pero necesita que nos dejemos llevar.
Seguramento los métodos de Dios no son los que uno utilizaría para hacernos entrar en razones, o para llevarnos de un lado para otro, por eso el ejemplo del pez enorme que se tragó a Jonás a nadie se lo hubiera ocurrido, pero cuando nos dejamos conducir Él encuentra el medio para llevarnos.
No permitamos que por nuestro orgullo o por nuestras inseguridades o vanidaes ¡o vaya a saber por qué! las tormentas de nuestras vidas nos hundan en el abismo y la oscuridad de nuestro no-querer aceptar la Voluntad de Dios, sino que podamos abrirnos a lo que Dios quiere para nosotroso y así encontrar la paz que nuestra alma busca, y al dejarnos conducir por las Manos del Padre alcanzaremos aquello que tanto deseamos, pues lo que el Padre tiene pensado para nosotros es mucho más grande de lo que nosotros podemos planear.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.