viernes, 6 de octubre de 2017

Confesamos que...

"Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo...
No obedecimos al Señor cuando nos hablaba por medio de sus enviados los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos sirviendo a otros dioses ajenos y haciendo lo que reprueba el Señor nuestro Dios».
La confesión del pueblo de Israel en el libro de Baruc, me hace acordar a aquellos momentos en que pensamos: "tenía razón mi madre (o padre) cuando me decían..." Cuando vamos creciendo crece, también con nosotros, nuestro ego, nuestras capacidades y comenzamos a creer que somos capaces de todo y que, si hemos subido algún escalón en la vida, es gracias a nuestro propio esfuerzo y sacrificio (que seguramente lo sean) y eso nos hace "subir los humos" (por lo menos se dice así en argentina) y nos comenzamos a creer superiores.
Llega así el momento (aunque ahora, en estos tiempos llega mucho más pronto) en que creemos que la palabra y el consejo de nuestros padres ya no sirve, pues ellos "son viejos" y no saben nada de estos tiempos. Pero siempre, el tiempo, les da la razón a aquellos que han comenzado a vivir antes que nosotros y que, en su momento, nos querían advertir de ciertos riesgos y peligros. No era que querían "esclavizarnos", sino que querían evitarnos los malos tragos que podía darnos la vida. Pero, nosotros, subios en el pedestal de nuestro ego y orgullo hicimos caso omiso a sus advertencias, a sus insinuaciones, a sus mensajes y consejos.
Lo mismo nos pasa con las advertencias que nos da el Señor en Su Palabra. No es que Dios quiera quitarnos la libertad y hacernos vivir fuera del tiempo, sino que por Amor quiere que encontremos más fácilmente el Camino de la Vida, el Camino hacia la plenitud de nuestro ser, el Camino de la dignidad del hombre no está en no vivir como hombre, sino en saber qué es el hombre, quién soy yo, qué es lo que quiere Dios para mi vida. Son muchas las preguntas que surgen en nuestra cabeza y corazón a medida que vamos creciendo. Pero son siempre las preguntas que se van ocultando con otras vivencias más espontáneas, más epidérmicas y nos vamos quedando con parecer, con tener y no con ser.
El reconocer nuestros errores, como lo hace el pueblo de Israel en este libro de Baruc, nos ayuda a poder encontrar el mejor camino. Claro que el reconocer los errores implica mucha fuerza en la humildad, pues el reconocerlos signfica que me he equivocado y que, quizás, otro tenía razón cuando me advertía de tal o cual situación. Pero no importa, no te preocupes, la virtud de la humildad es lo que nos fortalece y nos da la capacidad de encontrar mejores caminos, mejores lugares para crecer, pues volver a empezar o cambiar el rumbo hacia lo verdadero nos ayuda a tomar aire fresco, a renovar las esperanzas y así tendremos más oportunidades para ser creciendo, madurando hasta alcanzar la verdadera sabiduría que no sólo dan las páginas de los libros, sino que la conseguimos aceptamos no sólo la gloria sino también reconociendo nuestros errores y fracasos

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