martes, 3 de octubre de 2017

Mostramos la vida de Dios

Me gustó esto que dice el Señor por medio de Zacarías:
«Esto dice el Señor del universo: En aquellos días, diez hombres de lenguas distintas de entre las naciones se agarrarán al manto de un judío diciendo: “ Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros”»
Quiere mostrar el Señor que la vivencia de la fe por parte del pueblo hará que otros quieran llegar para encontarse con ese Dios que les da la vida, que los nutre, que los fortalece. En definitiva les habla del testimonio que ellos darán si viven realmente unidos al Señor, pues la vida que el Señor da es una vida que trasciende nuestra propia vida, que va más allá de lo que nosotros podemos pensar y soñar, pues no somos nosotros quienes lo hacemos posible sino que es Su Amor el que nos trasciende y enciende otros corazones en busca de la misma Fuente de Vida.
Es por ello que nuestra Fidelidad a Su Palabra, a Su Voluntad tiene que ser constante pues es Él quien nos alimenta, quien nos da la Luz y la Vida para que nosotros podamos, con nuestras palabras y gestos transmitir todo aquello que vivimos junto a Él. No tendremos que poner nosotros más objetivos en nuestra vida que la Fidelidad constante a Su Voluntad, pues será Él quien envié a los que deben salvarse, así como lo muestra en los Hechos de los apóstoles:
"y enviaba a esas comuniddes a los que debían salvarse".
Y en ese momento también tenemos que dar muestra del amor de Dios que vive en nosotros, porque, muchas veces, cuando alguien se acerca a nuestras comunidades no les damos el lugar que Dios quiere para ellos. Miamos a nuestros hermanos con ojos prejuiciosos y, sin querer (o queriendo, a veces) los hacemos sentir incómodos a nuestro lado.
Y aquí viene bien la lectura del Evangelio. Como nos de la aldea de Samaria no quisieron recibir al Señor, los apóstoles quisieron "darles su merecido":
"Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Sentían que no podían rechazar al Señor, sentían que eso no estaba bien y que ellos estaban autorizados para castigarlos de modo que se den cuenta de lo que hacían.
Pero Jesús los regañó por pensar eso, pues esa no era la actitud que tenían que tener, pues como Él había dicho alguna vez: "no he venido a juzgar el mundo", ni siquiera a condenarlo pues el mundo se condena sólo por no haber querido escuchar Su Palabra, por no haber querido aceptar Su Voluntad, pues teniendo la Vida al alcance de su mano, no ha querido recibirla.
Así es que no debemos ser nosotros un estorbo para que los demá se encuentren con el Señor de la Vida, sino que nuestra vida tiene que ser un espejo del Señor para que "los hombres viendo nuestras buenas obras glorifiquen a Dios".

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