"¿No sabéis que, al ofrecéis a alguien como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?"
¿Siempre nos hacemos esclavos de algo o de alguien? En realidad siempre somos esclavos de algo o de alguien, pues el hombre tiende a religarse a algo o alguien por fuerza natural, al ser criaturas, inconscientemente (a veces) o conscientemente, nos "atamos" a algo o alguien, pues necesitamos esa unión para darle consistencia a nuestro ser.
A quién nos religamos, con quien nos esclavizamos es nuestra opción, una opción que tenemos que hacerla consciente y reflexiva para saber a qué atenernos y cuáles serán las consecuencias de lo que optamos.
Por eso San Pablo nos habla de la esclavitud al pecado o a la gracia, las dos opciones en el Camino de la Vida, como dice el Deuteronomio: "pongo ante ti la vida y la muerte, el bien y el mal...", para que, cada uno, libremente pueda elegir hacia dónde quiere llevar su vida.
"Pero gracias sean dadas a Dios, porque erais esclavos del pecado, mas habéis obedecido de corazón al modelo de doctrina al que fuisteis entregados; liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia".
Cuando optamos por el Camino de la Gracia, como María, nos hacemos esclavos de la Voluntad de Dios que nos libera, que nos plenifica y le da a nuestra vida la Bienaventuranza que anhelamos, por eso nos basta mirar a María, Nuestra Madrea, para descubrir que la Esclavitud a la Voluntad de Dios no nos quita libertad, ni vida, sino que nos lleva a vivir aquello que nos otorga la verdadera bienaventuranza: "me llamarán Bienaventurada todas las generaciones, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes por mí".
Claro que todas estas opciones las tenemos que hacer con una conciencia clara y habiendod reflexionado libremente, pues de esa elección va a depender toda nuestra vida, pues no podemos estar cambiando, cada día, de elección: "que tu sí sea sí y que tu no sea no. Se frío o caliente pues a los tibios los vomitaré de mi boca, dice el Señor". La elección fundamental que haga de mi vida, será la que repercuta a lo largo de los días, pues siendo fiel a esa elección será como encamine mi vida.
Por eso, las elecciones particulares que hago cada día dependen mucho de la conciencia que he tenido cuando realicé la opción fundamental, y si la hice con conciencia de saber que será lo que oriente mi vida a partir de ese momento. En definitiva: soy esclavo de las elecciones que hago, por eso tengo que saber qué elijo y qué quiero vivir.
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