"Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu".
Estar edificados sobre los apóstoles y profetas no significa solamente que ellos son nuestros cimientos, sino que también son nuestro modelo, pues, nosotros, también formamos parte del Edificio: somos piedras vivas en el Templo consagrado al Señor.
Y pensando en esto de ser piedras que forman un templo, venía una imagen de las piedras: hay piedras que son duras y fuertes, y otras que parecen ser duras pero son huecas por dentro, no tienen la masa apretada y fuerte de las otras. En algunos edificios si no hay buenos ladrillos o piedras en una pared puede ser que el edificio se desplome en algún momento pues una de esas piedras no cumplió su función junto al resto.
Y así me fui y fui mirando las piedras que forman el Templo de la Iglesia Viva (que somos todos nosotros) y me preguntaba ¿nos damos cuenta cuando somos piedras huecas? ¿Nos damos cuenta que no hemos fortalecido nuestro interior según nos pide el Espíritu de Dios que vive en nosotros y por el cual hemos decidido formar parte de este Templo Vivo?
San Pablo en la carta a los romanos nos habla de su propia debilidad, de la debilidad de la carne hacia el pecado y nos demuestra que siempre hay una tendencia a querer lo que no debemos. Cuando esa tendencia nos lleva constantemente a vivir fuera de la Ley de Dios y del Amor que Jesús nos pide vivir, es cuando nuestro interior se va debilitando, pues no tiene la Gracia suficiente como para fortalecerse y, sobre todo, porque no ha soportado la lucha entre la carne y el Espíritu, en donde siendo fuerte tendría que ganar el Espíritu para fortalecerme y poder vivir en Dios.
Hoy en día no somos pocos los que nos dejamos tentar y sucumbimos al poder el mundo, a las tentaciones del mundo, al poder de la carne. Y, como le decía ayer a alguien: si hacemos lo que no debemos ¿cómo ser apóstoles de lo que debemos hacer? ¿Cómo ser testigos de una vida en santidad si nos dejamos seducir por todo lo que el mundo nos ofrece y no le hacemos cara mala a nada malo, sino que todo lo aceptamos porque todos lo hacen?
Y así, cada una de las piedras de este Templo Vivo que es la Iglesia se va ahuecando en su interior pues el Espíritu ya no habita en ella, y se va derrumbando todo aquello que fue construido y sostenido por el precio de la sangre de Cristo y de tantos otros que han sabido vencer en la lucha entre el mundo y el Espíritu.
Para ejemplo basta un botón, dice: en estos días son muchos los cristianos se preparan para celebrar la Fiesta del Hallowen ¿realmente es necesario que los cristianos celebremos una fiesta en donde prevalece la muerte, la brujería y los malos espíritus? ¿Es necesario que una cultura extraña a la nuestra gane tanto terreno dentro de nuestra propia cultura llevándonos sin pensarlo a otros niveles y formas de vivir la Fe? Aunque, seguramente, pocos se han preguntado que significado tiene esa fiesta, y no nos lo preguntamos porque si lo supiéramos no lo haríamos, y como todos los hacen...
Los verdaderos apóstoles del Señor se preguntarían primero si ser parte de esa Fiesta es Voluntad de Dios, si es propia de quien se dice y quiere ser verdadero cristiano. Pero son preguntas que no estamos acostumbrados a hacernos, y nos vamos convirtiendo en piedras huecas de un Templo que pronto se caerá encima de nosotros.
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