jueves, 26 de octubre de 2017

¡Fuego he venido a traer!

"Hermanos:
Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos para vuestra santificación".
Siguiendo con su reflexión San Pablo nos lleva hasta el porqué hacernos "esclavos de la voluntad de Dios", porque el camino de la esclavitud a Él es el camino de nuestra santidad, de una vida en la Gracia, de una via en la que, a pesar de nuestros tropiezos y caídas, Él nos fortalece con su Gracia y nos acompaña para que alcancemos la meta sin perder la fe.
"Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.
Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios e la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".
Es el fin que perseguimos cuando aceptamos el desafío de, como María, hacernos "esclavos del Señor", pues buscamos alcanzar lo que el Padre nos ha prometido, buscamos el Camino que nos lleve, nuevamente, a la Casa del Padre desde donde salimos y a dónde esperamos volver.
Es sabido que ese Camino no es otro que Cristo mismo, quien, también como María, nos enseñó que: "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre", "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", sabiendo que ese camino no sería fácil, y ni tan siquiere le traería los mejores amigos o sino que su camino y su ideal sería asÍ:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo, tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!"
¿Cuál es el fuego que ha venido a traer? Es el fuego del Espíritu Santo, el fuego que quema nuestro pecado y enciende el Amor puro y verdadero. Es el fuego que mantiene encendida la llama del Amor Primero para que nuestra entrega al Padre y a nuestros hermanos sea por verdadero amor de entrega y no de concupiscencia. Es el fuego que hace posible que a pesar del frío corazón del hombre sigamos adelante con nuestra fidelidad al Amor de Dios. Es el fuego del Espíritu que no nos deja quietos en nuestra comodidad y nos ayuda a salir para llevar el testimonio de la Vida Nueva a todos los hombres.
Pero es fuego, tiene una consecuencia:
"¿Pensáis que he venido a traer a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
El fuego del Espíritu nos llevará a la obediencia fiel a Dios, a su Palabra, a Su Voluntad, y eso implicará en muchos casos ir contra la corriente del mundo, lo que generará divisiones con aquellos que no sólo no quieran vivir en Dios, sino que estén totalmente en contra de lo que Dios quiere. Pero ese es el Camino que el Señor recorrió y el que nos invita a nosotros a recorrer. No es que quiera generar divisiones y guerras, sino que la búsqueda de la Verdad y la Vida generá divisiones en aquellos que no acepten la Voluntad de Dios.

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